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Los peligros que acechan
Editorial
Miércoles,  17  de Febrero, 2010

Las primeras señales de alarma para Santa Cruz se han vuelto a disparar desde el reporte de casos de dengue en el departamento de Pando hace pocos meses. Hasta entonces, nos hemos estado vanagloriando de haber detenido la epidemia de dengue hemorrágico y controlado de manera categórica la gripe A H1N1. Nos hemos dado el lujo de bajar la guardia pese a las amenazas latentes. Las autoridades de salud locales se han dado cuenta pronto de este fenómeno entre la población. Basta recordar que ante la inminencia de la temporada de lluvias se ha llamado a “mingas” en los barrios para eliminar desechos y potenciales criaderos de mosquitos, sin que la  gente haya respondido de manera satisfactoria. Más ha sido el ruido que las nueces. Sin duda.
La apatía de la población cruceña y su propia idiosincrasia se está imponiendo pese a la inminencia de otro brote de dengue. Hasta ahora los casos de San Matías que incluyen fallecimientos por dengue no parecen alarmarnos, pero ya representan una señal de que el peligro nuevamente acecha. No obstante da la impresión que nos la estamos tomando con mucha calma, o con mucha negligencia. Sin ir lejos la gente sigue arrojando desperdicios en los canales de drenaje sin tomar en cuenta lo pernicioso que es crear espacios para aguas detenidas. En las casas se siguen acumulando recipientes vacíos y neumáticos viejos, como si nada hubiera pasado.
En los hechos la gente actúa como si no hubiera asimilado la valiosa experiencia de la prevención y control de las enfermedades que se transmiten por mosquitos y que hace poco nos tuvieron muy atareados. Resulta poco notorio que pueden actuar a conciencia en la prevención del dengue, por ejemplo, que viene a ser una conducta útil para combatir otras enfermedades como la fiebre amarilla y el propio paludismo. A los hospitales y centros de salud de la ciudad están llegando con cada vez más frecuencia pacientes sospechosos de dengue, aunque todavía no en la magnitud como para dar la alarma de brote epidémico. Aquí es donde los líderes vecinales tienen que asumir su rol.
Son ellos los indicados para movilizar a la gente de los barrios. Bajo su autoridad y dinamismo es posible contener las amenazas que se ciernen sobre la ciudad, con el agregado de una temporada de lluvias intensa y favorecedora de la reproducción de mosquitos de todo tipo. Como si ello no fuera suficiente, se han reportado casos de muerte por hanta virus, que es otro tipo de virus que se transmite por medio de un roedor, que abunda en situaciones de desastre, inundaciones y falta de alimentos. Los casos del área rural pueden reproducirse fácilmente en los populosos barrios urbanos anegados. O entre los afectados por las riadas. Toda una amenaza.
La temporada de lluvias y calor se presta también a la aparición de enfermedades diarreicas, justamente por el descuido en la preparación e higiene de los alimentos. Además, las enfermedades respiratorias hacen de las suyas entre los más niños, que no siempre pueden resistir los cambios bruscos de temperatura que caracteriza a la época. Ante tantos peligros que nos acechan, especialmente el dengue y otros, el rol de los líderes vecinales cobra una importancia destacada, porque ellos son los nexos que permiten a las autoridades de Salud asumir medidas técnicas de prevención y control como corresponde. Pasado el Carnaval, sería muy oportuno demostrarnos a nosotros mismos que hemos aprendido las lecciones del pasado.

El rol de los  líderes vecinales cobra importancia destacada, para que las autoridades de salud asuman medidas de prevención y control

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