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Deportes
A seis meses de la matanza
Editorial
Viernes,  16 de Octubre, 2009

La embajadora de Bolivia en el Reino Unido, Beatriz Souviron, ha afirmado ante la cadena británica BBC que el Gobierno nacional está dispuesto a colaborar con cualquier investigación internacional independiente que se realice sobre la matanza de tres ciudadanos europeos que se produjo hace seis meses en el hotel Las Américas. Sus palabras contradicen de manera radical lo que sostienen en el país las autoridades del MAS, quienes han descalificado los informes forenses de especialistas, tanto de Irlanda como de Hungría, sobre las muertes de Michael Dwyer y Árpád Magyarosi, abatidos el 16 de abril junto al boliviano-húngaro Eduardo Rózsa.
La señora Souviron tal vez no conoce a cabalidad los entretelones que se han ido revelando en estos meses sobre el “caso terrorismo” y sobre todo, no está al tanto de las salpicaduras que han comenzado a caer sobre el Gobierno y que lo colocan en el papel de artífice de una intriga grotesca. De cualquier manera, la representante diplomática no puede decir otra cosa porque sabe que en Irlanda ya existe una demanda judicial, mediante la cual, los familiares exigen el esclarecimiento de la muerte de Michael Dwyer, ya que creen que lo del 16 de abril en Santa Cruz fue una ejecución ilegal cometida por efectivos que actuaron por orden de autoridades nacionales. Ella conoce muy bien cómo funcionan las leyes en Europa y cuáles pueden ser las consecuencias si se llegara a comprobar lo que se está sospechando. Lo que digan o hagan el vicepresidente García Linera, el ministro de Gobierno o el fiscal Soza no tienen ninguna importancia en el contexto en el que habla y actúa Souviron.
Para el Gobierno, matar a tres europeos e inventarse luego un plan de magnicidio fue un trámite menor en un país donde la justicia ha sido secuestrada y no existen posibilidades de llegar a la verdad. Pese a ello, con los pocos recursos que se han podido reunir y enfrentando a un gigantesco aparato político, policial y mediático al servicio del “libreto oficial”, se ha llegado a conclusiones más creíbles. En la misma línea se encuentran las policías de Irlanda y Hungría, que han dado señales muy firmes de que no se van a quedar con los brazos cruzados. Las investigaciones que han hecho por separado sobre los cadáveres de Dwyer y Magyarosi las llevan a afirmar que esas dos personas fueron asesinadas a sangre fría, que no hubo el tiroteo del que habla el Gobierno y que además no se les brindó la asistencia médica necesaria, por lo que presumen se los dejó morir desangrados.
Quiera o no el Gobierno, los procesos judiciales que se han iniciado en Europa seguirán su curso y es probable la intervención de otras instancias internacionales ante las cuales se tendrá que rendir cuentas. Para el “peloteo” interno surte efecto el ocultamiento del capitán Andrade, las andanzas del fiscal Soza o los atrevimientos de los diputados oficialistas que contribuyen a la manipulación de la verdad, pero eso resultará estéril para un proceso que ya empezó y que seguramente comenzará a activar los resortes correspondientes. Para los que hoy se consideran intocables, es necesario recordar que ni siquiera el todopoderoso Augusto Pinochet, respaldado ampliamente por el Estado chileno, pudo zafarse de la justicia que se practica en el primer mundo. Y hay muchos otros ejemplos que bien vale la pena tener en cuenta.

Lo que pasó el 16 de abril en el hotel Las Américas va dejando de ser un misterio. En Europa ha comenzado un proceso para buscar la verdad.