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 15 de Diciembre de 2019
OPINION
Miradas
El sostén de los gobiernos democráticos
Sábado,  19 de Marzo, 2016

La democracia es una forma de vida y de gobierno sustentada en principios básicos como el respeto a las libertades fundamentales, el constante progreso económico, social y cultural de la colectividad. Nelson Mandela, el Líder Sudafricano, luchador inclaudicable, artífice de la expulsión de la segregación racial en busca de la igualdad en su país, expresaba que los líderes mundiales que conducen los Estados u otras organizaciones internacionales, “deben siempre someterse a la ley, independientemente del cargo que ejerzan, buscar la comunión y la paz entre los Estados, dejando al margen el odio, el resentimiento y la crueldad atroz de la venganza, porque crea un círculo vicioso de confrontación y muerte”.

Si la población como elemento central del Estado, tiene un alto índice de aprobación de sus autoridades así como satisfacción personal por las políticas públicas del gobierno, apoyarán preclaramente a los gobiernos respectivos. Si los ciudadanos tienen trabajo, buena alimentación y un salario digno genera estabilidad social. Las personas tienen el derecho político de fiscalización de los actos de función pública de los gobernantes porque el ejercicio del poder es para servir a la gente y no usufructo personal. Así también, observar el respeto al orden existente y tener la permisibilidad y capacidad para participar en el cambio estatal por el derecho soberano que le es innato.

De esta forma, seremos capaces de sostener la democracia y no volver al sectarismo gregario punzante que posteriormente se convierte en el culebrón de los déspotas atávicos. Es verdad, que en toda sociedad habrá fluctuaciones y contradicciones político-culturales pero, aun así, el respeto a las instituciones, la separación de las funciones de los Órganos estatales, la protección de los derechos humanos y la legalidad de las actuaciones públicas son los ejes conductores de todo gobierno democrático.

Por ello, debe crearse una cultura democrática persistente para lograr equilibrio, paz social y desarrollo sostenible de los Estados. El progreso de una cultura democrática debe estar iniciado con una cultura cívica desde la familia, unidades educativas, la iglesia, el grupo del barrio, las universidades, para así tener un cimiento sólido de respeto al derecho propio y de los demás y, el pueblo tenga claro su derecho de participación en la vida pública y la exigencia a los gobiernos respectivos para que cumplan el Plan de gobierno con el cual ganaron las elecciones. 

Los partidos políticos que fungen como gobernantes transitorios, no son dueños de los recursos económicos, ni de la libertad de expresión, ni amos de la gente, sino que son trabajadores públicos-administradores honestos de los impuestos  y demás riquezas para cumplir con lo prometido en la campaña electoral para beneficio de las personas. Jamás debemos olvidar, que los que son elegidos para un cargo público determinado, hemos recibido el apoyo y confianza del elector a través del voto popular. Por lo tanto, el pueblo es custodio y guardián para que las autoridades cumplan perfectamente la función que se les ha encomendado: darle al pueblo lo que necesita, en la medida de las posibilidades y dentro del marco de la legalidad para evitar la rapaz corrupción que hace mucho daño a los Estados. El voto de confianza interpersonal es un baluarte necesario para la vida democrática y la capacidad organizativa y progreso de la sociedad.