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OPINION
Tribuna
Permiso para la esperanza
Viernes,  20  de Noviembre, 2020

Frente al estupor por el retorno del Mas y el control que ejerce ya en todos los poderes, pido permiso para la esperanza. 

La Bolivia que una buena parte de la sociedad quería que llegara antes de las elecciones del pasado 18 de octubre 2020, no es la que llegó la noche de aquel día. En realidad, la Bolivia del MAS y Evo Morales no se habían ido. Solo se fue el ‘jefazo’ cocalero y algunos de sus más allegados, el 11 de noviembre de 2019, a raíz de una pacífica insurrección popular, nacida en Santa Cruz, que gravitó en todo el país durante 21 días. 

Hubo otro elemento que poco se menciona: Morales no pudo usar el monopolio de la fuerza, de la que siempre había hecho uso en sus 14 años de gobierno violador de la Constitución, del Estado de Derecho, de los DD.HH, amén de otras violaciones. Ni las FFAA ni la policía se prestaron para reprimir a una juventud y pueblo en franca rebeldía por el fraude electoral de aquel año. Esa ausencia desvirtúa el sonsonete del golpe de Estado que con tanto empeño arguyen Morales, el actual presidente Luis Arce y los nuevos/antiguos funcionarios. Unos y otros ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Igual que sus amistades del Socialismo del siglo XXI, Foro de San Pablo, Puebla y afines. 

Hace algo más de un año, Morales se vio desnudo sin los instrumentos de represión/coacción y tuvo miedo. Su guardia sindical cocalera de Chapare, su santuario, ¿no le daba garantías? ¿Tampoco los ‘narcos’ que andan por allí como Pedro por su casa? Por eso huyó. Al cabo de un año, hoy está detrás de la silla del electo presidente Luis Arce Catacora y como jefe de campaña del MAS para las elecciones de 9 gobernadores, 270 asambleístas departamentales, 337 alcaldes y 2.000concejales en todo el país, en marzo 2021. 

Hay razonables dudas de ir a esas elecciones con un padrón sospechoso y sospechado de estar ‘inflado’ desde 2009 y años sucesivos. Con ese padrón Bolivia votó en octubre pasado, cuando lo real es que ese padrón tuvo incremento de votantes, en esos años, mayor al crecimiento poblacional según denuncias de expertos e investigadores en el tema. 

Sin embargo, y a pesar del padrón inflado para “ganar toda la vida”, que sigue siendo un objetivo del MAS, los resultados de las elecciones 2020 muestran un país fragmentado entre el 55% que obtuvo el masismo, y un 45% que se repartió como ‘piñata’ entre unos candidatos antiMAS. Ninguno con militancia política con raigambre partidaria, sin ideología -que sí existe y vale- sin partidos políticos, ni estructuras orgánicas, ni militancia responsable para cuidar votos en mesas electorales y hacer autocrítica.  No analizaron el proyecto político totalitario del MAS y Morales, con tanto material comprobado durante sus 14 años de rudo ejercicio de poder, y su expresado deseo de partido único.  Totalitarismo político y social, con economía de mercado libre, como China, según el propio Morales. Tampoco pudieron o quisieron construir un frente democrático, o un acuerdo para frenar el retorno del MAS y del jefazo Morales. 

Esos candidatos subestimaron el arraigo del MAS en las masas indígenas de Occidente y su migración al Oriente.  No sopesaron el impacto del discurso del ‘proceso de cambio’, en la creciente clase media, producto, entre otros factores, de la permisividad al contrabando de toda laya, y al narcotráfico. No miraron a las y los pobres, ni a los informales, más golpeados que nunca por la COVID 19 y el confinamiento que impuso la defensa de la vida. 

Bien podría afirmarse que gran parte de ese 55% de votos, responden a la determinante económica en primera instancia, no en última. Creyeron la promesa electoral de Arce, ministro de economía de Morales durante 13 años, y que él podía reeditar la bonanza económica -2009 a 2014- que se atribuye muy campante, sin mencionar que fue gracias a los altos precios de materias primas y obviando que Morales ordenaba el despilfarro y él lo administraba. ¿Tendrá los genes democráticos para erradicar los impulsos de odio y resentimiento que abrigan, y al mismo tiempo, administrar los discursos de concordia del Vice Choquehuanca y su joven ministra de la Presidencia? ¿Podrá lograr un equilibrio entre las diferencias, la diversidad como síntesis de múltiples determinaciones, las distinciones étnicas, culturales y de clase que existen en esta Bolivia pluri, multi, india y mestiza por donde se la mire? 

Sí... pido permiso para la esperanza en la elección de candidatos a alcaldes, concejales, gobernadores y asambleístas. Pido permiso para la unidad política en aras a la sensatez política para preservar los equilibrios regionales, la democracia y la libertad republicanas.  Pido permiso porque, como pensaba Gramsci,  frente al pesimismo de la inteligencia, antepongo el optimismo de la voluntad.

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Susana Seleme
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