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Efectos políticos de las elecciones subnacionales
Sábado,  25 de Abril, 2015

P ara analizar los efectos políticos de las elecciones subnacionales  es preciso tener en cuenta que, desde hace una década, el escenario político se ha complejizado por la combinación de dos lógicas de distribución de los recursos institucionales de poder. Una combinación que define el proceso decisional, es decir, el estilo de gobierno. A la convencional distribución horizontal del poder político que define las relaciones entre el Ejecutivo y el Parlamento se sumó –desde 2005– una distribución vertical que establece el vínculo entre el presidente y las autoridades departamentales.

Hasta 2005, la distribución del poder se limitaba al ámbito parlamentario y se definía bajo el fantasma de la ingobernabilidad incentivando la formación de coaliciones mayoritarias (la “democracia pactada” entre 1985 y 2003) en respaldo del presidente. La elección de prefectos mediante voto popular en 2005 sentó las bases de una división vertical de poderes que, con la implementación de las autonomías departamentales desde el 2010, se institucionalizó como un rasgo del Estado Plurinacional.

Esta distinción permite evaluar los resultados de los comicios departamentales del 29 de marzo, no obstante la elección de dos gobernadores se definirá en segunda vuelta. Por ahora, cinco gobernadores son oficialistas y dos opositores. Excepto en Santa Cruz, el MAS tendría mayoría en las asambleas departamentales y es probable que la mayoría de los gobernadores sean de la oposición, aunque ese vocablo sólo sirve para designar a los rivales del MAS, no caracteriza a un actor específico, menos una coalición. Por lo pronto, lo que interesa es destacar la nueva configuración del campo político comparando la distribución horizontal y vertical del poder en las tres gestiones de Evo Morales. No tiene sentido comparar los resultados de los comicios subnacionales de marzo de 2015  y las elecciones generales de octubre de 2014 para debatir acerca de la hegemonía del MAS; ese es un ejercicio que vale como distracción en los mass media y en las redes sociales pero no aporta a la comprensión del fenómeno, más aún si se usan metáforas de gastronomía, física cuántica o  albañilería.

La primera gestión de Evo Morales se caracterizó por una intensa polarización política que se expresó institucionalmente en la coexistencia de dos figuras complejas entre 2006 y 2009: gobierno dividido y pugna vertical de poderes, porque el Senado era controlado por la oposición y se conformó una coalición de prefectos hostiles (la “media luna”) al Presidente. Esa pugna concluyó con el referéndum por revocatoria de mandato. En cambio, entre 2009-2014, el MAS tuvo mayoría calificada en la Asamblea Legislativa y el control de siete gobernaciones (con un par de maniobras de por medio). Es una fase de despliegue de la capacidad hegemónica del proyecto del MAS bajo un gobierno que concentró el poder de manera inédita.

Se fortaleció el decisionismo presidencial porque se debilitaron los controles de carácter multipartidario (por la carencia de pluralismo en el legislativo) y de carácter contramayoritario (debido a la subordinación de otros órganos del Estado al ejecutivo). También se acrecentó el centralismo por la precariedad de los gobiernos departamentales y la lentitud en la elaboración de estatutos autonómicos.

La tercera gestión del MAS muestra una combinación inédita porque en octubre de 2014 se reprodujo la mayoría oficialista en la Asamblea Legislativa y en marzo de 2105 se forjó una interesante división vertical de poderes. Es decir, no se repetirá la polarización conflictiva de la primera gestión (aunque en algunas regiones, como en La Paz, habrá “gobierno dividido”); tampoco se reiterará la supremacía oficialista de la segunda gestión. Los resultados de los comicios subnacionales configuraron escenarios políticos pluralistas más proclives a la interacción política y a la colaboración intergubernamental, además, la implementación de la Agenda Patriótica 2025 puede incentivar acuerdos entre Gobierno central y gobernadores opositores, incluyendo a los alcaldes opositores o ajenos al MAS que vencieron en la mayoría de las ciudades. A este panorama se suma la realización de referendos para aprobar cinco estatutos departamentales a mitad de año como parte de un impulso al proceso autonómico en la construcción del Estado Plurinacional.