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Política
Tribuna
¿Qué es la corrupción?
Sábado,  28 de Octubre, 2017

La Academia de la Lengua española define a la corrupción como “la acción y efecto de corromper”. En general, se puede definir a la corrupción como todo abuso de autoridad, a cambio de un beneficio no autorizado por la ley. Es importante separar el concepto de corrupción de aquellos actos que son simplemente ilegales o inmorales de acuerdo a algún Código de conducta. En efecto no todas las acciones ilegales son corruptas y no todas las prácticas corruptas son ilegales. A diferencia del delito donde la víctima participa “a la fuerza”, lo que caracteriza a la corrupción es el intercambio generalmente voluntario entre corruptor y corrupto.

En todo caso, un actos corrupto supone: 1) La violación de un deber posicional; quienes se corrompen transgreden, por activa o por pasiva, algunas de las reglas que rigen el cargo que ostentan o la función que cumplen; 2) Debe haber un sistema normativo que le sirva de referencia; la corrupción es parasitaria de un sistema normativo; 3) No siempre entraña una acción antijurídica; 4) Están siempre vinculados a la expectativa de obtener un beneficio extraposicional, que puede ser político, profesional, sexual, etc.; 5) Tiende a realizarse en secreto o al menos en un marco de discreción. Y como la corrupción implica una actitud de deslealtad, tiende a ser sustraída del público.

La corrupción política consiste en la violación de un deber posicional de carácter político, atendiendo a intereses políticos. En este caso, no se pone el acento en el personaje, sino en la acción, en su motivación y en la regla violada. Este tipo de corrupción no precisa que el dinero cambie de manos; puede tomar la forma de “tráfico de influencias” o de la concreción de favores que envenenan la política y amenazan la democracia. Otra característica es que siempre “la cometen los otros, los que se fueron”, por eso generalmente se investiga y con frecuencia se busca castigar hechos del pasado: el Gobierno que llega al poder, indaga y procesa al que se fue.

Por su parte la Ley Nº 004, del 31 de marzo de 2010 (Ley de Lucha Contra la Corrupción, Enriquecimiento Ilícito e Investigación de Fortunas “Marcelo Quiroga Santa Cruz”), define a la corrupción como el “requerimiento o la aceptación, el ofrecimiento u otorgamiento directo o indirecto, de un servidor público, de una persona natural o jurídica, nacional o extranjera, de cualquier objeto de valor pecuniario u otros beneficios como dádivas, favores, promesas o ventajas para sí mismo o para otra persona o entidad, a cambio de la acción u omisión de cualquier acto que afecte a los intereses del Estado”.

Esta ley, sin embargo, termina con el viejo paradigma de que la corrupción sólo era “exclusividad” de los funcionarios públicos, porque ha tipificado una serie de figuras que pueden ser cometidas por particulares. A partir de esta definición legal, se debe castigar no sólo la acción del servidor público o particular, sino también la omisión de cumplir con un deber legalmente establecido (por ejemplo, no aplicar una ley o norma jurídica, o aplicarla parcialmente); en forma similar, un acto de corrupción no tiene que terminar necesariamente en una transferencia de dinero, sino puede consistir en cualquier otro beneficio (presente o futuro), que suponga un menoscabo a los intereses del Estado.

La corrupción entonces afecta al patrimonio del Estado y, por tanto, es un problema político y ético cuyas causas vendrían a ser también la sistemática degradación de los valores tradicionales. La lucha contra la corrupción depende de que haya “voluntad  política” y que la elección de sanciones (y de sancionados) debe comenzar por fracturar lo que podría denominarse la cultura de la corrupción. La experiencia con campañas anticorrupción exitosas sugiere que una sanción severa a un “pez gordo” es una manera de empezar a subvertir esa cultura. El “pez gordo” debe ser un caso claramente importante, y que no pueda ser interpretado como una vendetta política.

*Autor del libro: La corrupción en Bolivia.

Acerca del autor:
William--Herrera-Anez--
William Herrera Añez
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