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No es la religión…
Miradas
Martes,  13 de Julio, 2010

Karen Araúz - No es la religión…: Recuerdo una película de hace añadas titulada “¿Qué hiciste tú en la guerra papá?”, una de esas comedias ítalo americana de dudoso valor artístico, en el que  tropas enemigas invadían un pequeño pueblo en la Italia de Mussolini. Tremenda sorpresa la de los invasores al no encontrar un alma en el pueblo fantasma. De pronto, una explosión de griterío, les hace temer una emboscada masiva. Para su alivio, era sólo que todo el pueblo, pero íntegro, estaba reunido en el estadio apoyando a su equipo en un vital partido de fútbol contra el pueblo vecino, por lo que la invasión tuvo que esperar el pitazo final.
No sé por qué razón ha venido a mi memoria, sólo ese pasaje de la divertida y ridícula situación. Será quizá porque mientras nos mordíamos las uñas mirando de palco el desarrollo del Mundial, no han cesado de invadirnos los monstruos que hemos entre todos dejado escapar, sin control y sin medida y que han tomado cuerpo en el  gobierno plurinacional.
Mientras como niños vimos desde afuera como otros comían helado y se divertían, nos han estado encajando leyes, decretos y normativas por las que con seguridad lloraremos mucho más que brasileños eliminados. Todos lo hemos estado viendo de reojo, todos lo hemos olfateado, pero es tan fuerte el tema, que optamos por las cábalas futboleras.
Durante un mes viramos nuestra atención  de SE con García Linera, por Delano con Kaká y así nos irá.
La maratónica aprobación de leyes fundamentales del nuevo estado, plagadas de trampas y desviaciones letales apoyadas en partes en ese engendro que es la nueva Constitución, son como una espada en nuestra espalda arrinconándonos entre ellas y el precipicio. Todos los poderes están siendo subordinados al poder absoluto que está marchando con prisa y sin pausa. No se están dejando resquicios de aire. No hay puntada que se esté dando sin hilo. Todo lo que está sucediendo, lo sabemos, es el resultado de un plan y una estrategia de control total, del que sólo Dios sabe cómo nos libraremos.
Hace pocas horas se le ha amputado al conjunto de este país, no tan sólo a la prensa, una de las libertades fundamentales: el derecho a la expresión.
Ya han sido escogidas las hordas que se lanzarán contra todos, incluidos por supuesto los “otros” indígenas que se los ve marchar directo al enfrentamiento tan pronto osen pisar los dominios del rey de las seis federaciones. La ansiada autonomía se ha convertido en guillotina en manos del gobierno centralista y acaparador.
La judicatura está frenética de tanta demanda y juicios políticos por todo y nada. El tribunal constitucional, así en minúsculas,  ya nada más es, que un conjunto de títeres cuyas resoluciones deberán pasar por el cedazo de la asamblea masista.
Nunca como hoy puedo sentir en mi piel, la indefensión en la que estamos sumidos. Nos estamos convirtiendo en seres asustados, en una empresa productiva en pánico, en un ejército vergonzoso, en una policía funcional y corrupta como nunca antes, un ministerio público infame, una justicia en la servidumbre, una prensa timorata y una ciudadanía dopada ante un gobierno implacable en sus propósitos.
Hay  cientos de estudios, ensayos y tesis que demuestran que hay ciertas actividades humanas que simples, son un poderoso medio de manipulación de masas.
El fútbol, esa pasión inexplicable que ha tenido al mundo paralizado detrás de una pantalla de televisión, ha resultado ser de extraordinaria utilidad para la dominación. Cuando el Sr. Marx usó a la religión para graficar este fenómeno, jamás pensó que un deporte ejecutado con los pies de sólo veintidós personas, desarrollaría similar poder.
Mientras contrasta la imagen de nuestros  niños con cáncer abandonados a su suerte por falta de especialista y por supuesto sin medicamentos, el vocero presidencial se regodeaba graficándonos la “grave descomposición” estomacal de SE, a quien una junta médica recetó suero y carbón.
Si Argentina hubiera ganado el Mundial,  juraría que el ingreso a la política del desagradable Maradona sería un hecho y ya estaría en los cálculos de los avispados políticos argentinos Néstor y Cristina, la parejita imperial,  cómo aprovechar eficiente y lucrativamente, la euforia colectiva en las próximas elecciones.
La candidata a suceder a Lula debe estar ya pensando en una alternativa de campaña ante la salida del Brasil del Mundial de Sudáfrica. Dudosamente será ella la anfitriona de la nueva ensoñación el 2014 y los peligrosos y ladinos coqueteos  persa - bolivarianos de Lula, quedarán, esperemos, en el anecdotario.
Su incidencia es tal, que la participación de Francia se convirtió en una cuestión de Estado con Sarkozy y todo un país absolutamente involucrado en un tema que pudo pasar sólo como groseras expresiones de típicos jugadores de fútbol.
Para nosotros, prontito y en pequeñas dosis, comenzará a utilizarse la posibilidad de ser invitados a la fiesta en cuatro años y a manipular el sueño de agitar nuestra propia bandera o mejor la wiphala, para no confundirnos con similar africana. Y felizmente, las eliminatorias coincidirán con la re-re elección presidencial para que la utilidad y algarabía sea total.
Todo lo que comienza termina. Se acabó el poderoso Mundial y con él, ese paréntesis ilusorio de que todo va bien nomás.
El fútbol  ha sido el opio de esos días. Y ya empezamos a enfrentar el síndrome de abstinencia.

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