Siguenos en:
Viernes
 20 de Septiembre de 2019
Deportes
Maravilla del salar de uyuni
Nueva traves?a del Motoclub Santa Cruz. En Colchani el aire seco y escaso de la altura da una vista incomparable. El cielo limpio y azul hace frente a la pampa monocrom?tica y ?rida que se extiende a la monta?a.
Viernes,  30 de Octubre, 2009
Maravilla-del-salar-de-uyuni

Al atardecer un grupo de motociclistas llega de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, respectivamente, a Oruro. Es la primera vez que la mayoría está en esa ciudad. Llegamos entusiasta y con apetito para la cena, el cordero asado es la especialidad de varios restaurantes. Por la noche algunos comenzamos a sufrir los efectos de la altura que curamos a medias, en el hotel, con un mate caliente de coca y cápsulas de sorojchipil. Viajamos 18 motociclistas y cuatro acompañantes  en vehículos de apoyo.
Oruro es una ciudad pequeña, sus calles son angostas y tiene tráfico intenso. El día siguiente a las 8.00 estábamos afuera del hotel, tratando de calentarnos con los primeros rayos de sol de una mañana invernal, amarramos las pilchas e hicimos funcionar las motos, que con la falta de oxígeno y los 9 grados de temperatura ambiente, les costó trabajo arrancar. Sobre las angostas aceras fluyen los escolares de guardapolvo blanco que caminan apurados a la escuela, también nosotros teníamos prisa por salir temprano pero la puesta en marcha de algunas motos demoró la partida hasta las 9.30.
Tres son las principales rutas de acceso al Salar. Para nosotros la más cercana es de Oruro a Huari y de ahí con rumbo sur a Colchani. Otra es de Oruro a Huari, desviando al suroeste hasta Salinas de Garci Mendoza. Y la más concurrida, de Potosí directo a Uyuni. De Huari hasta el salar la carretera es de tierra y está en construcción. Al salir de Huari hay numerosos desvíos que se alejan de la ruta principal serpenteando en un valle desértico poblado por vegetación baja, paja seca y arbustos. Hay que cruzar varias quebradas con lechos de roca,  canteras de piedra, un terreno áspero e irregular de arena y piedras, especial para golpear la moto cuando menos uno lo espera y sin un ser humano a la redonda a quien preguntar nada.
Es un escenario desolado, propicio para perderse, el último lugar en el que se desea estar cuando hay que manejar motos de más de 200 kilos, no aptas para condiciones tan adversas.
El ritmo que llevamos es muy lento, toda la ruta es así. Llegar a Colchani tomará más de un día. Los enredos provocan que cada quien  ande como pueda y por su cuenta, hemos perdido contacto visual y nadie sabe dónde está el otro. Después de recorrer 30 Km. durante más de dos horas, finalmente nos volvemos a encontrar cerca a la ruta principal que se distingue en el horizonte, gracias al tránsito de los camiones que construyen la carretera.
A pocos kilómetros de llegar a Colchani el camino comienza a bajar de la montaña. En el contraluz de las primeras horas de la tarde brilla en el horizonte un manto blanco, los primeros jirones del salar. El espejismo que levanta el vapor difumina el horizonte fundiendo el cielo y la sal, sin embargo, la mágica escena dura poco y se pierde en la inhóspita llanura a medida que desciendo. Los últimos kilómetros son planos y rectos. Pronto llegamos a reabastecer combustible. Encontrar gasolina en cualquier pueblo del territorio nacional es trabajo aparte, casi siempre la compramos  revendida a Bs 5 el litro, incluso en lugares donde hay surtidores.
El hotel que elegimos está a dos kilómetros de Colchani y prácticamente en la puerta del Salar. Cristal de Sal es un hotel hermoso, sus paredes están construidas con bloques de sal unidos entre sí por una especie de cemento de sal. El piso es de una capa de 5 cm de sal suelta, en los dormitorios el piso es de sal sólida similar a la cerámica, las camas, las sillas, las escaleras, los pasamano, las esculturas, los tallados sobre las paredes, los muebles, todo es de sal y de fino acabado, elegante. La claridad dentro del hotel es cautivante, ya que posee varios tragaluz de policarbonato que además proporciona calidez a los ambientes. La atención y la comida son muy buenas. Por primera vez saboreé carne de llama y quedé sorprendido con su excelente sabor. Contar con un hospedaje de primera después de un largo viaje es lo que sueña todo viajero, el hotel nos sentó muy bien y tuvimos una placentera estadía.

