Siguenos en:
Lunes
 19 de Noviembre de 2018
Política
Pisando callos
Represión o salvajismo
Miércoles,  6 de Junio, 2018

S igmund Freud era un hombre muy inteligente y observador, pero creo que su idea básica del efecto dañino de las represiones, simplemente ignora que nuestra civilización se basa en represiones”.

Esa frase, bien conservadora y de derechas, le dijo un Premio Nobel a otro: Friedrich Hayek a James Buchanan, ambos liberales clásicos, en jugoso diálogo consignado en Youtube.

Hayek sabía que el libre comercio es la forma civilizada de las relaciones económicas, así como el gobierno limitado y el “Imperio de la Ley” lo son de las relaciones políticas. Y que en ambos casos, la base y fundamento de la civilización es un sistema de normas éticas, restricciones “represivas” de los instintos “naturales” (o sea, salvajes): al robo, a las expediciones para el saqueo, la esclavización y la agresión sexual, bajo la ley del más fuerte. “El derecho es un mínimo de moral”, sentenció un maestro de la filosofía jurídica, Georg Jellinek.

“Civilización” es el predominio cultural de una ley moral opuesta, que manda no matar, no robar, y someter a control los impulsos predatorios y sexuales; a lo que Freud se oponía, diciendo que las represiones causaban histeria, neurosis, y otros desarreglos psicológicos. Como Freud vio que la primera fuente de la moral es la religión, también se le opuso: “nuestro trabajo (psicoanálisis) nos lleva a concluir que la religión se reduce a una neurosis de la humanidad”, escribió en el prólogo a su “Moisés y la religión monoteísta”, en Viena, 1938, donde anota que la civilización, problemática y “represiva” según él, empieza con Moisés y los Diez Mandamientos. ¡Cierto!

Freud sabía que nuestra civilización se basa en represiones; ¡por eso la cuestionó! Adelantó esa idea en “Tótem y tabú”, de 1913, y la desarrolló en “El malestar en la cultura”, de 1930. Su fiel discípulo Herbert Marcuse la trata en “Eros y Civilización”, de 1955, donde ensaya una síntesis entre Marx y Freud, y en “El hombre unidimensional, de 1964, que desató el Mayo francés contra el capitalismo.

Hayek captó el poder destructivo del marxismo y del psicoanálisis, ambas “pseudociencias”, mera charlatanería, equiparables a la astrología y a la quiromancia, según su amigo Karl Popper, también liberal clásico y nacido en Viena.

¿Por qué “pseudociencias”? Simple: la ciencia de verdad no parte de los hechos para confirmar las teorías, como supone el “inductivismo”, cosa imposible, porque 1001 confirmaciones siempre dejarían abierta la puerta a un hecho posterior para refutarlas. En “Lógica de la investigación científica”, obra de 1934, reescrita en 1959, Popper rebate el positivismo inductivista del “Círculo de Viena”. Explica que la ciencia genuina procede por descarte, como el médico o el mecánico: comienza por “conjeturas” o hipótesis “falsables” (refutables), que se enuncian de manera que puedan ser falseadas, y se van descartando en tanto que los hechos comprobados las “falsean”.

Pero el marxista encuentra en cada página del diario supuestas “confirmaciones” a su tesis, e igual el psicoanalista cada día en su “trabajo terapéutico”. Pero, se pregunta Popper, ¿hay alguna manera de falsar estas teorías? ¿Cómo es que se amoldan a todo caso y a cualquier evento? ¿Son enunciadas de modo que puedan contrastarse? ¿Por qué todo les parece a sus devotos confirmarlas, y se niegan a revisarlos, suceda lo que suceda? ¿Por qué si alguien discute sus dogmas, el marxista le acusará de “pequeño burgués” (y le enviará a Siberia para ser “reeducado”), y el freudiano dirá que “arrastra conflictos no resueltos, que ameritan tratamiento”.

Apunta que si se ha invertido largo tiempo, dinero y esfuerzo en obtener una “buena” educación marxista, o una “sólida formación psicoanalítica”, un profesional, sobre todo si es académico, tendrá una reputación que proteger, y jamás admitirá que sus teorías son seudocientíficas. Y esto se observa en todos los campos; por cierto, el Dr. Phillip E. Johnson, jurista dedicado a la ciencia, remata su libro “Juicio a Darwin” (1993, último capítulo) aplicando análisis popperiano al evolucionismo darwinista, y le ubica entre las pseudociencias. Los darwinistas dicen “la ciencia confirma la evolución”, pero si uno les pone ante un hecho discordante, le llenan de descalificaciones (al estilo marxista y freudista): “¡Ud. es un retrógrado lleno de prejuicios religiosos!”

Lo cual nos regresa al tema religiones. Sí; las religiones son “represivas”, casi todas, salvo las muy primitivas, por cuanto incluyen, unas más, otras menos, un código moral represivo, para las gentes y los gobiernos; por ello sus mejores expresiones tienden a congeniar con el capitalismo, y con otras avances de la civilización, como el arte, la educación y la ciencia. Y por ello son combatidas por las izquierdas, antes y después de Marx: porque proclaman amor a la familia, y alientan la propiedad privada, el trabajo honesto, el comercio libre, y el cumplimiento puntual de los contratos.

El marxismo es la más terrible y (seudo) “científica” de las coartadas ideológicas para el estatismo y la depredación política. La religión puede ser otra coartada; porque las izquierdas tienen dos maneras de combatir religiones: (1) las prohíben, persiguen y castigan; (2) las penetran, capturan y deforman desde adentro: las secuestran y usan para sus fines. Un ejemplo: el judaísmo, una religión cruelmente martirizada, pero también muchas veces infiltrada por sectas de izquierda, tal el caso del sionismo.

Pero aquí viene el gran Popper al rescate. Nacido en un hogar de judíos convertidos al luteranismo, rechazaba toda forma de nacionalismo, “la regresión a la tribu”, y pensaba que la creación del Estado de Israel fue “un trágico error”. En su “Autobiografía” nos dice: “Siempre me opuse al sionismo, pero nunca creí que los sionistas se volvieran racistas. Esto me hace sentir vergüenza de mi origen, pues me siento responsable de las acciones de los nacionalistas israelíes”. Popper era un “asimilacionista”: creía que los judíos debían integrarse a las sociedades en las que vivían, como su familia en Viena.

Aunque agnóstico como Hayek, Popper sabía, en la tradición del liberalismo clásico, que en nombre de la “lucha contra las represiones” y contra las religiones, se entronizan las tiranías más represivas que la historia registra: las estatólatras, que arrasan con las libertades verdaderas, y con la civilización.

Acerca del autor:
Alberto--Mansueti--
Alberto Mansueti
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día