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OPINION
Tribuna
Asalto al Capitolio de Estados Unidos
Miércoles,  13  de Enero, 2021

L a democracia estadounidense sigue en pie.  Se eclipsa el trumpismo con el advenimiento de un político más sensato que siga la normalidad histórica. Ese es el presidente electo, Joe Biden, quien, a partir del próximo 20 de enero, dictará el rumbo de la política estadounidense. Promete restablecer una especie de ordenamiento en las relaciones con América Latina. Ello probablemente tendrá un efecto benéfico en algunos aspectos como las relaciones diplomáticas y comerciales. Además, se espera el dialogo, en lugar de la hostilidad; la cooperación en temas como migración y narcotráfico, en lugar de la imposición; y la solidaridad, en lugar del populismo y medida anti ambientalista. 

Si bien hemos visto un repunte de la llamada izquierda en algunos países como Bolivia o como podría ocurrir en el Ecuador, se trata de una izquierda diferente a las épocas anteriores en tanto que los contextos son distintos. La juventud tiene ideas diferentes y está inmiscuida en la tecnología, pero también reconoce la necesidad de los cambios estructurales, como una administración pública competente, transparente y al servicio a sus poblaciones, como ha ocurrido en varios países latinoamericanos, tales como Chile, Costa Rica y Uruguay. 

Trump ha legado a los Estados Unidos un tenebroso historial que atenta contra su imagen democrática. Ha revelado sus problemas internos, la injusticia y el dominio de un pequeño círculo de ricos poderosos.

A decir de Jon Lee Anderson, en su artículo en El País “Estamos en una era de protesta y exasperación, pero no de empuñar armas contra el poder”. El 6 de enero como regalo del día de los Reyes, un grupo de republicanos extremistas asaltó el Capitolio de Estados Unidos en una aventura sin precedentes desde 1820, cuando los ingleses protagonizaron un acontecimiento similar. El mundo quedó sorprendido que tal acontecimiento ocurriera en el corazón del Imperio más grande que ha conocido la humanidad. Seis fallecidos, varios heridos y más de 50 detenidos fue el saldo. 

Trump se portó como el arquetipo del americano fascista, feo, matón, racista, homofóbico, y transaccional, en el sentido de que solo le importa  su persona e imagen, no la situación general de su país. En este sentido, comparte algo con otros supuestos lideres autoritarios de la región, y sus acciones los han potenciado. 

Trump violó la Constitución de los Estados Unidos y provocó una calamidad, en medio de otras crisis en el país como la Pandemia de la COVID-19. Todos debemos apoyar la libertad, incluyendo la libertad de expresión. Sin embargo, la cantidad de muertes e infectados por el Coronavirus en EE. UU. crece cada día.

El comportamiento y las palabras del Trump, a través del uso de las redes sociales, han animado grupos de ciudadanos no solo a actos violentos, sino también a negarse a utilizar el barbijo o mascarilla, a circular falsa información en contra de la vacuna, y hacer lo que le venga en gana, contagiando así a los demás y violando los derechos de protección de la salud del ciudadano común. 

Su estrategia tendrá consecuencias para la posteridad. Está por verse, si con el asalto al Capitolio comienza una guerra civil, de proliferación de la tendencia fascista con la difusión de información falsa, o si pavimentó el camino a una tendencia más digna donde se habla con la verdad, que el traspaso de la presidencia a Biden fluya con naturalidad por la vía democrática. 

Con el asalto al Capitolio, Trump se ha quedado solo. Twitter y Facebook le cortaron las alas, los lobbies comienzan a darle la espalda en tanto que no quieren a nadie por encima de ellos, y su reelección en 2024 corre peligro. Por otra parte, se prepara un empichment, que seguramente llegará tarde, pero oscurecerá el desarrollo del mito del trumpismo que se esperaba. 

 El ataque al Congreso puede generar el primer cismo significativo en el Partido Republicano en estos  cuatro últimos años. Varios son los funcionarios de su gobierno que han renunciado poco después de los acontecimientos. El mundo ha criticado profundamente el asalto al Congreso y lo ha considerado como acto censurable y de terrorismo domestico.

Después de los cristales rotos del capitolio esperamos que todo vuelva al orden y la derrota de Trump resultará más aplastante de lo que hubiese sido sin la parodia violenta que montó. Al final la acción del golpe fascista quedó a medio camino. 

Los latinoamericanos, con Joe Biden, sabrán dónde situarse respecto de las políticas norteamericanas, sean positivas o criticables, pero al menos dentro de una convención o una ortodoxia reconocida. Todos nos sentimos sacudidos, hostigados, dañados y algo traumatizados por el paso de Trump. 

Hoy en día, Estados Unidos, con más de dos siglos de democracia a sus espaldas, tiene por delante un gigantesco reto: lograr la convivencia entre la gran diversidad, acentuada por la epidemia de la COVID-19, y manejar inteligentemente la polarización de su sociedad.

Acerca del autor:
Juan-Burgos--Barrero
Juan Burgos Barrero
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