el disfrute del salar
Mi dormitorio tiene vista al salar. Temprano su claridad entra por la ventana e invita a ponerse de pie para conocer el mágico lugar. La ansiedad de estar sobre el salar, poner las manos en él, recorrerlo y disfrutar su grandeza, apura a estar pronto en las motos. Cuando entramos unos cientos de metros nos detenemos reverentes ante su imponente tamaño y singular belleza. No se puede si no sentir una enorme admiración y respeto ante el desierto de sal más alto y grande del mundo. Es espectacular.
El suelo del salar tiene diferentes texturas, septiembre es ideal para visitarlo porque no hace mucho frío y la superficie, a diferencia de la época de lluvia, se mantiene seca. El salar es el escenario blanco y puro más grande que se pueda contemplar en el mundo, por sobre su superficie se forman rombos con relieves blandos, producto de la erosión que deja el agua al secarse en invierno. El suelo es áspero y abrasivo como el concreto, no presenta fractura ni unión alguna, por lo que se puede transitar sobre él a placer como si fuese asfalto, la visibilidad es total y permite apreciar todo, excepto lo que se esconde más allá de la curvatura del planeta.
incahuasi
Por la mañana vamos a la isla Incahuasi. Está a 80 Km., detrás del horizonte. Sus escasos habitantes se resguardan del frío y la soledad en casas bajitas de adobe, ninguna fue pintada jamás y la erosión del viento carcome lentamente sus paredes, los techos de calamina soportan pesadas piedras para que no los levante el viento, las calles polvorientas de tierra oscura, tienen el color marrón de  las paredes y, a la distancia, el reflejo del sol brillando.
Es un hermoso lugar de gran mansedumbre, poblado por cactus gigantes, ideal para  tomar un descanso y desde la cima contemplar el salar en su verdadera dimensión, imponente. Somos diminutos, hormigas, puntos negros en la llanura, nada ante su colosal belleza. Subir a la cima toma unos 15 minutos, el paso debe ser lento para no agitarse. Cuando se está ahí no dan ganas de moverse más, sólo de quedarse sentado disfrutando todo, incluso los mínimos detalles que permiten las distancias, las incontables trillas negras que dejan los vehículos, sus montañas, su planicie total  y el cielo azul.

volcán tunupa
De la isla de Incahuasi fuimos hasta el extremo norte del salar, al volcán Tunupa. Allí hay varios ranchitos de pequeñas casas tapiadas, cercadas con pesados muros de piedras superpuestas prolijamente, construidos para  proteger a los animales domésticos del duro invierno.  Sobre la colina está el hotel comunitario Tayka, es el lugar donde tenemos programado almorzar y uno de los sitios más sobrecogedores que conocí en el salar. Las comunidades indígenas hábilmente y con mucho empeño, han desarrollado varios hoteles de primera en las diferentes regiones del salar, el que nos toca visitar es verdaderamente lindo, de estilo rústico, arquitectónicamente bien logrado, ambientes amplios, paredes de adobe y techo de paja apoyado sobre rollizo visto. La atención es impecable y lo que más me gustó, una galería en voladizo que ofrece una bella vista del Salar. En este sitio almorzamos todos y fue prácticamente la última vez que nos reunimos. Después de almuerzo tenemos planeado volver a Huari usando la ruta de Salinas de Garci Mendoza. Son 190 Km. de camino de tierra y si no se viaja a buen ritmo, con seguridad que nos agarra la noche.

DE regreso
Después de andar en solitario durante un rato por el borde interno del salar, donde la superficie aún conserva agua  y con el temor de haberme perdido, encuentro al grupo de Dardo Justiniano varado preguntándole a un indígena que extrae sal, cuál es la ruta que se debe seguir para llegar a Salina de García Mendoza. Aunque el pueblo se distingue entre la sal y la pampa a unos 20 Km., no se ve que haya un camino para llegar, hay que andar a campo traviesa. Para entonces son las 2.30 y queda una larga e incierta ruta por recorrer, decido desprenderme del grupo solo hasta Salinas.  Media hora después llega Maic Barragán, quien de ahí en más fue mi compañero de viaje hasta Huari.

Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día