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¿Cambiar el curso de la historia?
Domingo,  5 de Junio, 2016

Cuando en 1962 estalló la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las cosas llegaron a extremos muy peligrosos y al final John Kennedy y Nikita Kruschev tuvieron que dialogar para resolver el asunto, pues de haber prosperado el conflicto (cuyo epicentro era Cuba), el mundo todavía estaría sufriendo las consecuencias de una guerra nuclear de proporciones apocalípticas.

Narran los historiadores que el presidente norteamericano tuvo que lidiar con la tozudez de los belicistas de la CIA y el Pentágono y del otro lado el líder comunista se enfrentó con el fanatismo de Fidel Castro, quien a toda costa exigía bombardear Estados Unidos y dar rienda suelta a su odio visceral hacia el “imperio”. “Este es un verdadero loco”, fue la reflexión de Kruschev, quien puso por delante el sentido común y su pasta de estadista, antes que el sentimiento demencial que ha guiado a la dictadura castrista en los últimos 57 años.

Lamentablemente ese mismo sentimiento es el que se ha apoderado de la mente de algunos gobernantes latinoamericanos que han perdido todo sentido de la realidad y buscan aferrarse al poder a cualquier costo. No por nada todos han sido –y siguen siéndolo-, sumisos pupilos de Fidel Castro, quien morirá en su ley y se llevará a la tumba todas sus taras y consignas, aunque su pueblo se muera de hambre.

Afortunadamente el mundo de hoy ya no es el mismo de 1962; se han caído los muros de cemento y aunque todavía existen murallas mentales y líderes que quieren encerrarse en ellas, la humanidad tiene a su servicio mecanismos que son capaces de actuar para prevenir hechos que todavía nos avergüenzan, como las guerras mundiales, los genocidios, las dictaduras, las tiranías y purgas étnicas e ideológicas que fueron comunes en los cinco continentes en el Siglo XX. En Cuba actuaron el Vaticano, algunas naciones europeas y finalmente fue la Casa Blanca a la cabeza de Barack Obama para ponerle fin a cinco décadas de encierro, para que se haga realidad aquello que soñó Juan Pablo II: “que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. Y por fortuna esto ha sucedido a pesar de los hermanos Castro.

Lo estamos viendo también con Venezuela, donde Nicolás Maduro quiere llevar al país al desastre con tal de mantenerse el poder. Desde hace un año, sin embargo, la comunidad internacional viene realizando gestiones para denunciar y movilizar voluntades con tal de que esto no ocurra. La OEA acaba de activar un mecanismo destinado a ejercer cierta coerción parar obligar al diálogo y  buscar la pacificación en una nación donde se está acabando todo, especialmente la paciencia de un pueblo que no tiene comida ni medicamentos.
 
Muchos temen que lo de Venezuela pueda derivar en una dictadura, en un desastre como el que está ocurriendo en Siria o como sucede con regímenes forajidos como los de algunas naciones africanas, como Mozambique o Guinea Ecuatorial ¿Es posible aquello en pleno Siglo XXI? ¿Se puede imaginar en América Latina, donde las dictaduras militares fueron sepultadas a principio de los años 80? Esas preguntas valen para Bolivia también, donde la locura y los consejos de Fidel Castro siguen fluyendo.

 

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