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¿Dónde estás ahora, Caraparí II?
Viernes,  9 de Junio, 2017

Hace una docena de años, a fines de abril publiqué el artículo del mismo nombre. En 2005 evoqué la guarania “Recuerdos de Ypacaraí”, que cambié a Caraparí. Rematé al preguntar si esa hermana, la menor y la más pobre de la provincia Gran Chaco (que de grande no tiene nada luego de la guerra con Paraguay), participaría del negocio gasífero o sólo recibiría migajas del banquete. 

Le pelé al gajo. En este caso en lingo camba quiero decir que equivoqué la pregunta. Caraparí no fue parte del negocio, porque la palomita de la transnacional petrolera voló con su tecnología y su plata al Perú, por culpa de la mentada “nacionalización de hidrocarburos” del gobierno de Evo Morales. Pero la descentralización administrativa (logro anterior al “proceso de cambio”) inició auge de ingresos para la paupérrima región, no solo migajas del banquete. En digresión necesaria, quizá debido a la renegociación de contratos por el Gobierno, más ventajosos para Bolivia, que capos de las petroleras aceptaron razonando que se cobrarían con creces en el futuro con “incentivos” gubernamentales.

No he retornado a Caraparí desde entonces. Sin embargo, un extenso reportaje del diario El Deber de Santa Cruz de la Sierra alerta que ahora “el dinero se hizo gas, quedaron el desempleo y los elefantes blancos”.

Porque a diferencia de sus hermanas Yacuiba y Villamontes, Caraparí no tenía otras fuentes de ingreso que la chorrera de dinero proveniente del gas natural, que hoy se ha reducido a chorrito y en el futuro serán gotitas. ¿Qué importará entonces que estaban allí tenía la mayor parte de las reservas probadas y probables de gas natural, ahora que Brasil empieza a desenvainar la faca de no comprar más gas natural de Bolivia?               

Me pregunto qué hará Villamontes con su parque de aguas danzantes ¿venderán las cañerías y las luces que no funcionan por defecto de un componente?; Yacuiba con su Rodeo, una parodia de coliseo a 20 Km del pueblo, que parece un circo romano o una plaza para corrida de toros, dicen. Caraparí llegó al extremo de pavimentar con cemento los arroyos cercanos, e invertir en un centro de esparcimiento y paseo que a lo largo de kilómetro y medio tiene banquetas y faroles, ruta peatonal y ciclovía, jardinería diversa y semáforos para cochecitos de carrera, quioscos y animales silvestres de cemento. Puro cemento. Los lugareños ni lo visitan. 

Mi vaticinio es que como en las tres marías de la provincia Gran Chaco, tendremos un país de elefantes blancos en años venideros: el programa Bolivia Cambia, Evo Cumple. He ahí un esquema tallado a la imagen demagógica de Hugo Chávez, cuando fue creado en 2007. A partir de mediados de 2011, quizá cuando empezó a escasear el papel higiénico en la patria de Bolívar, el financiamiento lo provee el Tesoro General de Bolivia, es decir, todos los bolivianos. Entre 2007 y 2014 se financiaron casi 6.000 proyectos con casi $850 millones de dólares, que a la fecha deben ser más de mil millones.

Los recursos del programa construyeron colegios, laboratorios, canchas de césped natural y sintético, coliseos, tinglados, estadios, mercados, terminales de buses. Es decir, obras de impacto electoral. 

¿Qué importa que se hagan obras a nombre del Presidente prorroguista?, dirá algún iluso. La cosa, sin embargo, es que el ají de fideos no se cocine con carne de perro. En efecto, si se adjudica a dedo ¿para qué tanto blablá de mejorar el país con leyes y normas que coartan la corrupción y el abuso? A simple vista ¿quién puede quejarse de que el primer ítem de gasto sea la educación? Pero que no se caigan los techos encima de los niños, pensarán las madres. A partir del segundo ítem –deporte- la duda cala: ¿serán canchitas de un futbolista afecto al rodillazo en las cachinas de sus adversarios?

Solo entre 2011 y 2015 informa el Ministerio de la Presidencia, en su “Análisis de Gestión, Unidad de Proyectos Especiales, programa Bolivia Cambia, Evo Cumple (2011-2015)” (UPRE), se ejecutaron más de 3.000 proyectos, 606 de ellos de manera directa, es decir, sin licitación pública y mediante contratación de capricho, quizá dolosa. Sin que modifiquen la sigla, tal vez la entidad debería renombrarse como Unidad de Proyectos Evo (UPRE).    

El programa Evo Cumple será nuestra versión de la Revolución cubana en la transición de la dependencia yanqui hacia servir los intereses comunistas de la Unión Soviética. Como en los elefantes blancos de Caraparí, con los años los proyectos serán presa de la maleza, las telarañas y el deterioro del desuso: tiempo, agua y sol. Canchas de césped sintético sin pomadas para raspones; coliseos que sientan miles, sin agua ni alcantarillas; hospitales diseñados por imberbes; escuelas donde contratistas ganaron de mezclar mucha arena y poco cemento. 

Entonces vendrán las indagaciones y las auditorías. Se conocerá quiénes llenaron la barriga y la faltriquera engañando al pueblo. Y la gente seguirá tan pobre, ingenua e ignorante como siempre. Porque el mentado “proceso de cambio” fue un simple relevo de rateros, pero con plata a raudales de una década perdida de altos ingresos. Puede haber nuevos ricos del banquete corrupto, pero ahora llegó la época de las vacas flacas.

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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