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Jueves
 5 de Diciembre de 2019
OPINION
Tribuna
Tarea fundamental de la CIDH
Domingo,  1  de Diciembre, 2019

Le correspondió a nuestra América pronunciarse de manera expresa e incuestionable sobre la protección y defensa de los derechos humanos, como una obligación de los Estados, posición que la llevó a crear en 1959 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como organismo propio de la OEA, encargado de la protección y promoción de los mismos. O sea que de acuerdo con esas funciones, asumió desde entonces la responsabilidad de velar por la vigencia de los derechos fundamentales de la persona en las naciones que componen la OEA. Bajo tales antecedentes – cabe suponerlo así – estuvo en el país una Misión de la mencionada Comisión (CIDH), cuya reciente presencia nos motiva a referirnos al tema y actualizarlo, pues de acuerdo con la versión informativa de la prensa “una misión de la CIDH llegó al país (…) para observar la situación respecto a los derechos humanos en Bolivia, tras los hechos de violencia y después de la renuncia de Evo Morales a la presidencia del Estado” (sic). 

La preocupación nuestra, como seguramente es la de todo ciudadano boliviano, está en que dicha Misión de la OEA tal vez haya realizado una labor incompleta omitiendo conocer hechos o antecedentes que sí, fueron una flagrante violación a los derechos humanos (derecho al sufragio, a la libre expresión, entre otros), situación que se dio cuando el TCP de entonces dictó una resolución para hacer concesiones a un interés sectario en abierto desacato al veredicto popular (21F), que había rechazado la repostulación de los entonces gobernantes (Morales y García Linera),  y, por el contrario, dictar más bien una resolución opuesta no solo a la voluntad popular sino a la Constitución, incurriendo así en claro prevaricato con tal de favorecer la candidatura oficial.

Este hecho es de pleno conocimiento de la opinión pública y lo mencionamos aquí por si acaso la referida Misión de la CIDH no lo hubiera conocido o considerado, pero que en las circunstancias actuales está obligada a hacerlo. Por tanto, resulta oportuno reiterar tal antecedente porque el pasado régimen de gobierno, afectado por un clamor popular que culminó con su renuncia, persiste en manejar la falsa versión de que hubo “golpe de estado”, cuando en realidad –bien lo sabemos – el pueblo boliviano recuperó la democracia apartándose del nocivo grupo de regímenes autoritarios y populistas encabezados por Nicolás Maduro (Venezuela) y Daniel Ortega (Nicaragua). Es así que nuestro país se liberó de la órbita populista para instalarse en el campo de los regímenes democráticos y alejarse de la influencia perniciosa de personajes y gobernantes adictos al sistema totalitario para más bien impulsar una legítima alternabilidad en el ejercicio del poder. En cuanto a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, conviene recordar que su Estatuto es claro, cuando lo define como “un órgano de la Organización de Estados Americanos creado para promover la observancia y la defensa de los derechos humanos…”