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Política
Editorial
El año de la corrupción
Martes,  27  de Diciembre, 2016

L a corrupción en Bolivia parece estar llegando a niveles cinematográficos del género insólito. Eso lo demuestra el caso del juez sucrense Oswaldo Aguilar, quien fue arrestado mientras conducía la audiencia cautelar de un funcionario de la Alcaldía capitalina, enmarcado en la causa por malos manejos del responsable del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Martín Maturano. El administrador de justicia fue acusado de pedir un soborno de ocho mil dólares y el resultado fue: “todos a la cárcel”, una frase que a lo mejor está rondando en la cabeza de muchos compatriotas a la hora de evaluar un año repleto de escándalos.  La falta de transparencia ha sido, sin duda alguna, el factor que más ha minado la popularidad de las autoridades nacionales, cuya desesperación por continuar en el poder es interpretada por la opinión pública como una angustia por evitar que salgan a la luz los últimos detalles del Fondo Indígena, del caso LaMia, los contratos chinos, las relaciones de Gabriela Zapata, la manipulación de la justicia, sospechas relacionadas con el narcotráfico y otros hechos que no se han esclarecido justamente porque el oficialismo domina el pleno del poder republicano que impide la fiscalización y la rendición de cuentas, un elemento indispensable para el funcionamiento de la democracia.  Sin querer apelar al clásico consuelo “mal de muchos...” hay que mencionar que la corrupción ha sido el problema más sobresaliente del 2016 en todo el continente latinoamericano, especialmente en aquellos países dominados por el populismo izquierdista, al extremo de que países que habían dado pasos significativos a favor de la transparencia, como Chile, sucumbieron ante esta ola que sacrifica la institucionalidad y privilegia el manejo discrecional del poder.

Durante toda la gestión que termina, los argentinos han sido testigos del impresionante destape que dejó al desnudo los 12 años del manejo Kirchnerista que dejó las arcas nacionales en serios aprietos, producto de la inescrupulosa administración de los esposos Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quien está a un paso de ir a la cárcel junto con numerosos miembros de su gobierno que convirtieron al gobierno en un nido de negocios oscuros y latrocinio sin precedentes.  Este fue también el año en el que se terminaron de reunir las evidencias que prueban la estrecha relación de los máximos jerarcas del chavismo con el narcotráfico, especialmente el segundo hombre del régimen venezolano, Diosdado Cabello, a quien señalan como el líder de un cártel de la mafia dirigido desde el Estado y responsable del control del tráfico de cocaína en el país.

El caso más significativo, sin embargo, ha sido el de Brasil, no sólo por la dimensión de los escándalos, sino también porque la corrupción ha sumido  a la nación más grande del continente en la peor crisis económica y política de su historia, con consecuencias impredecibles. Hay que admitir de todas formas, que los brasileños han sido los únicos capaces de investigar, procesar varios de los negociados y mandar a la cárcel a los responsables, con posibilidades de tocar al todopoderoso Lula Da Silva.

La corrupción ha sido el problema más sobresaliente del 2016 en todo el continente latinoamericano, especialmente en aquellos países dominados por el populismo izquierdista.

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