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 30 de Marzo de 2020
OPINION
Tribuna
Los que no quieren ver
Domingo,  22 de Marzo, 2020

Ya estamos viviendo la segunda parte de Cuaresma, cuya meta, como todo cristiano sabe, es la Pascua.

Este es un domingo en que la Iglesia insiste en invitarnos a alegrarnos, porque ya estamos más cerca que al principio, cuando el miércoles de ceniza empezamos el itinerario de este tiempo de conversión y purificación. Todos somos pecadores, reconocíamos tanto el miércoles de ceniza como también, el primer domingo de Cuaresma. La oración central de la Eucaristía pide: “…haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales”. Lo hacemos recordando y purificando nuestro bautismo. La Palabra nos invita a revivir la luz de Cristo, de la que participamos todos, desde el precioso y grandioso día de nuestro bautismo.  Esta clave de la luz va a ser también fundamental en la Vigilia Pascual y durante los cincuenta días que duran las celebraciones pascuales.  

Este cuarto domingo de Cuaresma nos presenta en el evangelio de Juan 9,1.6-9. 13-17,34-38, a Jesús dando la vista a un ciego. Al curar al ciego de nacimiento, se presenta como la luz del mundo. Al mismo tiempo, podemos ver en la narración de este milagro, cómo hay personas que se encierran en sí mismas, que prefieren no ver. Se niegan a aceptar la evidencia del milagro que salió de la benevolencia y misericordia de Dios, a través de Jesús. El pueblo lo veía como un milagro, pero no así los jefes religiosos, envidiosos de la fama de Jesús. Estos son los peores ciegos del mundo, “los que no quieren ver” las acciones de salvación que hoy también Dios nos está dando en todo momento. Jesús les advierte claramente: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado…”

Entre el variado repertorio de cantos de nuestras celebraciones litúrgicas cantamos muchas veces: “No podemos caminar con hambre bajo el sol”. Esto es verdad, ¿quién lo duda?  Pero también es verdad que no se puede avanzar en las tinieblas. Necesitamos luz para ver el camino. De lo contrario, no sólo corremos el riesgo de extraviarnos y perder el camino que nos puede conducir hacia dónde queremos ir, sino que podemos estar en verdaderas trampas mortales. Jesús se declara luz del mundo, viene a nosotros a través de tantas formas, sobre todo en la Palabra de Dios.

Aprovechemos esta Cuaresma para reconocer que estamos ciegos, y busquemos la luz de Cristo.

Dejémonos iluminar por Cristo. Dejemos que su verdad y su amor se coman la oscuridad de nuestro vivir mintiéndonos, de nuestro vivir obrando en función del egoísmo y el amor propio. Dejemos que su vida acabe con nuestra muerte; que su presencia venza nuestra soledad. Animemos la llama de la luz-Cristo que el bautismo nos encendió en el fondo del ser. Esta llama se nos muere cuando nos falta la fe, cuando se nos cansa la esperanza, cuando el amor propio se apodera de nosotros y domina nuestros actos. Aunque somos limitados y pecadores, estamos llamados no sólo a ser buenos, sino santos. Que Cristo, luz del mundo, nos queme con su amor.

Sucre, 22 de marzo de 2020