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 17 de Mayo de 2021
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Al menos 4 millones fuera de su país
Imparable éxodo de venezolanos, huyen de la inseguridad, violencia y falta de alimentos
Crisis. El mayor desplazamiento de personas en la región demanda una respuesta decidida y coordinada por parte de los países vecinos.
Miércoles,  10 de Julio, 2019
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Ref. Fotografia: Sobrevivencia. Eso buscan los residentes venezolanos en los países que lo acogen.

Las personas continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad y las amenazas, así como la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales. Con más de 4 millones de venezolanos y venezolanas que se encuentran viviendo en el exterior, la gran mayoría en países de América del Sur, este es el éxodo más grande en la historia reciente de la región.

El umbral de la pobreza. El movimiento es de tal escala que resulta difícil justificar que no se convierta en la absoluta prioridad de cualquier intento de coordinación internacional para afrontar la crisis venezolana. La razón es doble: primero, nada hace pensar que una eventual caída de Maduro seguida de una transición democrática frenase el éxito. Aunque la represión política es parte de los factores tras el éxodo, las causas principales hay que buscarlas en el profundo empobrecimiento que ha llevado a casi nueve de cada diez venezolanos bajo el umbral de la pobreza, así como en el desgarro del tejido social que lo ha acompañado. 

El daño ya está hecho. Por mucho que se pueda trazar la catástrofe económica a las malas decisiones del régimen, cambiarlo no va a acabar con la inflación ni reinstaurar la confianza dentro de las comunidades. El daño ya está hecho, y tardará mucho en arreglarse aunque se dispongan de todas las herramientas y ningún impedimento. En ese entretiempo, que probablemente dure varios años, la salida de personas en busca de una vida mejor no se detendrá.

El reto es gigantesco. Pero es que además el reto es tan descomunal que no puede ser enfrentado de manera eficaz por un solo país, o por un puñado de ellos de manera aislada y descoordinada. Colombia tiene en sus fronteras alrededor de 1,3 millones de personas de origen venezolano, de acuerdo con cálculos de su agencia migratoria. Perú, poco menos de la mitad. EEUU y España albergan alrededor de 300.000 cada uno; casi tantos están en Chile o en Ecuador.

Se reclama acción coordinada. La cifra no ha dejado de progresar desde 2016, y aunque dejase de hacerlo (algo poco probable) estos valores ya reclaman la necesidad de una acción coordinada. Algo que, como argumentan los autores del informe de la OEA, se conseguiría más fácilmente si los migrantes venezolanos obtuviesen estatus de refugiado. Según las cifras compiladas por ACNUR y la Organización Internacional de las Migraciones, casi medio millón de venezolanos han solicitado la condición, la mayoría en Perú. Hasta ahora, menos de un 10% la han conseguido.

Concentración. Es lógico y esperable que estas personas tiendan a concentrarse en ciertos países, en determinados municipios. Sea por accesibilidad, porque todos preferimos llegar a un lugar donde ya conocemos a alguien (y la migración se reproduce por ciclos de diáspora) para sentirnos más seguros, o por ambas razones. Es así que Puerto Santander o Villa del Rosario, ambos en el fronterizo departamento colombiano de Norte de Santander, cuentan con ratios de 23% o 17% de población migrante venezolana respectivamente. 

La paradoja. Tal es la paradoja para los gobiernos de la región. Si no actúan ya a una escala y una profundidad mucho mayor, y si no lo hacen precisamente porque tienen miedo de la desaprobación de un público cada vez más reacio a abrir sus puertas, no harán sino alimentar las probabilidades de que sea más difícil hacerlo después. Quizás esta ha sido el mayor interrogante que deja la recientemente cumbre de la OEA: a pesar del prolijo informe presentado sobre la migración venezolana, y a pesar de la buena voluntad recogida en la resolución final, cuando la marea mediática se ha retirado la playa no ha dejado al descubierto propuestas de suficiente calado. No se ve con el suficiente detalle de dónde van a venir los recursos a los que hace referencia la propia resolución para enfrentar la crisis, ni cómo van a llegar a las manos de quienes están en primera línea de respuesta humanitaria y de política pública.

Las cifras no dejan de aumentar. Según estima la ONU, un total de 2,3 millones de refugiados venezolanos abandonaron el país en los últimos años. Y la mayoría se trasladaron a países de la región.

Huyen de la peor crisis económica de la historia reciente del país, con la mayor inflación del mundo y con problemas de desabastecimiento de ciertos alimentos, medicinas y productos básicos.

Bolivia como país de tránsito. En lo que va del año, 7.451 venezolanos llegaron a Bolivia, lo que representa cerca del 50% del total de ingresos de ciudadanos de esa nacionalidad en todo el 2018. La mayoría usa a Bolivia como país de tránsito para llegar a otros destinos, según datos de la Dirección General de Migración.

De los 7.451, un total de 707 se quedaron en territorio nacional de manera regular, portando los documentos exigidos por ley.

4 Mil
venezolanos viven legalmente en el país.

13 Mil
Venezolanos ingresaron a Bolivia en 2018 por el Desaguadero en Perú.

América latina acoge a la mayoría de los migrantes

Según las últimas estadísticas de la ONU, el continente acoge a la gran mayoría de los fugados, comenzando por la vecina Colombia (1.300.000), que no sólo es ruta obligada de paso para la mayoría de los que emigran, sino también el principal territorio de acogida y el escenario de la emigración pendular, aquella que entra y sale todos los días en busca de alimentos y medicinas. Perú (786.000), Chile (288.000), Ecuador (263.000), Brasil (168.000), Argentina (130.000) y Panamá (94.400) son los otros países de acogida en la región.

cientos de miles de venezolanos y venezolanas permanecen sin ningún tipo de documentación o permiso para permanecer regularmente en los países cercanos, y por lo tanto carecen de acceso formal a los derechos y servicios básicos.

Sobrevivir

Bolívares.  Los ciudadanos venezolanos que llegan   al país  “buscan las formas de sobrevivir durante los primeros días de su estadía. Aparte de dulces, hay quienes ofertan, en los micros, sus billetes a cambio de “una colaboración”; otros, en cambio,  encontraron la forma de comercializar los cortes.  

Equivalencia. Un boliviano equivale a 0,00132  bolívares soberanos, según la tabla de cotizaciones del Banco Central de Bolivia. Hay venezolanos que ofertan su colección de 11 billetes por 30 bolivianos.

Hay otros que en los alrededores del viejo mercado La Ramada, ofertan poner ojales metálicos a los cinturones, cada ojal cuesta 5 bolivianos.

Vidas. Los inmigrantes venezolanos en Bolivia confían en reconstruir sus vidas contando con la solidaridad de la población, aunque su vulnerabilidad ha sido patente con la expulsión de 6 de ellos por manifestarse contra la embajada de Cuba.

Agencias eldia@eldia.com.bo
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