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No más indolencia frente al crimen
Domingo,  21 de Julio, 2019
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La muerte de la joven Silvia Machado Lizárraga, de 18 años, cuyo cuerpo fue hallado hace unos días en un basural de la ciudad Oruro no encuadra en el delito de feminicidio y tampoco se lo puede catalogar como un crimen enmarcado en la inseguridad ciudadana. Las primeras investigaciones indican que se trata de la víctima de una red vinculada al narcotráfico y a la trata de personas, dos delitos en los que lamentablemente Bolivia está llevando la delantera, al punto de generar preocupación en la comunidad internacional, por la inadecuada atención a ambos problemas.

La muchacha, una madre soltera que buscaba la forma de darle el sustento a su hija de dos años, fue convencida por una amiga de ir a trabajar a Cochabamba, donde cayó en las garras de una organización dedicada posiblemente a la prostitución o al tráfico de drogas a través de “mulas”, dos actividades que suelen estar casadas, como lo revela la realidad de las mafias del narcotráfico que cada día encuentran nuevas vetas para el negocio sucio.

La Policía ha hecho algunas detenciones que arrojan evidencias de que estamos frente modo de operar muy bien premeditado, que involucra métodos de reclutamiento, el uso de las redes sociales, algunos negocios que sirven de pantalla y obviamente, el trabajo de individuos altamente peligrosos, sin escrúpulos y con la sangre fría como para asesinar de esa manera a una joven, cuyo cadáver tenía signos de abuso y tormento.

Si bien Bolivia figura en la lista negra de la trata de personas desde hace varios años, es la primera vez que se conocen detalles sobre la manera cómo están actuando los grupos que controlan esta actividad y cuáles son las ramificaciones del delito, que seguramente tiene al narcotráfico como núcleo central.

Esta noticia debería causarnos alarma, pues queda claro que los narcos pueden estar imitando las técnicas y las prácticas de los carteles mexicanos, centroamericanos y colombianos que precisamente han incorporado esta suerte de diversificación que involucra la trata y el tráfico de personas y el microtráfico de drogas en condiciones de esclavitud. Es frecuente en México el descubrimiento lugares donde los traficantes mantienen a decenas de personas cautivas, a las que obligan a vender sustancias controladas, a prostituirse y a actuar como mulas en el paso de la frontera, donde los asesinatos y las violaciones son constantes.

Investigar a fondo este caso e identificar los responsables de tal horrendo crimen resulta esencial para que en segundo término se actúe sin contemplaciones en la aniquilación de las mafias que están detrás. Lamentablemente nuestros antecedentes no ayudan y se han caracterizado por la contemplación y cierto grado de connivencia. Los narcos están inundando las escuelas con su producto y ahora esto que causa dolor y estupor. La reacción no puede ser la indolencia.

Si bien Bolivia figura en la lista negra de la trata de personas desde hace varios años, es la primera vez que se conocen detalles sobre la manera cómo están actuando los grupos que controlan esta actividad y cuáles son las ramificaciones del delito, que seguramente tiene al narcotráfico como núcleo central.