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Editorial
Señales de alarma
Sábado,  6 de Septiembre, 2014

Hace pocos días el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha señalado que los resultados de un censo agropecuario realizado entre septiembre y noviembre del año pasado, muestran que Santa Cruz, Cochabamba y Tarija -en ese orden- acusan una elevada incidencia de contaminación del agua por productos agroquímicos. De hecho, las cifras citadas son elocuentes. Santa Cruz, por ejemplo, acusa un sesenta y tres por ciento en comparación con el sesenta y uno por ciento de Cochabamba. Si bien Tarija muestra las cifras más bajas, algo más de un cincuenta y seis por ciento, estas no son en absoluto tranquilizadoras, más por el contrario constituyen evidentes señales de alarma.
 
Una prueba de ello viene a ser la inmediata reacción del sector proveedor de insumos agropecuarios, que se ha mostrado sorprendido por el referido censo agropecuario, del cual no tenían noticias en sentido del análisis de las aguas. Para aclarar el problema, han solicitado al Instituto Nacional de Estadística les proporcione mayor información respecto a la metodología utilizada para la obtención de las muestras y los nombres de los laboratorios donde se han procesado las mismas, una vez que el costo de los análisis de los residuos de aguas son onerosos en el país. En otras palabras, para el sector de proveedores de insumos agropecuarios la situación es preocupante y exige pruebas.
 
Sin embargo, la contaminación de las aguas se está dando, con especial énfasis, en el sector rural del país. El Instituto Nacional de Estadística ha desvelado que los relaves de la minería constituyen otro factor de contaminación hídrica, fundamentalmente en las comunidades rurales de Oruro y Potosí. Ello grafica cuán importante es el control estatal sobre las actividades mineras, puesto que las consecuencias de un control negligente o insuficiente, supeditado a intereses político partidarios, redunda en graves perjuicios sobre la población boliviana. En este mismo terreno, se sabe que la contaminación del agua por desechos industriales impacta especialmente en Tarija, Chuquisaca y Potosí.
 
Por donde se vea, la contaminación de las aguas en el país está adquiriendo caracteres alarmantes. El informe del INE señala que el cuarenta por ciento del agua que abastece a las comunidades rurales del país está afectada por la contaminación. Los mayores índices en este aspecto registran Tarija, Chuquisaca y Pando, mientras que Potosí, Oruro y Santa Cruz registran menor proporción. Cerrar los ojos ante estos datos viene a ser una insensatez. Si se considera que Santa Cruz es eminentemente agropecuario, activar alarmas ante la probable contaminación del agua por agroquímicos, deviene en ineludible obligación. Para ello, conviene saber más detalles del informe del censo.
 
Aclarada esa figura, habrá necesidad de elaborar una estrategia de contingencia, de modo que se sepa a ciencia cierta el grado y la gravedad de la contaminación hídrica por agroquímicos, de modo que se propongan las medidas para poner freno a una situación insostenible de cara a las tareas programadas para enfrentar el cambio climático. Saber cómo se está contaminando y con qué, ayudaría sobremanera. Debe considerarse que las posturas defensivas, intentando deslindar responsabilidades, resultan contraproducentes. Autoridades nacionales y departamentales, junto a las instituciones del ramo, están obligadas a encarar las soluciones pertinentes ante las evidentes señales de alarma.

Saber el grado y gravedad de la contaminación hídrica por agroquímicos, ayudaría a proponer medidas concretas para enfrentar una situación insostenible de cara al cambio climático en el país y en Santa Cruz.