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Política
Editorial
Vínculos políticos
Sábado,  30 de Mayo, 2015

La debacle del Tribunal Supremo Electoral, representación máxima del Órgano Electoral Plurinacional de acuerdo al mandato constitucional, se ha erigido en un problema de magnitud no solo para el Gobierno, sino también para la fortaleza democrática y la propia institucionalidad del país. En el fondo, conviene asumir que se trata de una cuestión de credibilidad ante la ciudadanía, credibilidad que está muy venida a menos por lo negativa que ha llegado a ser la impresión colectiva de sus vínculos políticos con el Ejecutivo. En otras palabras, el Tribunal Supremo Electoral deviene en la instancia reguladora independiente cuyas decisiones deben ser imparciales
 
Es justamente este último aspecto el que ha sido puesto en tela de juicio por la ciudadanía y expuesto como reclamo político por la oposición. La realización de las últimas elecciones para gobernadores, ediles y alcaldes ha puesto en evidencia errores y decisiones polémicas que han favorecido más al oficialismo y perjudicado de gravedad a la oposición. De hecho, en su momento el propio Ejecutivo ha señalado su frustración por los reiterados equívocos, agravados últimamente por las denuncias de fuertes sospechas de sus vínculos políticos con el partido en función de Gobierno. Esta situación ha provocado, junto a otras presiones, la renuncia de casi todos sus miembros.
 
Como consecuencia inmediata, el Tribunal Supremo Electoral ha quedado acéfalo, lo que obliga a la Asamblea Legislativa Plurinacional a tomar cartas en el asunto, esta vez de manera perentoria si todavía se pretende realizar en la fecha fijada la realización de los referendos para aprobar o rechazar cartas y estatutos autonómicos. Lo deseable es contar con nuevos miembros políticamente independientes, algo que parece improbable ante la mayoría parlamentaria oficialista. Si designan nuevamente vocales y presidente sospechosamente funcionales al Gobierno, será como volver al erróneo punto de partida, donde ha partido el lamentable y vergonzoso circo de imprecisiones y errores.
 
Lo ideal sería convocar a una especie de cumbre política, donde oficialismo y oposición expongan criterios y propongan soluciones que beneficien a todos en el propósito de la conformación de un Tribunal Supremo Electoral plenamente independiente. Esto redundará en efectos positivos para la dinámica democrática, la recuperación de la credibilidad del máximo organismo electoral e infundirá fortaleza a las instituciones del cuarto poder del Estado. Para ello, habrá necesidad de una fuerte dosis de voluntad política y desprendimiento por parte de la oposición y oficialismo, que en cada ocasión solo pretenden llevar agua a sus propios molinos sin contemplar el alto interés del país.
 
Resulta sensato asumir que la renovación del Tribunal Supremo Electoral está ligada al respeto de su institucionalidad y apego a la legalidad, es decir, al reconocimiento de su función constitucional de administrar de manera neutral e independiente los procesos electorales y otras funciones imprescindibles para la vida democrática del país. Si una vez designados persiste la sospecha de vinculación política de sus miembros al partido en función de gobierno, no solo se habrá socavado de manera casi definitiva las bases de la confianza ciudadanía en la dinámica democrática, sino que se habrá incurrido, otra vez, en un error garrafal e innecesario, cuyas consecuencias se avizoran impredecibles.

Si persiste la sospecha de vinculación política de los miembros del TSE al partido en función de gobierno, se habrá socavado de manera casi definitiva las bases de la confianza ciudadanía en la dinámica democrática del país.

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