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OPINION
Tribuna
Nacionalismo o cooperación internacional
Martes,  12 de Mayo, 2020

Londres.- La COVID-19 en Bolivia  ha desnudado el precario sistema de salud heredado del MAS y la política de apariencia de ayer y de hoy. El gobierno interino también se pone a la defensiva debido a los incontrolables errores que ha cometido para hacer frente a la pandemia, por ejemplo, que no hay equipos médicos de bioseguridad para los trabajadores de la salud, ni camas disponibles en las unidades de cuidados intensivos, ni laboratorios suficientes. La pregunta que muchos se hacen es qué capacidad tienen los hospitales de salud pública para hacer test a las personas con síntomas.  El Ministro de Salud Pública ha declarado que los hospitales están abarrotados. Prueba de ello, el Beni, donde han colapsados. Por otro lado, en Santa Cruz ha subido el número de hospitalizados. Lo que asombra es que no pasan de 6. 000 las pruebas realizadas, en un país que tiene una población de 11  millones de habitantes.

No obstante, con todas sus deficiencias y errores, la señora Jeanine Añez está tratando de llevar adelante el gobierno en medio de la pandemia y los ataques permanentes del MAS. Personalmente, creo que fue un error que ella también se postulara como candidata presidencial en las elecciones cercanas, puesto que es difícil diferenciar la acción del gobierno interino con el de la candidata a la presidencia. Pero así es la naturaleza humana. En las urnas el pueblo decidirá su destino.

Francis Fukuyama, escritor y catedrático de la universidad de Stanford en San Francisco EE. UU, donde enseña ciencia política, expresa su optimismo con respecto al mundo que viene, y ve la pandemia como una gran oportunidad para la humanidad de construir un mundo mejor. A decir de él, la solución a la crisis está en la política sabia y democrática y señala que  es necesario organizar y movilizar a la gente frente a esta enfermedad, pero, en las democracias la gente votará en las urnas por aquellos líderes o lideresas que actuaron con transparencia y eficiencia, con soluciones inmediatas para la salud pública, y  para la recuperación de las economías al salir del pico de contagio.

Sostiene Fukuyama: “La pandemia ha sacado a muchos países democráticos de la complacencia y ha expuesto la necesidad de más y mejor salud pública, de más inversiones en servicios sociales"; y añade que  en algunos países la crisis ha reforzado el autoritarismo.

Sin embargo, no son todos los gobernantes autoritarios los que están saliendo  fortalecidos. La pandemia demuestra la incapacidad del liderazgo populista de Bolsonaro y Trump, por ejemplo. Estos gobernantes no respetan a los científicos. Creen que los intereses privados económicos de unos pocos ricos son más importantes que la salud de la mayoría. El mundo observa consternado la incompetencia de idiotas, frente a políticos claros y dignos, como ha mostrado la ministra alemana, cuya líder es una mujer especializada en ciencias físicas. Sería interesante ver cómo juzgarán los pueblos y Estados de Brasil, EEUU y Alemania a sus respectivos líderes y gobernantes. Queda claro una cosa. No es hora de defender mezquinos intereses locales de grupos, élites y lobbies metidos dentro del carapacho del caracol.

Las distinciones más agudas están pintadas en un claroscuro de dos líneas de política. Por un lado, aquellos pueblos que están solos, sin sistemas de salud, y desprotegidos por políticas de nacionalismo e individualismo, que va batiendo al aire la inhumana idea de "Sálvase quien pueda". Y por otro lado, aquellos pueblos que, en medio de su propio sufrimiento, aplauden a sus líderes y ofrecen sus muestras de solidaridad internacional ante la bestia global que nos azota.

Hoy en día países como Bolivia no tienen los respiradores artificiales, mascarillas faciales, camas y medicamentos para cumplir con los protocolos de protección para los contagiados y para los propios trabajadores de salud.  Ello se debe a dos razones esenciales, la escasa inversión en salud pública por algunos gobernantes del pasado, habiendo priorizado grandes estadios y canchas de fútbol y megaproyectos sin claro beneficio social, y la poca solidaridad internacional de otros, cuyo lema principal ha sido hacer "grandes” a sus propios países.

Ahora, mientras la incertidumbre acecha y el hambre se acerca, la preocupación de la población radica en los tiempos por venir. Al entrar en una fuerte crisis económica mundial, se acrecentarán las diferencias entre ricos y pobres. Esperemos que la lección aprendida por el mundo de este momento histórico es que se requiere un orden de cooperación internacional, de solidaridad y hermandad entre todos los pueblos y países, un mundo realmente fraternal y democrático, en el cual ningún país puede vivir en una urna de cristal. A los gobernantes que no responden al cuestionamiento de su gente, seguramente enfrentarán  el juicio de los ciudadanos  en las próximas elecciones, a la vez, que la gente desbordará con su grito las calles.