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OPINION
Miradas
Para entender y enfrentar la segunda ola
Miércoles,  13  de Enero, 2021

Cuando cuidamos de la salud de un paciente o de una población y el tratamiento no funciona, posiblemente hay algún error y debemos tratar de corregirlo a tiempo. Debo admitir que en mi nota del 10 de noviembre 2020, Covid-19 postelectoral, me equivoqué al afirmar que parecía poco probable una segunda ola en Bolivia. Para explicar mejor reitero parte de esa nota: “Es razonable pensar que la segunda ola que azota a Europa y a los Estados Unidos puede llegar a Bolivia. No obstante, hay datos que indican que es poco probable. Tres semanas después de los comicios vemos que no se ha dado el temido rebrote consecuente de las aglomeraciones… Está claro que las elecciones no han impactado sobre la pandemia y es importante entender este fenómeno”.

Es evidente que la segunda ola ha llegado y debemos entender el mecanismo para aplanar la curva. Además, lo que se ve en las últimas dos semanas indica que esta ola es más acelerada que la primera. Es posible que estemos sufriendo el ataque de la variante británica que se ha anunciado recientemente en Europa. Lamentablemente, en Bolivia no tenemos los medios para investigar la biología molecular del virus de la nueva ola.

La cuarentena rígida se ha relajado gradualmente a partir de fines de agosto y efectivamente la curva ha seguido naturalmente un descenso, generando la esperanza de una solución natural antes de que llegue la vacuna. Se retomaron actividades deportivas (sin víctimas notables), pequeñas reuniones sociales, liberación de las actividades de comercio y restaurantes, turismo interno y viajes al exterior por razones imperiosas. Las elecciones se cumplieron sin afectar el cuadro de la pandemia. Todo parecía bajo control hasta que llegó el mes de diciembre.

Es posible observar cambios de comportamiento en la población que pueden haber generado la segunda ola. Mientras que en el mes de noviembre se reportaba una media móvil de 90 a 100 casos al día en todo el país, exactamente el 1 de diciembre se observó más de 100 casos al día con ascenso gradual y acelerado hasta 2.263 nuevos casos registrados el 8 de enero, cifra nunca alcanzada en la primera ola. Está claro que la cuarentena no era una solución y que la flexibilización no es la causa de esta ola. Entonces ¿dónde está la causa?

Me atrevo a presentar algunas observaciones no comprobadas que coinciden con ese golpe: la llegada del exterior de muchos jóvenes estudiantes aparentemente sanos pero portadores de un equipaje viral invisible. A esto se sumaron las fiestas de graduación, totalmente liberadas de mecanismos de bioseguridad, luego los festejos de fin de año y más aglomeraciones. El pico del día 8 de enero, 15 días después de Navidad, no es mera casualidad.

Es posible que el cambio de actitud y relajamiento de la población, desprendida de cuidados más rigurosos con el uso de barbijos, higiene de las manos y distanciamiento social, tan sencillo como eso, ha despertado al enemigo que parecía adormecido.

Dos factores que no se han estudiado pero podrían certificar esas observaciones son la edad y el extracto social, pero lamentablemente los números oficiales no registran esos datos. Me permito observar también que en poblaciones menos favorecidas, como en El Alto y en el Chapa protección (Evo y sus compañeros nunca usan barbijos), la población no parece tan afectada (por el momento) ni alarmada.

No creo que la vacuna que se promete para marzo sea la solución, puesto que su eficacia de más de 90%, con las mejores marcas, sólo es posible si se mantienen las medidas de bioseguridad y distancia social.

Aclaro que todos los estudios con vacunas han impuesto esas medidas en toda la población estudiada, vacunados y los que reciben placebo, como debe ser todo estudio “doble ciego”, nadie sabe quién recibe la vacuna de verdad hasta que termina el estudio.

Espero que esta información sea útil para que las autoridades y que la población cumpla enérgicamente las medidas necesarias para aplanar la segunda ola. La cuarentena rígida no parece ser una solución. El virus no puede ser eliminado de la naturaleza y debemos aprender a convivir con él para trabajar de manera más segura. La vacuna tiene varias limitaciones y es apenas una solución parcial a largo plazo. ¿Vamos a vacunar a quienes se han recuperado? Nadie habla de eso. Todo depende de una correcta orientación a la población, como el esmero en el uso del barbijo. Llevar las manos descuidadamente a la cara es como pinchar un globo.

Acerca del autor:
Fernando-Patino-Sarcinelli-
Fernando Patiño Sarcinelli
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