Siguenos en:
Lunes
 17 de Febrero de 2020
OPINION
Tribuna
La cortesía de los encapuchados
Miércoles,  1  de Enero, 2020

En el marco de la espectacular  fuga de Morales, no acabamos  de recoger sorpresas, a cual más interesantes y novedosas, como aquella que  recientemente fue protagonizada por unos encapuchados que, al parecer, tenían la misión de facilitar la huida de las ex autoridades bolivianas, cobijadas en la embajada mexicana. Varios canales de televisión mostraron esa singular “cortesía” de los agentes; también se vio en algún sitio de la residencia al  ex ministro Quintana, el que  quiso hacer de Bolivia – según su  propia declaración - un nuevo Vietnam. 

Por lo visto, en el extranjero aún se halla en cartel la figura mítica  del caudillo del Chapare, ese  lugar misterioso donde se produce  la coca para un destino desconocido. Es posible que sea para la fabricación de la droga, como afirman  algunos cocaleros, entre ellos el mismo personaje  de marras. Afuera no saben que del indiecito indefenso y humilde no queda nada. El poder lo ha transfigurado por completo. Hoy    ostenta más de una docena  de doctorados por honoris causa; el territorio nacional está sembrado de su imagen y de su nombre, la vanidad y egolatría se disputan la preeminencia en su perfil. Hasta  no hace mucho,  casi era un  personaje de leyenda. ¿Cómo no perder el rumbo con tantos halagos interesados?

Por ese  “proceso de cambio” al que acabamos de mencionar, Morales  ha perdido todo contacto con la realidad. El autogolpe fracasado que él planeó,  dice que fue  un golpe contra su gobierno, y atribuye la autoría del mismo  a la senadora que se vio  obligada a asumir el cargo para evitar  el vacío de poder provocado con su renuncia a la presidencia. También es  notoria la actitud  de algunos países que demuestran que la solidaridad en el campo ideológico es mucho más fuerte que en cualquier otro. Existen indicios de que la presunta  “cortesía” de la legación española se   inscribe en ese esquema. 

Como se sabe, un hecho puede recordar a otro en virtud de alguna semejanza, y también por  el contraste.  El incidente en la embajada mexicana recuerda  aquel pasaje del Quijote donde el noble caballero de la Mancha, al  escuchar el nombre de  Álvaro de  Tarfe, se pregunta: “¿Será ese mismo  personaje que aparece en la historia apócrifa de mis gestas? Al responderle aquel afirmativamente, Quijote queda perplejo, estupefacto; siente aflorar en su alma una íntima indignación. “Sin embargo, la cortesía – su irreprochable cortesía – pone mesura en su lengua…”.  Claro que de  entonces han corrido muchos siglos; pero España, en lo que hace a los valores espirituales  no ha cambiado. La cortesía sigue siendo uno de sus mayores  atributos, tanto  más si se trata de la diplomacia. 

Pero aquí en Bolivia hemos vista en esos agentes encapuchados un comportamiento  extraño y  sospechoso. Si España  fuese  la damnificada, no dejaría de sentir  la misma indignación y asombro ante tan descabellada como nada caballeresca actitud. Y es también, esa conducta, algo  que no condice con la  noble y generosa alma española. Y por lo que llevamos mucho de ella en la nuestra,  sentimos  la ofensa por doble partida: por la  misma España  y por  Bolivia. 

El autor es escritor