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 26 de Marzo de 2019
Política
Brasil
Aplausos y piedras: baño de pueblo forzado para Rousseff en favela de Rio
La presidenta llegó con mucho retraso, acompañada por el gobernador interino de Rio, Luiz Fernando Pezao, del partido PMDB (centro, en la coalición de gobierno), que también busca ser electo en los comicios nacionales de octubre.
Viernes,  12 de Septiembre, 2014
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Con aplausos pero también con algunas pedradas que no llegaron a destino, el complejo de favelas de Maré en Rio de Janeiro recibió este viernes a la presidenta y candidata a la reelección Dilma Rousseff.

En medio de militares armados hasta los dientes que ocuparon esta mini ciudad de 130.000 habitantes en abril, disputando su control a tres facciones rivales del narcotráfico, decenas de niños corrían por las calles polvorientas con adhesivos de publicidad política pegados a sus torsos desnudos.

La presidenta llegó con mucho retraso, acompañada por el gobernador interino de Rio, Luiz Fernando Pezao, del partido PMDB (centro, en la coalición de gobierno), que también busca ser electo en los comicios nacionales de octubre.

Y ahí se desató el caos, los militares enarbolaron sus fusiles, la multitud salió disparada hacia el coche que trasladaba a la presidenta, gritándole enfervorizada "¡Dilma! ¡Dilma!", muchos agitando banderas con su retrato y el de Pezao.

Pero solo políticos y periodistas podían seguirla hasta un terreno baldío donde el gobierno local promete construir para 2016 "un campus educacional" con varias escuelas y guarderías, con una inversión de unos 100 millones de dólares.

- El pueblo se invita -

Rousseff no tenía previsto contacto con la población en esta visita relámpago al Complexo da Maré.

Su objetivo era firmar junto a Pezao y en presencia del alcalde de Rio Eduardo Paes, ministros y legisladores, un documento que extiende hasta diciembre la permanencia de 2.700 militares en este territorio de 10 km2, situado cerca del aeropuerto internacional de Rio.

Pero una horda de residentes del Maré, sobre todo niños y adolescentes, burló la seguridad y se coló en la mitad del acto, aplaudiendo y acercándose a metros de la presidenta, cuyas palabras eran ahogadas por el ensordecedor bullicioso. "¡Tía, tía!", le gritaban cariñosamente algunos. "¡Quiero frijoles!", gritaba otro.

La presidenta centró su brevísimo discurso en la integración y cooperación entre los gobiernos federal, estatal y municipal en materia de seguridad pública: desde 2008, esa cooperación ha permitido al Estado reconquistar 184 favelas de Rio de manos de los narcos o milicianos, y la instalación de 38 Unidades de Polícia Pacificadora (UPP). La etapa de la UPP no ha llegado aún al Maré, pero está prevista para 2015.

Las autoridades prometen que tras la "pacificación" de las favelas llegan los servicios públicos, pero poco ha sucedido en este frente, y las miserables callejuelas del Maré son testimonio de ello.

"Queremos que haya una acción conjunta integrada" entre los gobiernos federal, estatal y municipal "en todas las regiones del país, para impedir que haya impunidad en el tráfico de drogas, armas y el crimen organizado, porque el crimen actúa de forma coordinada", dijo Rousseff, molesta en medio del caos.

"No podemos darnos el lujo de actuar de forma quebrada, fragmentada", insistió en su discurso de menos de cinco minutos, casi ininteligible.

- "Aquí no ha mejorado nada" -

Algunos de los jóvenes que burlaron la seguridad para acercarse a Dilma lanzaron piedras contra su coche cuando éste salía del terreno baldío. Un agente de seguridad que caminaba junto al vehículo recibió una pedrada en la cabeza.

El coche de la mandataria pasó frente a una veintena de residentes que manifestaban contra Pezao y una diputada federal que aseguraban les debe dinero, y defendían a Anthony Garotinho, un exgobernador de Rio populista y condenado en 2010 por corrupción, actualmente diputado, que quiere ser electo nuevamente gobernador por el Partido de la República (PR).

"No quiero a Dilma, estoy harta (...) ¿Si mejoró la seguridad? ¡Acá no ha mejorado nada! El tráfico de drogas continúa; todo es la misma mierda. ¿Qué pueden hacer los militares acá? Una facción rival entra en una comunidad y mata. La otra va para allá y mata también. Hay tiroteos casi todos los días", dijo a la AFP Josi Francisca Ferreira, un ama de casa de 36 años, la única vecina sin miedo a ser castigada por hablar de seguridad, un tema tabú en las favelas.

Y añade: "Y cuando los periodistas se vayan, no vamos a poder gritar más, porque cada vez que lo hacemos los militares nos lanzan gas pimienta y balas de goma".

AFP//

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