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Editorial
Ciento por ciento dictadura
Martes,  22 de Mayo, 2018
Ciento-por-ciento-dictadura

Días antes de las elecciones circuló un video que mostraba al presidente venezolano Nicolás Maduro saludando a una plaza vacía. Hacía gestos de victoria y de agradecimiento mientras las cámaras y todo un equipo de producción audiovisual le seguían los pasos, obedeciendo el guión establecido.

Esa puesta en escena, una farsa en realidad, seguramente se verá en los próximos días en todos los canales de televisión y donde había una explanada desierta aparecerán decenas de miles de personas, que los técnicos del montaje se encargarán de incorporar para emitir el mensaje del líder reelecto aclamado multitudes que el chavismo ya no es capaz de reunir como lo hacía en el pasado.

La comedia cinematográfica previamente preparada formaba parte de la percepción que el mismo régimen tenía de los comicios celebrados el domingo en Venezuela, donde menos del 35 por ciento de la ciudadanía acudió a votar, con un saldo a favor de Maduro de algo más del 68 por ciento de los sufragios, mientras que el falso candidato opositor, Henri Falcón obtuvo el 21 por ciento de la preferencia electoral.

Hablar de las cifras obtenidas por ambos postulantes es absolutamente arriesgado puesto que todo lo que sucede en la política venezolana carece de autenticidad. Lo único real –y hasta la propia dictadura lo reconoce-, es el rechazo generalizado de la gente, que se abstuvo de participar en el fraude, obedeciendo la premisa de las verdaderas fuerzas opositoras y los sectores que vienen luchando en las calles por la recuperación de la democracia.

La comunidad internacional, casi de forma unánime ha anunciado que desconocerá los resultados de las recientes elecciones, una medida que se suma a toda una serie de sanciones que se han venido aplicando en contra de la autocracia madurista desde hace un par de años. Es verdad que no se puede confiar en la eficacia de los sistemas de coerción que se aplican en estas situaciones, pero es mucho más cierto que tiranías como las de Cuba, la más longeva del continente, no hubieran sido posible sin la mirada complaciente de los países que supuestamente defienden la democracia y que jamás permitirán un régimen como el que han impuesto los Castro durante casi 60 años.

Los instrumentos creados por los organismos supranacionales no han sido contundentes a la hora de preservar la democracia y frecuentemente los impostores de turno se escudan en el respaldo popular para mantener un sistema que presuntamente persigue el orden, la estabilidad y el equilibrio social. En Venezuela todo eso ha desaparecido y tal como ha quedado patente en el acto del domingo, es innegable que el chavismo carece de apoyo ciudadano .

Casi todos los que presionan al madurismo estaban de acuerdo con la suspensión de las elecciones del 20 de mayo. No lo consiguieron, aunque de todas formas, el evento ha servido para dejar al descubierto una dictadura a la que no le queda ni lo más elemental de un sistema democrático. Tolerar esta situación es tan grave como el apoyo descarado que expresa el Gobierno boliviano.

Las elecciones venezolanas han servido para dejar al descubierto una dictadura a la que no le queda ni lo más elemental de un sistema democrático. Tolerar esta situación es tan grave como el apoyo descarado que expresa el Gobierno boliviano.