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 7 de Diciembre de 2019
OPINION
Tribuna
La cruz es absurda
Domingo,  19 de Junio, 2016

Hoy es el domingo duodécimo del tiempo ordinario. El evangelio está tomado de Lucas 9, 18-24 y la primera lectura de Zacarías 12, 10-11. 13,1. Estas lecturas nos aseguran que la misión que Jesús vino a cumplir, suponía la cruz y también todo el que quiera ser discípulo de Él, ha de asumir su propia cruz. “El que quiera ser mi   discípulo que tome su cruz y me siga”.

El evangelio es sumamente claro en señalar que para ser cristianos –discípulo de Jesús- hay que cargar cada día con la propia cruz. La cruz no se inventa ni se escoge, sino que está ahí, en la vida de cada uno. El cargar con la cruz exige audacia, implica correr un riesgo, como caer doblado bajo su peso. Cargar con la cruz es aceptar el riesgo de la vida, de la propia existencia, lo que significa creer y esperar la felicidad, cuando nos encontremos definitivamente con Dios.

Todos queremos vivir y vivir en plenitud y ser felices. Cristo fue feliz al asumir la cruz y dar cumplimiento a la voluntad del Padre. Él sabe el camino que hay que seguir porque lo recorrió personalmente. Todo el que está sostenido por la fe y por la audacia, puede llegar a la alegría indescriptible de seguir a Jesús, asumiendo la cruz del diario vivir. Aquellos que intentan seguir a Jesús por el camino fácil del confort, el que propone el mundo o la” mundanidad”, como varias veces los ha dicho el papa Francisco,  sentirá la desilusión, la vaciedad en lo más profundo de su interior y hasta la amargura. No estamos hechos para pequeñas satisfacciones. El Vaticano II nos ha dicho que la persona está llamada a vivir en comunión con Dios.

Estamos acostumbrados a ver la cruz –hay quienes no la toleran en lugares públicos- que cuando se nos presenta en la propia vida, no la reconocemos, no la aceptamos como voluntad de Dios para llegar a cumplir la misión trazada por el Señor. Hemos domesticado nuestra propia cruz. Para bastantes cristianos la cruz se ha convertido en un adorno piadoso, artístico y hasta supersticioso. La cruz es necesaria y esencialmente cruel, absurda y mortífera. Sólo desde la fe y el amor, podemos entenderla. Jesús nos dice: “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré”.

Jesús anuncia –es el primer anuncio según san Lucas- la muerte y resurrección, en la que deja bien claro que él no es el mesías político, como los discípulos se estaban imaginando. Él está más cercano al “traspasado” (al crucificado) al que se refiere el profeta Zacarías en la primera lectura de hoy. Cristo fue traspasado en la cruz por la lanza del soldado romano, llamado Longinos en la tradición cristiana.

A la profesión de fe que hicieron los apóstoles en Cristo, siguió el anuncio de la pasión y muerte por parte de Jesús. Este tema no agradó nada a los discípulos. Tampoco no nos gusta a nosotros en nuestros días, porque no acabamos de asimilar el sentido que tiene el dolor, la muerte y la ascesis cristiana en el plan salvador que Dios tiene, para poder vivir a Cristo en nuestra vida. La salvación de la humanidad, según los planes de Dios, pasa por la cruz. El mismo Cristo tuvo que atenerse a la voluntad del Padre de tomar la cruz y dar la vida en ella por toda la humanidad. Por ello, cada vez que veamos la cruz en que murió Cristo, recordemos llenos de admiración y gratitud, las palabras de Zacarías: “mirarán al que traspasaron”.

Los cristianos sabemos – a no ser que seamos unos tremendos despistados- quién es Jesús de Nazaret. No solo creemos que es el Hijo de Dios Padre, el Mesías anunciado y esperado por Israel, el Salvador  de la humanidad, sino que le estamos siguiendo en nuestro caminar cristiano hacia la patria definitiva, el cielo, porque creemos que Él es Dios, igual al Padre y el Espíritu Santo.

Es necesario refrescar constantemente nuestra fe en la divinidad de Cristo, ver también si nuestra vida entera está orientada según la mentalidad de Jesús, si le aceptamos, no solo en lo que tiene como maestro y médico divino, sino también como el Mesías que da la vida eterna al morir en la cruz. Esto costó entenderlo a Pedro y a los otros discípulos. No nos hará mal el preguntarnos: ¿cuál es nuestra actitud ante la cruz de cada día? ¿Estamos salvos ante esa mentalidad de mundanidad que invade todos nuestros ambientes? ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente a tomar en serio la cruz diaria? Por la cruz vamos seguros a la vida verdadera y eterna.