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OPINION
Clepsidra
Constitucionalicidas
Miércoles,  12  de Febrero, 2020

A medida que una sociedad crece y se desarrolla, crea normas, artes y vocablos que se adapten a ese avance, y los incluye en el diccionario según su función y uso. Es el caso del “feminicidio”, vocablo registrado recién a partir de Diciembre de 2018 en el diccionario de la Real Academia Española, donde lo define como el “asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”. Claros ejemplos vemos en las recientes revelaciones sobre impunidad en los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez en México, que sólo para el año 2012, han sumado más de 700.

Por la razón expuesta, nos hemos permitido rotular este artículo con ese singular adjetivo, especialmente creado y dedicado a esos rábulas que se han entronizado en el Tribunal Constitucional, utilizándolo como una Asamblea Constituyente del pasado gobierno donde, como en una sastrería, se han permitido modificar la Carta Magna, emitiendo fallos y sentencias a la medida y gusto del tirano.

Semejantes estropicios fueron cometidos en esa alta Magistratura, creada originalmente para interpretar y garantizar el cumplimiento de la Constitución Política del Estado empero, nunca para modificarla, como en los hechos lo hicieron y lo hacen aún, hasta el extremo de convertirla en la única Constitución inconstitucional del orbe.

A propósito de las pretensiones del déspota de marras de candidatear al Senado en las próximas elecciones presidenciales, sin la necesidad de ser jurisconsultos, nos permitimos transcribir parte del artículo 149 de la CPE que reza: “Para ser candidata o candidato a la Asamblea Legislativa Plurinacional se requerirá haber residido de forma permanente al menos dos años inmediatamente anteriores a la elección en la circunscripción correspondiente”, requisito que no cumple EMA, y su retorno obedecería más a la lógica de la magistral obra de Dostoievski, “Crimen y Castigo”, donde el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, porque piensa que el delito quedó incompleto, sobre todo cuando se entera que las autoridades están investigando el hecho y se preocupa porque todo lo que haya quedado no lo vincule a él.

Ante dicha disposición indiscutible e incuestionable, resulta ofensivo que se quiera cambiar ahora el término de residencia permanente, por el de intermitente, con la aviesa intención de habilitar a Evo Morales en su obscena pretensión. De prosperar ese cambio bajo dicho eufemismo, más le valiera el de impenitente, por su pertinacia en querer engañarnos, pese a los múltiples cargos judiciales que le debe a la nación.

La reciente marcha del déspota desde la Argentina a Cuba por motivos de salud, como ya lo hizo en Bolivia y también en México, constituye una razón suficiente para inferir que ninguno de estos países cuenta con los médicos, ni el servicio de salud comparables a los de la Isla de la Fantasía Comunista. Asimismo, de este extraño comportamiento colegimos que el postulante a Senador carece de una residencia permanente y su condición ha variado más a una condición de político itinerante, razón más que suficiente para rechazar su candidatura y aclarar a los rábulas del TSC que no delincan en su intento y eviten convertirse, de honorables magistrados, en sicarios constitucionalicidas.