Siguenos en:
Lunes
 30 de Marzo de 2020
OPINION
Enfoques
El coronavirus, una pesadilla que azota a una sociedad vulnerable
Jueves,  26 de Marzo, 2020

El coronavirus nos ha puesto al desnudo. Somos vulnerables y víctimas de nuestro propio desarrollo.

Pensamos que todo lo teníamos bajo control; pero la realidad nos está mostrando que ese virus nos ha
convertido en un manojo de nervios y ha desatado una paranoia colectiva.

Nuestro instrumento moderno de comunicación, denominado "redes sociales", nos ha servido para diseminar ese miedo hasta convertirlo en una pandemia psicótica que ha alcanzado ribetes incontrolables.

Resumiendo: nos hemos convertido en una sociedad que está pagando el precio de haber sobrepasado sus propios límites éticos y morales.

No habían sido las guerras entre supuestos enemigos. Mucho menos los personajes de ciencia ficción con los que crecimos, y a los que consideramos nuestros héroes, los que nos darían seguridad cuando más lo necesitamos. Ahora, cada uno es responsable de sí mismo para evitar el contagio con ese virus coronado que está causando más estragos de lo que nos habíamos imaginado. Aquí y ahora ya nada es producto del
azar.

El virus no es un conejito de ficción sacado de un sombrero de mago, es una realidad. Él es la respuesta a nuestra soberbia, esa soberbia que fuimos utilizando como un arma para destruir nuestro propio hábitat. Nos creíamos omnipotentes, dioses, amos y señores. Nos habíamos olvidado de la humildad y dimos rienda suelta al consumo desmedido para satisfacer nuestros vacíos a costa de nuestro planeta; ese que nos cobija y nos alimenta sin pedirnos nada a cambio.

Si las plantas y los animales pudieran hablar, se reirían en nuestra cara para burlarse de lo débiles y vulnerables que somos. Quién lo diría, nosotros tan seguros de que el desarrollo desmesurado era signo de bienestar, y del cual somos ahora víctimas. Nos habíamos engolosinado hasta el tuétano, pensando que podríamos cometer abusos el tiempo que nos diera la gana; pero la naturaleza es sabia, por vieja y milenaria, y seguramente tiene piedad de nosotros. Cuando llegamos a poblarla, ella ya estaba allí para ofrecernos lo mejor; y nosotros lo único que hicimos fue explotarla despiadadamente hasta llegar al punto en el que estamos.

Pero nunca es tarde y quizás estamos a tiempo. La coyuntura que atravesamos debe llevarnos a la reflexión. El momento de actuar es ahora, es hora de dejar de lado el egoísmo y de abrazar la humildad y la solidaridad. Es tiempo de detener el tsunami de ansiedad y angustia.

La vida debe continuar y los medios propagadores de miedo y psicosis, no pueden imponerse a nuestra racionalidad. Es importante centrarse en acciones concretas y positivas, eliminando las noticias falsas y de fuentes dudosas. Es momento de mostrar solidaridad y afecto con los demás, evitando la estigmatización y discriminación de las personas afectadas.

Todos estamos afligidos, por eso es importante establecer medidas de autocuidado. No se puede minimizar la situación, pero tampoco hay que pensar que estamos al borde de una tragedia.

Las pautas recomendadas por la OMS lo dejan claro: “Protégete y apoya a los demás. Ayudar a otros en un momento de necesidad puede beneficiar tanto a la persona que recibe apoyo, como a quien ayuda.

Debemos buscar hábitos saludables y una rutina que nos ayude a mantener nuestra salud mental”.

En caso de síntomas de ansiedad, hay que aceptar los mismos y tratar de normalizarlos, hablar con gente de tu entorno. Abrirte y socializar tus miedos te ayudarán a salir de ese trance; no debemos olvidar, hay muchos que estarán ahí para escucharte y apoyarte.

Mantener una actitud optimista es de mucha valía. Es importante no pensar en lo peor, hay que pensar en situaciones positivas y tomar como ejemplos las experiencias de la gente que ha logrado curarse. 

La OMS sugiere “amplificar las voces, historias e imágenes positivas de personas locales que han experimentado el contagio con el coronavirus y se han recuperado, o han apoyado a un ser querido a través de la recuperación, y están dispuestos a compartir su experiencia”.

Además, es primordial seguir las pautas de higiene y comportamiento que establecen las autoridades, como lavarse las manos. Ese simple hecho, ayuda a recuperar la sensación de control sobre nuestra vida.

Es primordial actuar frente a la sobreexposición mediática y se recomienda limitar el acceso a la información necesaria: “Es importante evitar aquellas noticias que causan ansiedad o angustia. Es menester buscar información para tomar medidas destinadas a protegerse y proteger a nuestros seres queridos. Hay que evitar las noticias repetitivas. La repetición de noticias sobre un brote en un lugar cualquiera puede causar más angustia de la deseada”.

Las redes sociales y su uso indiscriminado pueden agravar las cosas con un “efecto perjudicial porque contagian esa sensación de miedo y de pánico”. Hay que ser muy cuidadosos con el WhatsApp, porque por
este medio se propagan temores, mentiras y comportamientos que nos alejan de tomar nuestras propias decisiones y empeoran la situación.

Por eso no se debe compartir todo lo que se recibe para no seguir propagando más confusión.

Finalmente, es vital no estigmatizar ni discriminar a las personas afectadas y menos ligar la enfermedad a determinados países, regiones, etnias o colectivos. Es importante el uso adecuado del lenguaje, evitando expresiones como “familias con virus” o "personas infectadas". Lo más importante es tener cuidado con las conductas de rechazo y/o discriminación. El miedo puede dar lugar a comportamientos impulsivos y de rechazo a ciertas personas, eso es algo que ya se ha visto en otras epidemias y pandemias en las que la estigmatización generó situaciones trágicas y solo sirvió para empeorar las cosas.