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Trasfondo político del calentamiento global
Viernes,  2  de Diciembre, 2016

Vi los últimos pataleos de Barack Obama alertando del calentamiento global, después del sofocón de la derrota electoral de Hillary Clinton. Así Morgan Freeman y Leonardo di Caprio conduzcan esfuerzos de concientizar, pocos hacen caso a un pato cojo, que es como en EE.UU llaman a mandatarios todavía en ejercicio, desde las elecciones de noviembre hasta la asunción de nuevos gobiernos en enero. 

Los campos están claramente delimitados. En un bando, los agoreros del calentamiento global, que aún con simpatía del gobierno demócrata, poco hicieron para frenar el mayor culpable: la adicción gringa a los combustibles fósiles. Los ambientalistas ni siquiera mellaron la depredación de uno de los pulmones del planeta: las selvas indonesias taladas para producir aceite de palma con destino a la comida basura. ¿Los barquitos de Greenpeace podrán contra naves-factoría de japoneses ávidos de carne de ballena? 

En otro bando, los “blancos” retrógrados ciegos a que el planeta se calienta; que Groenlandia esté en los últimos estertores de agua sólida con su hielo cambiando de blanco a gris; que los glaciares sean cosa del pasado; que los océanos van en aumento con los hielos polares que se derriten; que más podrá la ambición territorial de países que ya se han repartido la Antártida, Chile y Argentina entre ellos, quizá por sus recursos naturales. Con el advenimiento de Donald Trump, demagogo populista de derecha, las cosas se pondrán color de hormiga.  

¿Existen consecuencias visibles del calentamiento global en Bolivia? Claro que sí. 

Es un país que tradicionalmente depreda sus recursos naturales. Que lo diga la matanza anual de caimanes, jaguares y londras con pieles valiosas para el contrabando, u osos de anteojos –“jucumaris”- para amuletos de yatiris. Que lo digan los ríos amazónicos envenenados con mercurio para extraer oro, o el río Pilcomayo podrido con deslaves minerales así se jodan los Weenhayek y los que gustan de los sábalos.

¿Que el Chapare era una selva húmeda antes de un inmenso cocal? ¡Qué importa! Ni siquiera el Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro-Sécure (Tipnis) se salva del infame Polígono Siete de cocaleros y de la carretera asesina Villa Tunari-San Ignacio de Moxos que el gobernante cocalero dice que construirá “sí o sí”. Ni el Tata Illimani es sagrado. ¿A quién le importa que el río Rocha sea turbio de basura? 

 Si de indicios del calentamiento global se trata, a pocos importó el secamiento del lago Poopó. Pero tenemos el Uru Uru, dijo algún iluso. ¿Y ahora?, digo yo. Que los Uru Murato pescarán en lago seco mientras las ciudades chilenas beben agua de manantiales del Silala, solo preocupa cuando la sede de Gobierno, La Paz, y su gemela aymara, El Alto, sufren racionamiento de agua. Claro, ya quedan pocos glaciares, algo que se sabía desde que no se pudo esquiar en Chacaltaya, hace décadas. ¿A quién importa si la reseca Laguna Colorada ya no alberga flamencos rosados, mientras la empresa San Cristóbal usa millones de litros de agua lavando minerales? Que ya no existen las “cochas” que le dieran el nombre a Cochabamba, y su último espejo de agua genera ciano-bacterias que dizque matan a los vecinos que botan aguas servidas a la Laguna Alalay. Que los navales chapotean en una Angostura sin agua. 

Sin embargo, el calentamiento global no amainará si Bolivia controla su agua. Es potencia hídrica mundial que podría generar recursos con la energía eléctrica vendida a Brasil, Perú o al país que sea, al  tiempo que controla las aguas que fluyen al río Amazonas y de ahí al Océano Atlántico. Hoy ocasionan solamente un ciclo dañino de sequía e inundación. Los embalses serán una fuente de agua dulce en el futuro, buenos también para bombearse adonde fuera requerido el líquido elemento, sea para riego o para que se bañen los bolivianos. 

Una vía es la hidroelectricidad, mediante represas en El Bala y Rositas o adonde sea. Fíjense dónde están las represas más grandes del mundo y correlaciónenlas con el grado de riqueza de sus naciones. La hidroelectricidad no es la única fuente. Que la Escandinavia de energía limpia financie opciones eólicas en el ventoso altiplano; ¿por qué no aprovechar las fuentes térmicas de las entrañas de la Tierra, (renovables), en vez de la termoelectricidad alimentada por gas natural (irreversible)?

El dilema es de actualidad en cuanto refleja un cuarto de conversión de un Gobierno que empezó “pachamamista” y ojalá termine realista y visionario. Eso no quiere decir propenso a obras megalómanas, como el desperdicio del satélite Túpac Katari, el nuevo Palacio en una ciudad que ni es capital de la nación, el museo “evólatra” en Orinoca, las centenas de canchitas con césped sintético del “Evo Cumple”, la planta de energía atómica. Si ni siquiera pudieron prever, y menos solucionar, la presente sequía. 

¿Será que es asunto de mandamases demagogos? Salvadas las proporciones entre Bolivia y el “Imperio”, ¿será la misma chola con otra pollera el mentiroso reaccionario que es Trump, y el revolucionario de mentira que es Evo? En vez de un ¡sálvese quien pueda!, vaya una estrofa de la cueca “Mal pagadora” de los tucumanos Tucu Tucu: “Total, mi huella es de nadie, todos la caminan pero no la ven”.

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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