Siguenos en:
Jueves
 1 de Octubre de 2020
Portada
El tacú de papel
Los guardianes de la tierra
Martes,  24  de Enero, 2012

Según las antiguas mitologías de varias partes del mundo, existen seres fantásticos que custodian la tierra interior, los tesoros subterráneos, cuidando los metales y piedras preciosas. Pequeños seres –hombrecillos- cuyas formas las han descrito variadas, resultan los verdaderos guardianes de la tierra, si creemos en esas leyendas. Sin embargo, estoy seguro que quienes han trabajado o visitado el interior de las minas bolivianas, asegurarán que esos seres existen. El denominado “tío de la mina”, por ejemplo, vive en los socavones. Es temido y amado por los mineros, quienes no andan solos en interior mina, sino que deben hacerlo por parejas, por si las dudas, compañero.

Jonathan Swiftt, publicó en 1726 una novela intitulada Los viajes de Gulliver. Considerada una obra infantil, tal novela es sin embargo una sátira feroz de la sociedad y condición humana, camuflada con viajes a países pintorescos. Sin embargo, la tierra de los liliputienses es extraordinaria porque son seres pequeños que capturan a Gulliver cual si fuera un gigante. Hombres pequeños. ¿Coincidencia? De alguna parte habrá sacado la idea. No olvidemos que Swift en ese lejano tiempo, ya señaló la distancia casi exacta de los dos satélites de Marte: Febos y Deimos, cuando todavía no se habían descubierto los satélites marcianos. ¿Dónde obtuvo la información? Es todo un misterio.

Los hombrecillos han sido conocidos desde la antigüedad como gnomos –que significa terrestres- o duendecillos. Se los imagina o se los crea. O se cree en ellos. Como sea, Goethe en la obra Fausto habla de los homúnculos, y afirma haber creado uno para su servicio. La idea sirvió para que Mary Shelley escribiera “El monstruo del Dr. Frankestein”, donde se crea un hombre a partir de cadáveres. Paracelso, el famoso alquimista, habló sobre estos homúnculos y de la posibilidad de crearlos para diversos fines. Humberto Ecco en El Péndulo, también habla de ello. La leyenda del Ekeko, el duende de la prosperidad, también resulta interesante por nacer en una situación límite.

Como se sabe, el sitio a la ciudad de La Paz en 1781, ocasionó una profunda angustia y hambruna por falta de agua y alimentos. De alguna manera, una pareja de indígenas tenía un hombrecillo de yeso, vestido y pintado como si fuera un hombre bonachón. Donde el hombrecillo estaba, no faltaban alimentos. Cómo sucedió eso es otra historia. Lo cierto es que los alimentos junto al Ekeko salvaron la vida de la familia del gobernador de entonces, quien lo popularizó como el dios de la abundancia y fomentó la feria de Alasitas, que se vive en varios lugares del país, el 24 de enero. Una leyenda sí. Pero nadie ha rechazado la idea que los “hombrecillos”, guardianes de la tierra, existen.

Seres imaginarios, productos de la tradición, o bien invisibles seres cuya creación mediante fórmulas y ritos la alquimia guarda entre sus mayores secretos. ¿No tenemos nosotros los cruceños nuestro propio duende? Los niños pequeños, cuando están solos hablan con sus amiguitos en los patios o jardines. Hablan como si estuvieran acompañados y no vemos a quienes dirigen sus palabras y sonrisas. Dicen que los duendes se llevan a los niños. Algunas personas de edad juran haber visto duendecillos en el bosque bailando en ronda con alguna muñeca olvidada. Cuentan algunos petroleros que los duendes “jonean” en los campamentos, como protegiendo territorios.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día