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Editorial
No hay crimen perfecto
Sábado,  7  de Diciembre, 2019
No-hay-crimen-perfecto

Algunos críticos habían observado el tono poco diplomático que usó la OEA durante los acontecimientos que rodearon a las elecciones del 20 de octubre. El propio Evo Morales ha colocado en su lista de “golpistas” al secretario general del organismo, Luis Almagro, por negarse a ocultar el informe de auditoría que lo obligó a proponer nuevos comicios, luego a renunciar y posteriormente, a huir despavorido.

En honor a la verdad, tanto los miembros de la misión de observación como el líder del sistema continental, se quedaron cortos al referirse a las irregularidades cometidas durante el acto de votación y los días posteriores, pues tienen todo el derecho a calificar las acciones como el resultado del crimen organizado, autor de delitos muy bien premeditados y ejecutados por esferas políticas de alto nivel.

Toda la estructura que montó el Gobierno del MAS para ganar en primera vuelta en las elecciones está contenida y muy bien detallada en el informe presentado el pasado miércoles por la OEA ante la delegación boliviana y la comunidad de naciones que integran la organización interamericana.

Las evidencias de manipulación son claras, desde el momento en que el Tribunal Supremo Electoral establece un sistema informático paralelo para introducir datos fraudulentos e interferir en la información fidedigna que salía de las urnas. Se contrató personal especial para administrar este trabajo, y por si fuera poco, se falsificaron actas, se destruyó material valioso y obviamente, se ordenó la paralización del conteo de votos la noche del sufragio, luego de advertir que el aparato montado para engañar a la gente no había sido suficiente.

Con estas pruebas queda demostrado que el andamiaje montado para el fraude, no fue obra sólo de los vocales que hoy están presos, sino de un esquema político que preparó el crimen con meses de anticipación, con mucha minuciosidad, recursos económicos abundantes y el soporte tecnológico especialmente dirigido para lograr los propósitos del régimen. El Tribunal Supremo Electoral fue simplemente un brazo ejecutor que se encargó de desmantelar la institución, de sacar del camino al personal incómodo y dejar que los criminales contratados por el Gobierno (supuestamente cubanos, como lo han denunciado medios internacionales) ejecuten el plan siniestro que hubiera permitido a la dictadura conservar el poder.

Quienes insisten en la teoría del “golpe de estado” y salen en defensa del líder cocalero, sólo por el hecho de que es un indígena de raigambre popular, ya saben la clase de criminal que están defendiendo, pues no se puede presumir que el gigantesco fraude no ha sido orden y obra de él y que por lo tanto debe ser juzgado con el máximo rigor, por cometer el crimen más grave que se puede asestar contra la democracia, a la que ya había herido de muerte al desconocer los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016 y postularse ilegalmente a la presidencia amparado en una resolución absurda.

Quienes insisten en la teoría del “golpe de estado” y salen en defensa del líder cocalero, sólo por el hecho de que es un indígena de raigambre popular, ya saben la clase de criminal que están defendiendo, pues no se puede presumir que el gigantesco fraude no ha sido orden y obra de él y que por lo tanto debe ser juzgado con el máximo rigor, por cometer el crimen más grave que se puede asestar contra la democracia

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