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Sábado
 19 de Octubre de 2019
OPINION
Tribuna
La candidata y los autos cero kilómetros
Martes,  8 de Octubre, 2019

La semana que ha pasado nos ha traído un poco de frescura a la discusión política, no gracias al señor Chi, cuya propuesta política es en realidad una bocanada excesivamente rancia de cristianismo trasnochado, sino porque se han dado algunos debates que permiten vislumbrar el tipo de actores políticos que están pidiendo nuestro voto.

Rocío Molina, candidata masista al senado por Cochabamba, en un programa de televisión, ha hecho, y con entusiasmo, un proselitismo a la inversa, y es que de seguro que les ha restado votos a los de su tienda política a partir de su triste intervención.

La guapa periodista, quien ya funge de concejal en el municipio de la Llajta, y que muy posiblemente llegará a senadora por su departamento, ha hecho un despliegue de profunda ignorancia en temas económicos.

Decir que los argentinos ahorran en moneda boliviana antes que en dólares norteamericanos, porque la moneda gringa es menos estable que el boliviano, es un exceso no antes escuchado; es una muestra de eso que se tipifica como  ignorancia atrevida. ¿Sabrá la pobre que las reservas bolivianas están en dólares y que, por lo tanto, nuestra moneda depende del valor del dólar? ¿Sabrá la candidata que ni siquiera en Perú se puede conseguir una buena cotización por el boliviano?

Doña Rocío se ha puesto en ridículo sin necesidad de que le hagan una pregunta difícil o que sus contrincantes pongan en evidencia las muchas falencias y contradicciones que tiene el actual gobierno.

Ha llamado la atención también su simplismo al hablar del salario mínimo, que evidentemente ha subido sustancialmente desde los tiempos pre Evo; sin embargo, ella ha olvidado mencionar dos detalles: el aumento del costo de vida en el país, que se come gran parte de ese incremento, y el hecho de que no es una mayoría la que recibe siquiera ese sueldo mínimo; la enorme informalidad que estructura nuestra vida económica es el verdadero escenario de la realidad de los ingresos de los bolivianos, y aclaremos, son normas instauradas por el gobierno, incluido el doble aguinaldo y la imposibilidad de despedir a empleados siguiendo la racionalidad en el manejo de una empresa, lo que ha fomentado  la informalidad.

Lo más sorprendente, absurdo y casi infantil ha sido, sin embargo, la loa que ha hecho la futura senadora a los autos cero kilómetros, que en primer lugar no significan ningún avance, sino más bien una fuga de divisas, y que tiene implicaciones aún más perversas. Los grandes beneficiarios de las políticas del MAS respecto a la prohibición de importación de coches de segunda mano son un puñado de personas que son dueñas de las empresas importadoras y de los bancos que prestan el dinero para esas adquisiciones.

Los más perjudicados son los ciudadanos, mientras más vulnerables peor: los campesinos terminan comprando carros chutos, sin papeles, y por ende, con una propiedad imperfecta; y en la ciudad, los taxistas o minibuseros, quienes muchas veces no son otra cosa que desempleados, o tienen que pagar fuertísimas sumas al banco cada mes, o tienen que mantener sus cacharros porque el recambio es económicamente insostenible.

No deja de ser un sinsentido que los carros de segunda mano sean en Bolivia posiblemente los más caros del mundo. Mientras tanto, cruzar la avenida Mariscal Santa Cruz en La Paz puede hacer desmayar a los más sensibles, porque las chatarras contaminan como siempre o más que antes.

Bolivia no necesita autos cero kilómetros, necesita autos usados en buen estado, que se los pueda importar legalmente y que sean más baratos. Bolivia no necesita la impostura del cacareado vivir bien y una senadora orgullosa de que haya autos nuevos; lo que la patria necesita es gente racional en los cargos importantes y políticas sensatas, algo que, tomando a Rocío Molina como ejemplo, el partido de gobierno no puede ofrecer.