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Vive desde hace 21 años dentro de una alcantarilla
Domingo,  9  de Diciembre, 2012
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Ref. Fotografia: A sus 62 años. Miguel junto a su esposa María en uno de sus pasatiempos, la televisión, dentro de su hogar.

Miguel Restrepo vive en un hueco, pero es feliz. Su techo es el piso; su piso, el subsuelo, y sus paredes, cemento. En los 21 años que lleva metiendo su humanidad en un espacio de tres por dos metros, el único problema que ha tenido es el calor que en la noche se encierra y parece que durmiera en una olla express.

Por eso dice que "soy más feliz que el presidente, porque él vive con problemas y yo no". Tiene la voz cansada, no por su edad, 62 años, sino por los rezagos del cigarrillo: "Fumé desde joven, eran hasta tres cajetillas de cigarrillos al día, y marihuana, pero mire ahora las secuelas de la juventud. Yo no volví a probar droga y cuando veo a alguien fumando cigarrillo, lo regaño".

Miguel es de Amagá, pero de niño llegó a Medellín. Probó las drogas y durmió en la calle, en la manga, entre la Regional y la avenida Guayabal, cerca de la calle 24. Un día desocuparon una caja que tenía cables para teléfono y él se metió ahí, su hogar durante más de dos décadas.

La puerta parece la entrada a un submarino. Se llevó una estufita, una cama sencilla, cajas y hasta le metió baldosa al piso y parte de las paredes. Alrededor de la puerta, un hueco de unos 50 centímetros de diámetro, hizo una barrera de cemento para que la lluvia no se le meta. También la cubre con una tapa de plástico y cartones. Parece la entrada a un submarino.

El olor a encierro es penetrante, pero él y su compañera desde hace 5 años, María Helena García, ya están acostumbrados. “¿Por qué no vienen otro día cuando tenga todo organizado?... y les doy tintico", dice ella desde el fondo, acostada en la cama y con pena por el desorden.

En el suelo hay plátanos y fruta en una bolsa, justo al lado de la ropa; un plato de plástico, la estufa y un bidón de agua, la que le regalan cada día en las empresas que le quedan cerca. El espacio es valioso. Cada cosa es necesaria, por eso se ha ganado un lugar en ese pequeño sitio donde no pueden ni ponerse de pie.

Miguel no cambiaría su 'hogar' por una casa. "Si me van a regalar una casa, no la cambio por esto, porque los impuestos me 'comen' la casa y acá no, no pago nada", dice Miguel, quien solo se queja de una lesión en su pecho. "Mire esta costilla", dice mientras señala un hueso salido en su lado derecho. Fue en un accidente hace 16 años, pero, como ahora, no tenía servicio de salud ni plata para que lo atendieran y se quedó así.

Tampoco tiene cédula, aunque le gustaría sacarla para que le den un subsidio y así poder vivir de algo más de lo que gana cuidando carros hasta las 2 de la mañana o de lo que le regalan quienes lo han visto sacando la cabeza.

En su casa no le han robado "porque yo me hago respetar", dice Miguel Restrepo con seriedad. Además, su mascota "Negra" ahuyenta a cualquiera.

Detalles
Con un ventilador combaten el mal olor y el fuerte calor

Caridad. Miguel y su esposa, María García, viven ahora de la caridad de sus vecinos, aunque de vez en cuando le dan trabajo como cuidador de autos.

Olor. Un ventilador les ayuda a soportar el mal olor y el fuerte calor que sufren bajo tierra. No tienen ducha pero llenan cubos con agua para lavarse. Cuando llueve colocan plásticos en la boca de la alcantarilla para evitar que se inunde.

Jardín. Cerca de la alcantarilla crearon un espacio para un pequeño jardín en el que cultivan flores y que ya luce un árbol de Navidad.

Agencia AFP eldia@edadsa.com.bo
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