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Política
Editorial
Iniciativas ecológicas
Lunes,  1  de Diciembre, 2014

En las últimas décadas, la expansión de la mancha urbana de la capital cruceña ha estado aparejada a la paulatina pero inexorable destrucción no solo de áreas boscosas que luego han sido urbanizadas, sino también a la evidente y preocupante disminución  de un sinnúmero de especies arbóreas nativas y la población de aves propias del lugar. En otras palabras, la apacible, frondosa y fresca ciudad de antaño, provinciana y hospitalaria, ha cedido su lugar a la caótica ciudad moderna de hoy, de grandes edificios y pocos árboles. Cual dura selva de cemento del desarrollo, la capital cruceña muestra cada vez más calles desoladas, sin el ornamento vegetal que antes le caracterizaba.

La ciudadanía es testigo cotidiano de los cambios. Conviene considerar que a ojos vistas la proyectada Ciudad Jardín ha ido perdiendo con rapidez sus ejemplares vegetales arbóreos, y con ello también el clima agradable que le ha proporcionado su cada vez más exigua floresta. Ante tal situación, no han abundado las iniciativas de preservación y protección del medio ambiente urbano. Las que han surgido, a menudo han sucumbido ante la indiferencia ciudadana o la pobre conciencia ecológica de la gente. Las más de las veces han muerto de inanición por falta de apoyo institucional o soporte financiero. De uno y otro modo, se ha mostrado más voluntarismo que planificación.
 
En este contexto, resulta oportuno destacar la labor que desarrollan quienes impulsan la Revolución Jigote, porque entre otras cosas persiguen articular las acciones institucionales locales con la participación vecinal. El solo hecho de pretender un apoyo consecuente a la arborización de la mancha urbana merece se le considere no solo como promotora de iniciativas ecológicas urbanas, sino también como la institución visible que reclama políticas ediles de restauración y preservación del ambiente urbano saludable. Se ha comenzado con la campaña “Estamos a tiempo, mi pejerrey”, para crear conciencia ciudadana sobre el cuidado de los árboles. Tal acción es invalorable.
 
Sin embargo, si se asume que la concienciación de la ciudadanía sobre su entorno resulta un proceso de largo aliento, también viene a ser una ineludible obligación que las autoridades pertinentes hagan suya esta actividad que busca convertir a Santa Cruz en una ciudad agradable para vivir. Si se analiza de manera serena, el cuidado del entorno podría ampliarse ya no solo a los árboles, sino a toda la floresta local. De  manera subsecuente, resulta posible construir de modo paulatino, una cultura de ciudad limpia, acogedora y amable, reflejada en la belleza de sus calles arborizadas, plazas y áreas verdes bien cuidadas, donde se demuestre además, la calidez de sus habitantes.
 
Arborizar la mancha urbana implica la participación vecinal. Obliga a la organización comunitaria y transmite valores positivos a la niñez y la juventud. Por otra parte, si las autoridades asumen la necesidad de convertir estas acciones ciudadanas voluntarias en políticas municipales de estricto cumplimiento por instituciones y ciudadanía en general, se impulsa la educación ambiental, se revaloriza la riqueza forestal urbana, se la reconoce plenamente por su nombre y características, sus frutos y sus flores. Finalmente, resulta factible aceptar que ello contribuye a la propia identidad de los habitantes de esa ciudad saludable, construida de manera consciente por la vecindad.

Resulta posible construir, de modo paulatino, una cultura de ciudad limpia, acogedora y amable, reflejada en la belleza y el cuidado de sus calles arborizadas, plazas y áreas verdes, donde se demuestre además, la calidez de sus habitantes.

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