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¿Dónde estás, Evo?
Editorial
Viernes,  14 de Mayo, 2010

Ahora resulta que debe ser el Defensor del Pueblo el que tiene que proteger a Evo Morales de los intentos de conspiración en su contra. Por boca del ministro de Gobierno, Sacha Llorentty, sabemos que dentro del gran espectro de conspiradores que hay en Bolivia también figuran los colonizadores de Caranavi, a quienes la Policía reprimió con salvajismo la semana pasada y con quienes el propio Presidente en persona tuvo que negociar una salida salomónica. Horas antes, el mandatario había estado en Puerto Suárez buscando tranquilizar a la población sobre el problema del Mutún, donde la solución ha sido –como en casi todos los conflictos-, “patear el tarro” para adelante.
El vicepresidente Álvaro García Linera, con el pelo cada vez más corto y el nudo de la corbata más ajustado que nunca, dijo hace unos días que ese es el perfil de presidente que necesita el país, viajando de un lado para otro, solucionando problemas en lugar de estar calentando el sillón en el Palacio Quemado. Ese debe ser el motivo que los urge a comprar un lujoso avión que supuestamente cuesta 38 millones de dólares, aunque en el mundo de la aeronavegación todos saben que se paga mucho más cuando el pedido no es efectuado con meses y a veces años de anticipación.
Desde que asumió su segundo mandato, Evo Morales ha ido tres veces a Venezuela, ha estado en Nueva York, en Argentina y tiene planeado ir a Paraguay,      Noruega, Finlandia, España y el Vaticano. En el exterior, se esfuerza por mantener la imagen de un Gobierno de indios para los indios, cuando en Caranavi estaban apaleando campesinos que llaman “hermano” a Evo y un ministro mestizo los acusaba de alzarse en armas contra el Gobierno. Internamente, la figura de Evo Morales es útil como apaciguador y además de eso, el Presidente habla de comida y  fútbol. También lustra su ego afirmando que el Papa quiere reunirse con él.
Y mientras el Presidente habla de pollos, de “nacionalizar” la quinua y asegura que Chávez le seguirá dando plata para continuar inaugurando canchitas, es el vicepresidente el encargado de anunciar la estatización de los fondos de pensiones; posesiona al Defensor del Pueblo y le lee su agenda; anuncia la concertación con los opositores sobre una ley de transición y asegura la aprobación en 15 días de una serie de normas orgánicas que servirán para poner en marcha la nueva Constitución Política del Estado.
Acaba de repetir el Presidente que “Evo es el pueblo”, frase que corre el riesgo de caer en el vacío, porque su figura dentro del Gobierno se está volviendo anodina y a veces borrosa, en tanto sus ministros siguen repitiendo discursos muertos, fantasiosos y completamente alejados de la realidad, que dibujan una administración errática, que podría terminar provocando una profunda grieta con los sectores de la población que le han estado dando consistencia y estabilidad al proceso político actual.
Desde el oriente boliviano siempre se le exigió a Evo Morales que gobierne para todos, que no divida, que no confronte. Es el momento de escuchar esta ferviente solicitud antes de que el mismo clamor comience a retumbar en otras partes del país, donde hasta ahora sólo se escucharon aplausos.

Casi siempre de viaje, el Presidente está convirtiéndose en una figura borrosa y anodina en este Gobierno. Su propia gente ya lo nota.

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