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Política
El Defensor del Pueblo
Editorial
Lunes,  22 de Marzo, 2010

Una Comisión Mixta está abocada a la tarea de evaluar a los candidatos a ocupar el cargo de Defensor del Pueblo dentro del Estado Plurinacional. La figura del “Ombudsman” o defensor del pueblo se ha convertido con toda razón en una institución respetable en los países donde rige el estado de derecho. En Bolivia la vigencia de esta figura institucional democrática se considera como relativamente nueva por lo que, hasta ahora, salvo excepciones, no han surgido mayores discrepancias en torno a las expectativas suscitadas. En general, la impresión es que el Defensor del Pueblo, como institución, debe responder a una línea independiente e imparcial para cumplir con las tareas para las que fue creado.
Representado por una figura civil idónea, con atributos morales y ciudadanos dignos de encomio, el Defensor del Pueblo no puede menos que responder a las exigencias de una colectividad que reclama sus derechos allá donde las leyes y las normativas de la sociedad fallan o no son suficientes para atenderla. También el Defensor del Pueblo viene a ser una opción democrática eficaz para evitar que los gobiernos de turno abusen de su poder en desmedro de la ciudadanía. Para ello, nuevamente el servilismo a la administración gubernamental debe estar fuera de su agenda, conducta y postura. Toda una gran tarea.
Sin embargo, existe la impresión que algunas esferas gubernamentales creen que el Defensor del Pueblo debe responder a la línea partidista o al menos a los dictados del oficialismo. La lista de los postulantes al cargo de Defensor del Pueblo incluye a 37 ciudadanos que están siendo evaluados por una comisión mixta del Senado, comenzando por depurar a quienes no cumplen con los requisitos básicos, como los certificados de antecedentes penales. Habrá que reflexionar sobre el hecho que los postulantes han sido propuestos a sugerencia de instituciones, organizaciones de base y población civil, más afectas al Gobierno que a la oposición. ¿Será independiente el nuevo Defensor del Pueblo?
Si se analiza con mesura, más vale que el Defensor del Pueblo sea imparcial e insobornable, tanto para la salud política del Gobierno como para los intereses fundamentales de la ciudadanía. Siendo un bastión que la democracia ha impuesto para que el ciudadano acuda a él cuando lo requiera, resulta imprescindible que su imagen refleje lo que se espera de él: es decir, eficacia para representar, autoridad para ser escuchado y lo suficientemente dotado de influencia para solucionar problemas. Para ello, hace falta que la persona elegida esté dotada de las cualidades elementales que exige tan delicado cargo.
En una situación en que la mayoría de los componentes de la comisión del Senado es oficialista y la mayor parte de los postulantes para Defensor del Pueblo han sido sugeridos por organizaciones proclives al Gobierno, la tarea de seleccionar y elegir después a la persona idónea viene a ser una responsabilidad enorme. De lo que se haga o se deje de hacer en el fortalecimiento de la figura del Defensor del Pueblo dependerá si esta figura institucional de la democracia boliviana se mantiene enhiesta como un símbolo más del estado de derecho, o en defecto pierde toda su esencia para encarar los desafíos de una sociedad civil en construcción que está poniendo a prueba todo el sistema democrático.
 

Para ello, hace falta que la persona elegida esté dotada de las cualidades elementales que exige tan delicado cargo.
 

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