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El Punto
El llanto de Aldo Moro
Martes,  1 de Agosto, 2017

Las lágrimas de Aldo Moro fueron encontradas en las cartas que escribió en la prisión de las Brigadas Rojas. Este es uno de los últimos y recientes secretos sobre el Presidente del Consejo de Ministros que sacan a luz un grupo de investigadores italianos, gracias al uso de un microscopio electrónico.

El reciente descubrimiento, que conmovió a los científicos del Instituto central para la restauración y conservación del patrimonio documental y del libro (Icpal), fue hecho en una de las últimas cartas de Moro donde algunos párrafos muestran manchas provocadas por sus lágrimas. Aunque si la hipótesis es muy fuerte, sin embargo, no es confirmada del todo. Los residuos de sal de cloro y potasio encontrados apuntan a ello. Una prueba definitiva implicaría destruir las cartas originales para extraer el DNA. Trabajo histórico imposible.

La muerte de Aldo Moro, a 39 años de su secuestro, es una herida abierta que no cicatrizará nunca. El caso político más conmovedor, misterioso, inolvidable y complejo de Italia. Los jueces analizaron el episodio en cinco procesos y se realizaron tres encuestas parlamentarias. Y sin embargo, hasta hoy no se sabe quién guiaba al grupo terrorista de las Brigadas Rojas, cuántas personas participaron en el secuestro o el verdadero motivo político del mismo.

Una llave de lectura nos la da el filme Plaza de las cinco lunas (2003) del director Renzo Martinelli.

En la película se habla de una presunta participación de la agencia de espionaje estadounidense (CIA) -hipótesis ya lanzada hace años por el historiador Nicola Tranfaglia- y confirmada hace tiempo por Giovanni Galloni, un anciano y exdirigente de la Democracia Cristiana, quien también hace referencia a la presencia del Mossad, el servicio secreto israelí.

En realidad, la afirmación de estos hechos pertenecería al propio Aldo Moro, quien pocas semanas antes de su secuestro -el 16 de marzo de 1978, cuando se dirigía al Parlamento a consagrar el gobierno que se había fijado- habría confesado a Galloni que ambos servicios de inteligencia eran infiltrados al interior de la estructura de las Brigadas Rojas. La fatídica organización fue creada por Renato Curcio y su esposa Mara Cagol, entonces dos estudiantes de sociología de Trento y militantes del Partido Comunista Italiano.

Galloni no dice nada sobre el objetivo de esa presencia y, sobre todo, que nunca fue comunicada oficialmente a Moro, ni por los aliados estadounidenses ni por el propio servicio secreto italiano. Tímidamente, ha dado a entender que estaban en juego sensible aspectos políticos, como el posible acuerdo con el Partido Comunista Italiano de Enrico Berlinguer, cuya finalidad era orientada a salvar el frágil sistema político del país que nació después de la guerra; y militares, como la instalación de bases militares en Italia en caso de un conflicto armado con la ex-URSS, a las que Moro se habría opuesto.

Durante los meses que Moro estuvo en manos de sus secuestradores, escribió cartas a familiares y políticos de su propio partido. Releyéndolas, llama la atención aquellas escritas a la dirigencia de la DC, en las que tanto el estadista como su familia les solicitan implorantes asumir la propia responsabilidad.

En una de ellas, justamente, Moro escribe a Enio Zacaccagnini, “entendiendo dirigirse a Piccoli (Flaminio, presidente de la Cámara de Diputados), Bartolomei, Galloni, Gaspari, Fanfani, Andreotti y Cossiga (...) Es un deber, al describir la desgraciada situación, que yo recuerdo el mío extremo, reiterado y motivado rechazo de asumir el cargo de Presidente que tú me ofrecías y que ahora me quita a mi familia, mientras ella tiene la más grande necesidad de mí. Moralmente eres tú a estar en mi puesto, donde materialmente estoy yo”.

El gobierno, entonces dirigido por Giulio Andreotti, insistirá en su negativa a cualquier forma de acuerdo con las Brigadas Rojas.

El 9 de mayo de 1978 Aldo Moro fue asesinado junto a cinco oficiales de su escolta. Con su muerte, la Primera República entró en crisis hasta caer catorce años después debido a los golpes de Tangentopoli, un millonario proceso de corrupción al más alto nivel y provocando la caída del gobierno de Bettino Craxi.