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¿Cuento chino o mamada corrupta?
Viernes,  9 de Mayo, 2014

No sé si es suspicacia mía, pero la mamada de las barcazas chinas se maneja con más sigilo que alguna compra de misiles y bombas atómicas para recuperar el mar perdido en 1879. La idea del proyecto –no la de los misiles y bombas atómicas- era buena. La Hidrovía en los ríos Paraguay y Paraná es una gran carretera fluvial que aprovechó Joaquín Aguirre Lavayén al desarrollar Puerto Aguirre y exportar soya. Los tiempos han cambiado. Esta vez Paraguay no envió una cañonera para llevar presos a los visionarios a Asunción, como hiciera a fines del siglo XIX con Puerto Pacheco y el ancestro de mi amigo Joaquín, Suárez Arana.

Buena cosa que la pomposa Empresa Naviera Boliviana (Enabol) contratara 16 barcazas y dos remolcadores para atender el transporte, entonces más urgente para que la empresa india Jindal exportara el hierro del Mutún, idea que abortó porque el Estado no proveyó el gas natural necesario. Mala cosa el tufillo de que el contrato tenía un costo y luego se modificaron los documentos para otro precio; que los coreanos contratados fueran incapaces de cumplir el encargo, y lo traspasaran a unos chinos que entraron en quiebra. Resultado: el Estado boliviano tiene un buraco de más de 25 millones de dólares adelantados, China está a punto de subastar el trabajo incompleto y su Cancillería sugiere que Bolivia reclame a Corea.

Da para una paráfrasis de la finada Celia Cruz y su “Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé”, pero con nombres coreanos y chinos. Aparte de la frondosa delegación boliviana agraciada con un viaje a China a reclamar el entuerto, otro beneficiado sería el abogado que blinda legalmente al “Songo”, zonzo o vivillo oficial naval que soltó la marmaja antes de ver una chalupa; el quizá ‘abogánster’ es también sospechoso, porque tiene en su haber, o su prontuario, defender al extorsionador del caso separatismo, el fugitivo Marcelo Soza.

Tal vez es demasiado colchón de hojas muertas otoñales, para resumir mi sentir al leer que Perú compró un satélite de última generación de Francia. El satélite Asrosat 300 fue contratado por el Ministerio de Defensa peruano, donde dudo que algún almirante se pringue las manos con  alguna. Su satélite cumplirá múltiples funciones en temas de seguridad nacional, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, y el seguimiento de fenómenos climáticos y naturales.

La cereza del pastel es que costará $89 millones de dólares menos que los $302 millones de verdes del satélite boliviano Túpac Katari. Si causaba resquemor que un satélite nicaragüense igual al Túpac Katari costó $54 millones menos, para mayor bronca piense el lector en cuántos hospitales se podrían equipar, cuántas escuelas se podrían construir, con semejante montón de plata de los bolivianos. 

Pero hay más. La nueva estrella boliviana en el firmamento con que endiosan el Túpac Katari, hace creer a los ignaros ilusos que Bolivia alcanzó la categoría de potencia espacial con el Gobierno del cambio. Margaret Rouse es una experta en satélites de órbita geoestacionaria. Si Bolivia es un país donde damos marcha atrás fomentando aprendizaje de lenguas indígenas, ella conoce idiomas cibernéticos que ni sabía existían: habla fluido Geek, Biz-speak, Cloud, SAPanese, VAR, BI/BA, Storage, Security, Agile, Networking, SEO y Marketing, traduciendo esos trabalenguas especializados al inglés común.

Rouse denunció que el satélite boliviano no beneficiará a la agricultura ni a la educación al no sacar fotos, no reconocer cultivos y no medir variables meteorológicas para predecir inundaciones.
Señaló que el artilugio millonario no sirve para prevenir desastres, ni para GPS, ni para uso militar y sólo retransmite televisión abierta. Ya el mandamás de la Agencia Boliviana Espacial (ABE), ante la cual tiembla la NASA, reconoció que no tenía sentido que el Túpac Katari tuviese cámara, debido a que está en una órbita “a 3.600 km de la Tierra”. La única función que tiene el Túpac Katari es repetir señales, dijo. Bueno, es cierto, pero son 36.000 km y la cámara no sería una desechable china.
La experta llegó al extremo de calificar la adquisición del Túpac Katari como una “estafa”, porque la señal que retransmite el satélite es de baja calidad. En efecto, pruebas realizadas por particulares muestran que la señal es deficiente, permitiendo sólo televisión nacional, excluyendo a Unitel por supuesto. Lo peor es que el satélite “está funcionando como una repetidora de televisión china, la única señal clara y potente”.

 En medio de la fanfarria propagandística de que Juan, Sancho, Pedro (falta Martín) han contratado servicios del satélite Túpac Katari, la pregunta del millón para ABE es cómo dar cobertura de Internet al territorio nacional si el artilugio es ciego como un topo. Por de pronto, la conclusión es que la estatizada ENTEL ha contratado por $12 millones de dólares a una firma privada de servicios satelitales para proveer comunicación de voz e Internet, China tiene una repetidora de televisión que transmitirá en alta definición a Sudamérica, y el Gobierno del cambio ha metido otra vez la pata, ¿o las manos en la lata?

Quedan preguntas en el tintero. ¿Estamos con otro escándalo en ciernes? Con anuncios de que adquirirán otro satélite, ¿es el Túpac Katari un cuento chino o una mamada corrupta? Tal vez la única esperanza es el avance tecnológico. Hoy ya se habla de modificar primates con mutaciones genéticas intencionales. Deberían mutar los genes de políticos bolivianos afectos a la corrupción.

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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