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Barlamentos
Mueller y Moro
Viernes,  7  de Diciembre, 2018

He estado siguiendo de cerca la batahola de un Presidente estadounidense, Donald Trump, mandatario de dudosa victoria electoral para quienes desconocen curvas y precipicios de las leyes de ese país. Esto es, al margen de sus reiteradas torpezas por su inclinación a la boconería permitida por los mensajitos en las redes sociales. Vaticino que ingresarán en algún burlón registro, junto a la ilustre compañía de otros zonzos de su historia: se llamarán “trumpiadas”, a semejanza de las “evadas”, “lineradas”, “luladas”, “maduradas” y otras que mi cacumen se resiste a recordar.

 Confieso que mis fuentes impresas son en su mayoría objeto de hostilidad a cierta prensa de esa gran nación. Sin embargo, sostengo que el meollo del asunto es lo que llaman la trama rusa. A la gente de EEUU afecta, y mucho, que su adversario geopolítico, por no decir el enemigo que es Rusia, reviviera de la derrota en la Guerra Fría que desmembrara al imperio soviético, tanto como para meter mano en las últimas elecciones estadounidenses.

 Así como el “imperio” estadounidense tiene a un elefante Trump en tienda de cristalería, Rusia tiene a un oso rabioso, un antiguo miembro de su servicio secreto, el astuto Vladimir Putin, empeñado en recuperar algo de su imperio perdido en la Guerra Fría. Ucrania es su actual víctima, aunque ahora los Países Bálticos –Estonia, Lituania y Letonia- viven aprensivos de la amenaza rusa hoy que Trump le da palo a la OTAN y quisiera retirar sus tropas de Europa.

 Treinta y cuatro personas renunciaron o enfrentan cargos criminales en la investigación del equipo de fiscales presidido por Robert Mueller III, sobre la injerencia rusa en las pasadas elecciones. Aparte de Trump y de varios rusos, poco a poco han ido cayendo figuras importantes de su equipo: Michael Cohen, Paul Manafort, Rick Gates, Michael T. Flynn, George Papadopoulos, Richard Pinedo, Alex van der Zwaan, Roger Stone, el general John Kelly, etc. Tenían el denominador común de ser caucásicos, aunque sus apellidos sugirieran ancestros griegos, “latinos” u holandeses. Hasta que cayó en desgracia Omarosa Manigault-Newman, la única afroamericana, que a diferencia de los otros le salió respondona: publicó un libro que asemeja una novela de tejemanejes escandalosos del mundillo de Trump.

 Analistas anotan que una de las cuestiones principales en el escándalo Trump-Rusia es si Trump es vulnerable a los chantajes de Putin. Es un aspecto que deja chiquita a la notoria “cinta de orines”, que mostraba a Trump orinando sobre la cama donde había dormido Barack Obama. “Todavía no se sabe a ciencia cierta que Rusia haya usado su influencia sobre Trump. Pero ya no hay ninguna duda de que Rusia tiene influencia sobre él”, dice Michelle Goldberg. Ahora es diaria la alarma sobre la seguridad nacional por los dislates de Donald Trump. La cosa es si los Republicanos del Senado harán algo en contra de un jefazo que prometió rodearse “de la gente mejor y más seria”.

 Confieso cierta predilección por los símiles. Así el desenlace fuera la cárcel para Lula da Silva, y todavía sea incierta la suerte de Donald Trump, difícil es desligar al juez brasileño Sergio Moro del fiscal especial estadounidense Robert Mueller III. Llevando el tema un poco más allá, entre la bella y seria jueza Gabriela Hardt y los reverberos de la Operación Lava Jato contra la componenda corrupta entre empresarios y politiqueros. Tal vez de ese modo aprenderemos aquello de que nadie está al margen de las leyes en regímenes políticos donde impera la verdadera democracia.

 ¿Quién dice que lo menudo no es importante? La corrupción es hedionda y su fragancia no es la del perfume francés que viene en frasco chico. Sin embargo, así un vicepresidente impostor hubiese prometido que en veinte años estaríamos al nivel de Suiza, es la pequeñez de Bolivia lo que separa a Evo Morales de ser implicado en el Lava Jato; de ser pringado como tantos otros politiqueros en el mayor escándalo de corrupción en Suramérica.

Fuera común el gobierno del populista de derecha Donald Trump en Estados Unidos y el régimen del populista de izquierda Evo Morales en Bolivia, tal vez será después de que terminen los procesos judiciales a su padrino Lula da Silva, ojala antes de las elecciones de 2019, que finalmente la sucesora del juez Sergio Moro volcará atención a las minucias de corruptelas –tal vez pequeñas para Brasil, pero grandes para Bolivia- que implican a Evo Morales y a su entorno. Ahí se verá si prevalecen obsecuentes estamentos, como el Tribunal Supremo Electoral que hace poco aceptara que Evo Morales vulnere su propia Constitución y desobedezca la voluntad mayoritaria del Referendo del 21 de Febrero de 2016, el 21F.