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El trabajo infantil
Editorial
Lunes,  14 de Septiembre, 2009

Pese a los ingentes esfuerzos de gobiernos y organismos internacionales, la explotación y el abuso de los niños a través del trabajo sigue siendo uno de los grandes problemas no resueltos que se espera sea encarado de modo responsable en este Siglo Veintiuno. Es que se trata de un verdadero reto de responsabilidad y sensibilidad social con un fuerte componente ético que los gobiernos no terminan de abordar por la persistencia de intereses económicos ligados a la acumulación inescrupulosa de capital y de bienes. Para colmo de males, la profundización de la crisis económica en América Latina está incidiendo en el aumento de la explotación infantil, con particular énfasis en Argentina, Brasil y Bolivia.
Según las denuncias elevadas por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos al Congreso de ese país, y a las que se ha sumado la Organización de las Naciones Unidas, los menores trabajan en la elaboración de 122 productos en 58 países, en condiciones de esclavitud, privados del acceso al estudio y al entretenimiento propios de su edad, lo que constituye en una flagrante afrenta a los derechos humanos de la infancia. La penosa situación de los menores explotados se verifica en las minas, las fábricas y en el trabajo agrícola. Por la crisis muchos menores trabajan voluntariamente para ayudar a sus familias, pero resulta evidente y grave que en algunos países simplemente se los obliga a trabajar.
Resulta lamentable comprobar que la lucha contra la explotación laboral de los niños sigue siendo parte del discurso fácil de los gobiernos, mientras que no se toman medidas drásticas, permanentes y efectivas para poner remedio a la situación. Los informes sobre la situación de los menores en Bolivia hacen hincapié sobre las penosas circunstancias que viven los niños indígenas e inmigrantes, a quienes al impedirles el acceso a la educación simplemente se los condena a la pobreza que se prolonga de generación en generación. Este extremo ya había sido abordado en un lapidario informe anterior de las Naciones Unidas.
Los recientes informes de estos organismos, de los que se hace eco la prensa internacional, son simplemente constataciones dolorosas de que el trabajo infantil sigue siendo un problema enorme en Bolivia, especialmente en algunas regiones del Chaco, Beni y Santa Cruz, donde la presencia del Estado sigue siendo escasa y las condiciones de vida de la población son características del abandono, la pobreza y la marginación en que se debaten. Las autoridades nacionales no han podido resolver hasta el momento estas adversas condiciones que colocan a Bolivia entre los países de la región que explotan a los niños.
Esta tarea pendiente implica voluntad política y planificación con recursos. En este punto, no se trata tan sólo de proporcionar a los grupos en riesgo –la infancia explotada- y sus familias, los elementos básicos para una vida digna, sino sobre todo de una tarea titánica de transformación socioeconómica que aliente la convivencia civilizada, destierre la explotación laboral infantil y proporcione a las fuerzas sociales y productivas de la región de las condiciones de desarrollo y progreso necesarias para superar la crisis económica y la pobreza en el país.

Las autoridades nacionales no han podido resolver las adversas condiciones que colocan a Bolivia entre los países que explotan a los niños.