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Editorial
Trabajo Infantil
Sábado,  16 de Junio, 2012

El último informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) sobre la niñez boliviana, ha expuesto cifras y características que desvelan la persistencia de la cruda realidad que viven los niños y jóvenes del país que están sometidos al trabajo en condiciones de explotación y discriminación, que de suyas resultan inaceptables para los tiempos que corren. En otras palabras, la preocupante situación de un número creciente de niños y jóvenes trabajadores que se incorporan principalmente en la minería, zafra, trabajo doméstico y otras modalidades de informalidad en el mercado laboral boliviano, constituye uno de los grandes problemas que las autoridades nacionales deben  resolver.
 
La responsabilidad de los gobernantes deviene en insoslayable si se considera que el trabajo infantil y juvenil tiene múltiples causas y connotaciones. Desde hace tiempo se sabe que la pobreza, la permisividad social, la falta de oportunidades de superación personal se han erigido en factores que actúan contra el futuro promisorio de estos niños y jóvenes. El panorama resulta más desalentador cuando se constata que existe una insuficiente cobertura de calidad y cumplimiento de la obligatoriedad de la educación para estos grupos altamente vulnerables. Para colmo, se ha señalado que también sufren de insuficiente acceso a la atención de salud, lo que ilustra todavía más su indefensión.
 
Según el reciente informe de Unicef, más ochocientos mil niños y jóvenes bolivianos están bajo la férula de un régimen de trabajo que excede las cuarenta horas semanales, especialmente para los que viven en el área urbana, donde están más expuestos a los avatares de la desigualdad, la violación de sus derechos fundamentales, la constante agresión física y mental y la predisposición a sufrir desde temprana edad enfermedades crónicas que ensombrecen aún más sus perspectivas de desarrollo y formación. La explotación por el trabajo laboral implica efectos negativos en lo económico, porque redunda en pérdida de escolaridad y entraña disminución de salario en su vida adulta.
 
Los diferentes estudios sobre el trabajo y explotación de jóvenes y niños en Bolivia coinciden en señalar a la pobreza, la irresponsabilidad paterna, la descomposición familiar y la crisis económica en los hogares, como las causas más frecuentes que obligan a los niños, niñas y jóvenes adolescentes a buscar trabajo, que las más de las veces deriva en una situación de elevado riesgo para la integridad física y mental de los menores. Si bien el Gobierno ha puesto en marcha un estímulo económico para disminuir la deserción escolar en el ciclo básico, todavía hace falta implementar otras y más amplias medidas para la prevención y protección de niños y jóvenes trabajadores.
 
De alguna manera estos menores en situación de vulnerabilidad –especialmente los de la calle- deben tener acceso gratuito y directo a la atención de su salud. Ese es un primer reto, que implica un registro y clasificación de riesgos. También debe atenderse su necesidad de techo, por lo que la implementación de albergues permanentes donde se les ofrezca comida segura y educación diferenciada y obligatoria se impone como la opción más lógica y urgente. Esto significa una tarea coordinada de municipios, gobernación y Gobierno central que no admite mayores demoras, especialmente si resulta obvio que resolver las causas básicas del trabajo infantil es tarea de largo aliento.

La pobreza, irresponsabilidad paterna, descomposición familiar y la crisis económica en los hogares son las causas más frecuentes que obligan a los niños, niñas y jóvenes adolescentes a buscar trabajo.