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 24 de Febrero de 2020
OPINION
Miradas
La danza de las sombras
Miércoles,  12  de Febrero, 2020

Así titula  Alcides Arguedas una de sus obras mejor escritas, según la opinión del crítico peruano Luis Alberto Sánchez. Son dos volúmenes en realidad,  y los dos fueron publicados en Barcelona, en 1934. En el primero se lee como subtítulo esta frase que revela  el contenido. “Apuntes sobre cosas, gentes y gentezuelas de la América Española”. En otra página y con acento adolorido, escribe: “Este libro compuesto con fragmentos de mi Diario que nunca se publicará, acaso, lo dedico a mis idolatradas hijas”.

No se sabe cómo concibió la idea de llamarlo así al libro en cuestión. ¿Quiénes son esas sombras? ¿Qué hacen  para parecerse al ajetreo festivo de una danza? La palabra “gentezuelas”, parece que tuviera una intencionalidad sarcástica.  Está en su talante: atormentado y escéptico cruza la vida don Alcides. Como les dolía España a los escritores de la  generación del 98, de modo semejante, aquí le dolía Bolivia al autor de Pueblo enfermo.

Las  sombras de que habla  pueden ser esas gentes a quienes se las  ve corretear,  moverse y  agitarse como  las larvas en la ciénaga; son los candidatos que sueñan ganarse una jugosa dieta en el Parlamento solo por levantar la mano. No es gran trabajo, pero a lo mejor hasta eso les cuesta, porque suelen estar más dormidos que despiertos. “Bolivia es el dichoso país donde la ociosidad se paga y la mediocridad se premia”, como decía Medinaceli hace tiempo.

No obstante la baja reputación, en esa galería de políticos hay algunas figuras interesantes; ahí están los viejos líderes de antaño que, como don Jaime Paz, quieren reivindicar su veteranía. El mago de las finanzas, el hombre de números, frío y sereno, ahora de candidato, vociferó a voz en cuello: “No soy corrupto; no soy ladrón”. ¿Tan rápido se ha contagiado de la fogosidad rabiosa de los caudillos populistas? Su acompañante como Vice es más original todavía. Fue el primer actor en la masacre de Chaparina; representó el papel de “secuestrado”. Mejor descubridor que canciller: aconsejó leer en las arrugas de los abuelos; dijo que las piedras también tienen sexo y que la papalisa es la viagra andina. ¡Estupendo!

Desempeñó por más de un decenio  la  “diplomacia de los pueblos”. Un día se le ocurrió darse un paseo clandestino por la costa del Pacífico, acompañado por una comitiva  oficial. Chile, al descubrirlos, dispuso de inmediato que en adelante ninguna autoridad boliviana ingrese sin visa a los puertos chilenos. Ese fue  el único aporte  significativo que dejó  el canciller del Estado Plurinacional.

Ahora nada raro que sea Vice. Como van las cosas, con los siete binomios que apoyan al MAS, el triunfo de los azules está más asegurado. Mientras  aquellos se fragmentan y ruedan por la pendiente sin rumbo, los otros emprenden una ruta más llana y más expedita. Hasta tienen un jefe de campaña a control remoto. Son más inteligentes.

Esa misma situación  ha debido ver en su tiempo el autor de Raza de bronce, por lo que la metáfora utilizada expresaría   bien la danza de las sombras electorales de hoy. 

El autor es escritor