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OPINION
Tribuna
Sucia realidad
Lunes,  29 de Junio, 2020

El retorno al poder que quiere el ‘ex’, tiñe de suciedades a Bolivia. Se asemeja a muchas aristas del ‘realismo sucio’ literario, que nada tiene que ver con el ‘realismo mágico’ que vivimos con la ‘insurrección de las pititas’ en octubre-noviembre de 2019.

Esa hazaña civil fue la que hizo huir al ‘ex’ Morales, luego del vergonzoso fraude electoral que montó, el 20 de octubre de aquel año, para quedarse en el poder “toda la vida”. Lo pretende aun hoy, y para eso mueve a sus huestes desde su cómodo asilo político en Buenos Aires, Argentina.

La ambición de poder del cocalero fue el único y verdadero golpe de Estado en Bolivia. Se truncó por aquella pacifica insurrección, de 21 días de paro nacional, más la sublevación policial y la inacción de las FF.AA. Pero huyó con miedo: se lo había pillado con las manos en la masa y con el fraude consumado.

No se trata del ‘realismo sucio’, como se conoce en la literatura el uso de un lenguaje parco, minimalista, seco en adjetivos, ni amables ni rudos, no por ello con narraciones menos intensas. Ese ‘realismo sucio’ describía la cruda realidad de su época*. Sus protagonistas andaban perdidos, agobiados, y se convirtieron, como se los definió, en la representación de un fracasado estilo de vida.

Hoy, a casi ocho meses de la fuga del ‘ex’, en la realidad política actual, agravada por la pandemia COVID 19, su sombra sigue ensuciando la realidad boliviana, como la conspiración en la compra de respiradores, con participación de funcionarios de su régimen, aún en sus cargos.

Al principio, el partido del cocalero y sus militantes quedaron en estado de conmoción: el ’jefazo’ había huido y habían perdido el Poder Ejecutivo. Sin embargo, primó la ingenuidad y quizás otros elementos que desconocemos, de parte de la sociedad política boliviana, y también de la sociedad civil. Nos engolosinamos con su inesperada huida, celebramos un nuevo gobierno presidido por una mujer, Jeanine Añez Chávez, aplaudimos el nuevo Tribunal Electoral y la convocatoria a nuevas elecciones.

¿Por qué no se desmontaron, entonces, los engranajes del fracasado estilo de vida político del cocalero fugado y refugiado, desde donde teje los hilos para su retorno al poder?  ¡Había y hay tanto para abrirle proceso por estafa a la democracia boliviana! No es venganza, es justicia que no se sacia ni con el silencio ni con el olvido. ¿O se pasará a la cuenta del otario el desconocimiento al Referéndum de 2016, que le dijo NO su cuarta reelección? ¿Y también la violación al artículo 168 de la CPE, que admite solo dos elecciones continuas, mientras el cocalero iba por la cuarta?  ¿Quién asume las ‘guillotinas judiciales que asestó a sus oponentes políticos?

Creímos que con su huida, quedaban atrás la antipolítica populista y violenta de los ‘lumpen-intelectuales’ y de las barras bravas, más que movimientos sociales, con sus muertos a cuestas. ¿Quién responde por las muertes de la Calancha, Porvenir, hotel Las Américas, Caranavi, La Guardia, Pan Duro, Montero, Senkata, Sacaba, estas últimas dos con el cocalero ya fugado? ¿Quién hace justicia a la represión que sufrieron los indígenas del Oriente en Chaparina, y los exilios políticos de tantos, entre otros hechos luctuosos?

Desde su asilo, el ‘ex’ maneja los 2/3 del Congreso, hoy Asamblea ‘tranca’, más que legislativa, que obstaculiza las tareas del gobierno constitucional.  De transición sí, como insisten medios de prensa, Fundaciones, el partido del cocalero y algunos políticos que no terminan de comprender que el enemigo de la democracia en Bolivia son Morales y su partido, no la candidatura de la presidente Añez.

Y se deja que el ‘ex’ siga dando golpes a los Poderes del Estado. Acaba de darlo al Poder Judicial, ‘quitándole la confianza’ a la señora que ejercía el cargo de presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, en el que debió estar tres años, pero solo estuvo 6 meses. Fue sustituida por un connotado militante del MAS. Allí se ‘trancarán’ todos los procesos contra el fraude electoral de 2019 y cualesquiera otros por los crímenes cometidos por Morales y sus conmilitones.  El Tribunal Electoral abrió querella por aquel fraude, pero se quedó en lo abstracto: no le puso nombre y apellido. ¿Nos creen idiotas?

Cuando huyó el cocalero en noviembre de 2019, creímos que Bolivia había recuperado el sendero democrático después de 14 años de desprecio al Estado de Derecho, borrada la independencia de poderes, asalto sin cuartel a los Derechos Humanos y rechazo a la convivencia entre diferentes.

Creímos que se había ido para no volver el sucio tiempo de la corrupción que vació las arcas del Estado y tiñó de oscuridad la administración pública.

Creíamos que se soltaban las amarras del socialismo del siglo 21, sus consignas y aires totalitarios arropados desde el Caribe por populistas, chavistas, lulistas, los Fernández y una larga compañía de allende los mares. Todos con sus innegables fracasos sociopolíticos a la vista, como el ‘evismo’.

Cuando huyó el ‘ex’, creímos que Bolivia podía encontrar su camino político plural, productivo, cultural y socialmente inclusivo hacia una democracia con las tres ‘r’: representatividad, reconocimiento, redistribución, amén descentralización y federalismo. ¿Estamos a tiempo todavía? Juntos y unidos podemos.

* Años ‘30, ‘70 y ‘80 del pasado siglo XX.