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 14 de Octubre de 2019
OPINION
Tribuna
Seamos sinceros
Jueves,  16 de Junio, 2016

En muchos países, la mayoría de los políticos, algunos malos administradores y aplicadores de la ley en los diversos procesos judiciales, seudos intelectuales, así como algunos periodistas folklóricos que forman parte del poder político y se atan a él tosca e interesadamente y apoyan transitoriamente a los gobernantes y su séquito de malos y buenos colaboradores, deben expresarse con la verdad  y dejar de ser mitómanos empedernidos y demostrar más respeto a los demás miembros de la sociedad, no difamando ni inventando atrocidades y fantasías contra los adversarios de turno, porque genera descrédito y desprecio de la gente.
Muchas veces estos compadres de la mentira, solo mencionan versiones interesadas de unos y otros, tratando de destrozar moral y socialmente a las personas. Ser funcionario público es una noble función de servicio público que deben actuar con conciencia, porque es el principal verdugo de tortura que tenemos internamente y en el accionar de nuestras vidas, desterrando las consignas serviles, camaleónicas y partidarias de los poderes político, económico y mediáticos para sonsacar beneficios personales.

No podemos defraudar al pueblo con mentiras de “Pinocho”. Debemos dedicarnos a gobernar con el sable de la verdad y cumplir con el Plan de Trabajo con el cual se ganó el voto popular sin resentimiento, venganza u odio. Tenemos que fundar un buen presente para sostener un futuro mejor para las nuevas generaciones de seres humanos. No tenemos ningún derecho para arruinar miserablemente el buen nombre de las personas ni de su familia con calumnias, injurias, difamaciones e incluso propalando la memoria del difunto. No hay que ser perseguidores atroces y de rapiña, ni linchar como verdugo y sin un proceso justo y legal a los contrarios. 

El abuso de poder aniquila los sentimientos altruistas y violenta los derechos humanos. En la vida hay que ser lo más justo, solidario y humanista. La mitomanía apesta y desacredita e insulta la razón. Gobernar y ejercer el control de la constitucionalidad aplicando correctamente la ley, es un poder moral extraordinario que goza la persona (autoridad competente y jurisdiccional) porque él dispone de la vida, la libertad, la función judicial, la seguridad, la fe pública, etc.

No debe transgredir la confianza depositada en él porque se constituye en una afrenta degradante y corrupción que destruye las bases democráticas de un país. Hay que revalorizar la aptitud moral de la población para ser dignos en nuestra existencia y en el ocaso de nuestra vida. Tenemos que ser tolerantes, pacifistas y no bravucones que ponen límites despóticos a la libertad.

Hay que buscar la verdad sin las falaces conveniencias y pisoteando los derechos de los demás. Las críticas deben ser justas y verdaderas sin manipular las palabras. Todos tenemos el deber de  conocer las leyes y hacerlas cumplir. Si la mentira en un país determinado se convierte en caldo de cultivo diario, será el portal hacia el autoritarismo y el colapso anunciado del conducto democrático, que hará navegar el barco del Estado a la deriva iniciándose la crisis socioeconómica y política donde unos cuantos sólo serán los que aviesamente toman el poder sobre el dinero del pueblo para utilizarlo en beneficio propio.