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Editorial
El azote del desempleo
Sábado,  17  de Diciembre, 2016

Entre los derechos fundamentales del ser humano y los parámetros para medir la calidad de vida está el acceso al trabajo. De hecho, sin empleo o fuente de trabajo, representa una enorme dificultad para el individuo conseguir los recursos económicos que le permitan satisfacer las elementales necesidades para la vida. Resulta que los Gobiernos están en la obligación de crear fuentes laborales, especialmente para la juventud emergente de la población. Sin embargo, cada vez son más los profesionales recién egresados que se encuentran en situación de desempleo, lo que refleja la incoherencia entre lo que el sistema educativo ofrece y lo que el aparato productivo del país necesita.

Por otra parte, la inserción laboral al aparato productivo deviene en una serie de requisitos que no siempre los postulantes están en condiciones de cumplir, justamente por no estar en el nivel de capacitación deseado. Esta figura obliga a la mayor parte de la población en edad de producir a generar un autoempleo que no llega a satisfacer lo básico. La merma de ingresos familiares se expresa en una pobreza creciente, donde los niños se ven obligados a trabajar o a mendigar, mientras la juventud se enfrenta al lúgubre panorama de la supervivencia, en condiciones de vulnerabilidad a la explotación de todo tipo. En los casos extremos se recurre, por fuerza, a la delincuencia.

El último informe de la Organización Internacional del Trabajo ha señalado que el desempleo en América Latina y el Caribe ha alcanzado sus niveles más elevados desde la última crisis financiera internacional. Lo sugerente es que estos niveles preocupantes están acompañados de un desempeño económico negativo en la mayor parte de los países de la región, cuya mayor expresión representa hoy Brasil. Las cifras que cita el organismo internacional son elocuentes por sus diferencias porcentuales con el pasado. Se trata, nada menos, que de la cifra más alta de desempleo vista desde hace siete años. La desocupación regional ha llegado a veinticinco millones de personas desocupadas.

Conviene detenerse en el desempeño económico de los países de la región, que la Organización Internacional del Trabajo ha señalado como el factor determinante para que el desempleo se convierta en un azote social. Todo indica que -de un modo ú otro- no se ha aprovechado el “boom” del alza del precio de las materias primas de la década pasada ni se han tomado las previsiones necesarias para encarar los tiempos de vacas flacas. La última crisis internacional que ha sacudido al mundo, se ha caracterizado por el descenso vertiginoso del precio del petróleo, lo que ha incidido en la debacle de las economías subdesarrolladas, cuyas dirigencias han dilapidado alegremente los recursos.

El pobre desempeño económico de los países de la región refleja la irresponsabilidad de los gobiernos que han recurrido a la demagogia en su afán de aferrarse al poder, olvidando que la generación de fuentes de trabajo resulta determinante a la hora de asegurar el bienestar de la población. No sólo se combate de ese modo la pobreza, sino que se impulsa la dinámica productiva y se fortalece la cadena económica de producción de bienes. La enorme brecha entre la masa de asalariados y los desocupados, muestra a las claras que las dirigencias políticas no han aprendido de la historia, porque su comportamiento sigue sin responder a las exigencias del presente y menos del futuro.

La enorme brecha existente entre los que trabajan y los desocupados, muestra a las claras que las dirigencias políticas no han aprendido de la historia, porque su comportamiento sigue sin responder a las exigencias del presente y menos del futuro.

 

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