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Jueves
 20 de Febrero de 2020
OPINION
Mirando de abajo
La Haya en penumbras
Martes,  29 de Septiembre, 2015

Cuesta ser aguafiestas. Es el trabajo menos remunerado con sonrisas y aplausos. Pero sin aguafiestas no existe la realidad. El subcomandante Marcos, en La Realidad, Chiapas, siempre fue eso, desmitificando las aseveraciones del gobierno.

Eclipse de luna. Queda un objeto muy grande, de color naranja casi rojo, en el primer tercio del cielo.

Supongo que la fiesta sigue en Bolivia, que ya muchos se bañaron en el mar, se secaron, y se olvidaron del baño. Ni la salmuera sobre la piel les recuerda eso. Hay la resaca del festejo, claro, y a seguir mamándole a la vida unos pesos y unas pegas, sin importar quién esté arriba, aunque se viva al que lo está y se venere su imagen porque implica supervivencia. Sin ídolos no hay efectivo, y sin efectivo, pan. Qué viva, entonces. Qué muera, bien luego. Muera el antiguo y viva el nuevo. Como contar centavos.

La “victoria” de La Haya ha causado sorna en Chile. Zozobra, un poco, por supuesto, porque habrá que sentarse en sesiones tediosas de décadas para llegar a lo mismo: no mar, negocios. Unos viven un siglo y los rivales otro. Difícil conjugar espacios y tiempos a pesar de Einstein, aunque el científico judío se quedó corto ante los preclaros plurinacionales ya que estos últimos incluso tergiversaron el reloj en uno de los tantos onanismos mediáticos a los que nos someten como tortura psicológica.

Mesa y Rodríguez Veltzé se deslenguaron, extendieron sus largas ansiosas lenguas en busca de un actor, el bienamado Evo, hoy zafiro de medianoche y lucero de la mañana. Después sombra, luna cubierta de oscuridad, oro sin brillo. Inevitable desgracia que sobreviene a todos, hasta al romántico vicepresidente que se aparece en pantalla con poemillas de flores para la esposa que diríamos juega casi todo el año a las escondidas, o que exhorta a niños escolares con boberías acerca de la historia según él. Al menos sabemos que las lenguas presidenciales sirven para mucho más que verborrea;  tienen labor acariciante, tranquilizadora, crema para piel ajena.

Alegrémonos de cosas ciertas, de avances en educación, de aparición de escritores luego de tremenda sequía, de atletas y hasta de coristas. No de ilusiones. Valen, pero no sirven, y el supuesto triunfo en La Haya no sirve para otros fines que personales, sesgados, fatídicos, ladrones intereses.

Me importa más observar lo trágico de las edificaciones escolares en El Alto que toda esta parafernalia política. Allí arriba las escuelas se caen, no hay baños ni bancos. En algunas han instalado pilas justo encima de los urinarios para matar dos pájaros de un tiro. Los estudiantes tienen que meter la nariz, la cara, la cabeza en la meada colectiva para tomar un poco de líquido. Al lavarse las manos el agua que cae limpia los desechos. ¿Es lo máximo a que alcanzan nuestra inventiva e imaginación?

Nada va a cambiar mientras festejemos lo inasible; de esta floripóndica muestra de inteligencia y llunkerío intelectual obtuvimos cero, perder el tiempo como nos gusta, imaginar que no lo perdimos, que somos lo que no somos y los que nos representan son lo que no son. Nos gusta, carajo que sí, porque resulta sencillo. Pensar complica la vida; trabajar, peor.

En Bolivia no hay desempleo. Un pequeño con una caja de dulces que mientras trata de vender mendiga es empleado a tiempo completo para la estadística del poder. El mar ya es nuestro, así en cinco generaciones sigamos tirando piedras al río y no al océano. Cuando tenía 16 recuerdo los encabezados de la prensa: BOLIVIA YA TIENE MAR. Mis 16 se multiplicaron y a pesar que poco me importan las playas y mucho las bañistas, no acabo de verlo, ni atisbarlo, menos olerlo y cocer mariscos en leche con limón.

Más que cautos, seamos honestos. No ganamos nada. Ni pensemos en Chile sino en nosotros porque, como siempre, nos manipulan embaucadores, que vistan como vistan, de rojo o de azul, charlatanes son.