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OPINION
Mirada Muldial
Captura del Estado y rentismo, hombres de la democracia
Viernes,  31 de Julio, 2020

" ¿Diría usted que su país está gobernado por algunos grupos poderosos en su propio beneficio o que está gobernado para el bien de todo el pueblo ?" Esta pregunta del Latinobarómetro , planteada cada año a los latinoamericanos durante la mayor parte del período transcurrido desde 2004, tuvo una respuesta rotunda.

En promedio, el 75% de la población de la región se incló por la primera opción. En la Argentina, las opiniones (73%) están cerca del promedio. Pero en países como Brasily México, que con 97% y 90% encabezan la tabla, esa opinión es casi unánime. También países tradicionalmente incluidos modelos de democracia, como Chile y Uruguay, que además lideran las estadísticas de control de la corrupción en la región, presentan valores del 81% y 75%, respectivamente.

Estos resultados parecerían indicar que no es lo mismo un gobierno que beneficiarios más a ciertos grupos poderosos que un gobierno abiertamente corrupto. La diferencia es de grado, ya que las reglas que facilitan el sesgo sistemático para la obtención de privilegios de rentas o permiten la corrupción manifiesta suponen el previo acceso al mecanismo que hace posible: la captura del Estado. Esta captura se manifiesta de formas variadas e implica el ejercicio de influencia desmedida sobre el proceso de elaboración e implementación de políticas públicas, por parte de una élite que promueve intereses particulares en detrimento del interés general de la sociedad. Como resultado, se resiente la equidad distributiva y se debilitan las bases institucionales de la democracia. Y a pesar de no ser un resultado legítimo.

Una de sus manifestaciones es el rentismo. La politóloga Cristina Zurbriggen, que dedicó un libro a analizar este fenómeno en Uruguay, lo asocia con la concesión estatal de tratamientos cambiarios a las exportaciones, la distribución de divisas exportadas a la importación y, en general, la vigencia de redes rentistas consolidadas y legitimadas por reglas particularistas que han dominado la cultura política del país.

Una breve digresión parece confirmarlo. En 1933, nació en Montevideo un poco conocido club de fútbol.

Cuenta la leyenda que cuando los jóvenes que formaron el cuadro inicial fueron exhortados por un árbitro profesional a realizar una práctica "en serio", les dijo: "¿Alguien trabaja mañana ...?". Ante el silencio general, uno murmuró: "Vivimos de rentas ...". El nombre "Rentistas"

Pero el rentismo es ubicuo. Refiriéndose a México, Hernández López identifica un patrón de comportamiento similar de las élites y la perpetuación de las estructuras que han mantenido históricamente una orientación extractiva que fomenta la desigualdad e imbrica al poder económico con el poder político. Identificar, en tal sentido, una élite empresarial dedicada a la caza de rentas, renuente a la creatividad y la innovación, que se concentra en el poder económico mediante rentas de monopolio en actividades extractivas y financieras, facilitada por sus conexiones con el poder político.

Por su parte, Bresser Pereira, exministro del presidente Fernando Henrique Cardoso, ha señalado el cuasi estancamiento de la economía brasileña desde 1980 se debe en parte a la existencia de poderosos grupos de interés, a la llama "privatizadores del patrimonio público", que no respetan los derechos republicanos ciudadanos, obteniendo privilegios legales: tasas de interés desmedidas, beneficios cambiarios, desgravaciones o exenciones fiscales, concesiones abusivas y subsidios diversos. También incluye entre los apropiadores de renta a altos funcionarios públicos las remuneraciones son mucho mayores que el valor de su trabajo y hasta quienes capturan la naturaleza o el medio ambiente, que es un bien público por antonomasia.

La apropiación del Estado y el rentismo han sido, también, rasgos característicos de las relaciones entre economía y política en la Argentina. Ya en el siglo XIX, la burguesía exportadora local, que integraba todas las comisiones gubernamentales en las que se elaboraban las políticas fiscales, conseguía que la recaudación aduanera gravara casi exclusivamente las importaciones, y no las exportaciones, lo cual le ganó acumular la enorme renta diferencial que generaba la economía pampeana. Durante el menemismo, las evidencias de captura de los entes reguladores por parte de las empresas privatizadas que debían auditar fueron registradas hasta en trabajos financiados por el Banco Mundial.

De hecho, todos los gobiernos argentinos sufrieron situaciones de captura, gracias al activo y cómplice acompañamiento de sus responsables políticos o pese a su militante y frustrante empeño por evitarlas. Solo desde el regreso de la democracia se dispuso media docena de blancos de capitales, que con distintos eufemismos en su denominación, intentaron disimular su origen espurio; y en estos días, contempla la adopción de un séptimo perdón tributario. Regímenes de promoción que implicaron importantes transferencias de recursos, terminaron generando las famosas "industrias con ruedas". El jubileo dispuesto después de 2001 a través de la pesificación de pasivos implicó de hecho una licitación de deudas bancarias y una brutal redistribución de ingresos en favor de los sectores económicos más poderosos. Los sistemas de compras,

Pero no solo los sectores económicos son beneficiarios de la captura estatal. La dilación indefinida de causas judiciales permite que los combustibles legales y corporaciones judiciales impidan el procesamiento de presidentes, ministros o jueces, con causas no cerradas o denuncias penales, que pueden continuar su carrera política o jubilación, cobrando dietas o jubilaciones astronómicas. Funcionarios al servicio de agencias estatales seleccionan pueden percibir salarios tres o cuatro veces superiores a los recibidos por sus pares en organismos condenados a escalafones más escuálidos. O generosos "retiros voluntarios" premian los servicios de quienes, muchas veces, egresan por la puerta del Estado y regresan por la ventana amparados por otras formas de contratación.

Con diferentes matices, los latinoamericanos vivimos en democracias capturadas, donde mantener los privilegios de unos pocos, se ha echado mano a cualquier recurso que haya permitido obtener ese resultado: campañas mediáticas manipuladas, "puerta giratoria" entre cargos públicos y privados, conversión de controles extraordinarios en ordinarios, regulación del financiamiento partidario, actividades de cabildeo o lobbying, velo "técnico" de decisiones políticas políticas, judicialización para el retraso o bloqueo de normas fiscales, movilizaciones sociales para forzar políticas inequitativas, u otros mecanismos casi indistinguibles de auténticas prácticas corruptas , como el uso de paraísos fiscales, el soborno, los conflictos de interés y el tráfico de influencias.

La pandemia ahondó, y puso más en evidencia, las profundas desigualdades que caracterizan la estructura social en América Latina. A las grietas afectadas, ya las que se han abierto, a las que se suman y colocar, bajo un foco más potente, las amparadas y disimuladas por su "legalidad", dividir a los ciudadanos entre los apropiadores del Estado y los damnificados por su captura.

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Oscar--Oszlak-
Oscar Oszlak
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