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OPINION
Ojo Centinela
Mira a quién pisas cuando subes
Martes,  14  de Enero, 2020

Cada vez estoy convencido que el periodismo es el mejor oficio del mundo, porque entre otras cosas nos permite conocer la naturaleza de las personas y aprender de ellas: de lo bueno y de lo malo y como los historiadores, viajar en el tiempo con ellas.

Por eso tenemos el corazón entrenado para que en una misma jornada podamos darle la mano a un rey o autoridad todopoderosa, al mendigo que no le ha caído una moneda o también a un niño que no habla pero que por medio de su sonrisa nos transmite algo: tal vez el deseo de vivir y ser feliz.

Por eso en blanco, después de tantas vivencias aprendemos que debemos tratar de ser mejores personas en el lugar en el que la vida, el destino o los retos nos pongan. Porque nada es para siempre y porque estamos siendo testigos del circo que montan algunas exautoridades del gobierno de Evo Morales que tratan de victimizarse hablando de vulneración a sus derechos humanos, reclamando algo que no existía cuando estaban empoderadas. 

Y porque han lanzado el grito al cielo luego que el Ministerio de Justicia actual anunciara el proceso penal contra 592 ex autoridades del anterior régimen, cuando ellos “le metieron nomas” como dijo Morales y aprobaron normas como la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz rompiendo el principio de la retroactividad y abriendo la posibilidad de abrir procesos penales hasta contra Caín por haber matado a Abel. Y porque tenemos que analizar cada paso que damos entendiendo que nada es para siempre y como dice este antiguo consejo que siempre debemos estar mirando en cinco direcciones:


1.- Adelante, para saber a dónde nos dirigimos
2.- Detrás, para recordar de dónde venimos
3.- Debajo, para no pisar a nadie.
4.- A los costados, para ver quién o quienes nos acompañan en momentos difíciles.
5.- Arriba, para que sepamos que siempre existe alguien superior a nosotros que nos mira y nos está cuidando.

Dicen pues que hay que mirar a quien uno pisa cuando está subiendo porque se lo va a encontrar cuando está bajando. Bien recuerdo el caso de un Fiscal de Distrito de Santa Cruz que odiaba a los periodistas y nunca quería atendernos, pero que luego por esas cosas de la vida terminó en la cárcel de Palmasola y estando allá enfermó, su madre, su única compañera, rogaba por una entrevista para sensibilizar a las autoridades carcelarias para que lo trasladen a un centro médico, porque estaba a punto de perder una pierna con gangrena. Por eso es que debemos poner a la ética por delante, entendiendo a esta como la rama de la filosofía que toma al bien como el valor principal y que procura, entre otras cosas, la búsqueda de la felicidad.

Por eso me encantó un mensaje del Papa Francisco un fin de año y es bueno repetirlo en este 2020. “Ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones” y no es apenas “conmemorar el suceso, sino aprender lecciones en los fracasos”.

No es apenas tener alegría con los aplausos, sino tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y períodos de crisis”. Frente a tantas teorías el papa Francisco vuelve a insistir que la felicidad la tenemos que construir nosotros en nuestra vida y en la manera de relacionarnos cuando nos dice que “Es tener coraje para oír un “no”.

Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir “me equivoqué.” Es tener la osadía para decir “perdóname.” Es tener sensibilidad para expresar “te necesito.”

Es tener capacidad de decir “te amo”. Y lo último, es buscar a Dios todos los días y agradecerle por habernos dado la vida. Convengamos entonces que la felicidad, definida por el diccionario como el goce total, nunca será plena, pero aprendamos a buscarla en nuestro interior, en nuestro relacionamiento con los otros seres humanos, en los “momentos mágicos”, como dice el escritor brasileño Paulo Coelho. Y sepamos identificar esos momentos mágicos.