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OPINION
Tribuna
Elecciones
Martes,  30 de Junio, 2020

Finalmente fue promulgada la ley que llama a elecciones generales el próximo 6 de septiembre, curiosamente la polarización ha movido sus ejes, y en lo que respecta a la fecha, no es ya el MAS contra todos los demás, sino ( casi) todos contra el partido o frente que está gobernando.

Esta variación ha puesto nerviosos a muchos, al extremo de acusar, sin fundamento alguno, a Carlos Mesa y a su partido de ser masistas, o “masistófilos”. La asociación no es inocente, porque ahí de lo que se trata es de ganar electores en las filas de los “masistófobos”. 

La postura de intentar apurar las elecciones puede ser vista como un cálculo electoral, tanto como el querer retrasarlas, y en ese sentido uno podría inclinarse por la idea de retrasarlas hasta que la pandemia haya pasado. De hecho, en circunstancias normales, lo ideal sería posponerlas hasta que eso suceda.

El problema es que no estamos en circunstancias normales, no tenemos un gobierno que tenga toda la legitimidad requerida en momentos de crisis, más allá de que su existencia sea completamente legal. No es normal en una democracia tener un gobierno que no ha salido directamente de las urnas.

El otro problema que tenemos es que precisamente porque la transición fue legal, y no fue un golpe de Estado, como lo quieren ver los obtusos ( y los interesados) de la izquierda del mundo mundial, el Poder Legislativo ha quedado en manos del MAS, y pasa lo mismo con el Poder Judicial. Esto convierte al gobierno actual en un gobierno débil, por más firmeza que quiera demostrar la Primera Madre de la Nación.

De hecho, es indignante que los tramposos reciban ahora del erario nacional la mayor cantidad de dinero para su campaña,  tengo la esperanza de que se pueda hacer algo, legal obviamente, para evitarlo.

Si a eso sumamos los evidentes grandes errores que han sido cometidos por el gobierno, sobre todo en el Ministerio de Salud, casi podemos decir que estamos más que maduros para unas nuevas elecciones.

El peligro de salubridad que pueden tener estas justas no es para ser despreciado, pero para ser minimizado, escoger jurados jóvenes, tratar de poner horarios para que no se formen filas largas, podrían ser parte de las estrategias. Me temo que no tener elecciones podría llevar a problemas mayores de salubridad y de otra índole, por ejemplo económica, y es que un gobierno transitorio no está en condiciones de hacer las modificaciones necesarias para frenar  o siquiera amainar la recesión.

Creo que a estas alturas, el ciudadano sabe qué es lo que quiere. Los unos, quieren que vuelva el MAS, en parte porque se identifican con los símbolos esgrimidos por ese partido, y en parte porque en su memoria automática tal vez esté el bienestar de la época de las vacas gordas, y ahora estén sufriendo la pandemia en sus bolsillos.  Los otros, y son mayoría, y eso no se debe olvidar, quieren ante todo que el MAS no vuelva, algunos por razones inconfesables, pero la mayoría porque detesta el autoritarismo, la perpetuación en el poder, el mal manejo de las cosas del Estado, la falta de transparencia y la impostura.

Esos electores deberían tener clara cuál es la estrategia para asegurarse de que el MAS no vuelva al poder y que tampoco se haga de mayorías en las cámaras de la Asamblea. ¿Estarán las dirigencias políticas del país a la altura de las circunstancias?  Por el momento parece ser que no.

El primer paso creo que es desmontarse de esa anatemización de ir a elecciones en medio de la pandemia; se la puede hacer segura, más allá obviamente de ver las circunstancias, también se podría, en un último, momento cambiar la fecha.

Si se logra un solo candidato en oposición al MAS, tendríamos la única garantía de que los violadores de la Constitución y fraudulentos del pasado inmediato recibirán un castigo, y no podrán volver al poder.