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OPINION
Tribuna
Algunos puntos de vista
Martes,  12  de Febrero, 2019

El ser humano es una existencia dotada de razón, conciencia, parte del cielo estrellado y del lodo de la tierra, además de voluntad y razón. Es el centro de la creación en el planeta, un poco inferior a los ángeles según el rey David, pero superior a todas las bestias dotadas de vida. Sin embargo, es el propio enemigo del mismo hombre y del ecosistema sobre el cual vive y proyecta su destino. La humanidad no se siente segura por: 1) La convulsión de la naturaleza a través de cataclismos en escala sucesiva que ocurren en diversas partes del mundo. El calentamiento global, la sequía y las inundaciones a gran escala.

2) Por la destrucción de los pulmones verdes y deforestación que provocan zonas áridas no cultivables y que obligan a migraciones forzosas, muchas veces rechazadas por los habitantes de otros países por los diversos problemas socioeconómicos que se generan. Pero tampoco podemos ser toscos y no dar un ápice de solidaridad al necesitado. Es verdad, que a veces las migraciones en varios Estados surge por las luchas internas y las políticas de hambruna de sus propios gobiernos trogloditas.

3) Por la miseria y pobreza extrema, que es un caldo de cultivo para las enfermedades orgánicas por la falta de alimentación balanceada como por ejemplo la temida tuberculosis.

4) Por la trata de personas con fines lascivos esclavizantes y lucrativos. Este delito se ha hecho común y lo fortalece el mal uso de las redes sociales, ya que se conoce y relaciona con los autores del hecho punible.

5) Por las guerras y amenazas de guerra con las armas más sofisticadas de destrucción masiva inventadas por la maldad del ser humano y la búsqueda del dominio mundial territorial, la economía, el agua dulce, etc.

Esta nefasta realidad, la hace el ser humano por el no temor a Dios.

6) Por la pobreza moral y ética del ser humano que se degrada a lo más bajo, pérfido y ruin capaz de atacar a su propia sangre sin el más mínimo remordimiento. Hoy vemos este sacrílego comportamiento luceferino donde hijos se apropian con argucias delictivas de los bienes de sus padres ancianos y, los expulsan a vagar por las calles y dormir arrimado a un “cerco de cuguchi”. Los pobres ancianos se ven obligados a mendigar para poder subsistir. El látigo de castigo entre los esposos y la trágica muerte de uno de ellos o de ambos.

7) La corrupción, que enriquece ilícitamente a algunos malos funcionarios públicos, que cercena las obras públicas de bien social y convierte el ejercicio público en una hacienda y prostíbulo corruptivo para beneficio propio en desmedro del pueblo pujante y trabajador.

8) La mala formación académica en las unidades educativas y universidades que trafican con la educación porque la han vuelto en un comercio porque el estudiante se convierte en cliente. Esto hace que el academicismo y buena formación profesional se haga pedazos. Recientemente se ha firmado un convenio entre la FCJPSRRII de la UAGRM y autoridades de gobierno para abrir la Carrera de Derecho en el Centro de Rehabilitación “Palmasola”, pero los internos tienen que cumplir ciertos requisitos para ingresar y estudiar, porque si no será discriminación contra el gran contingente de bachilleres que no pueden ingresar a la Universidad por la reprobación del examen de ingreso. (Considero que en las cárceles debe crearse más carreras técnicas para cumplir con su terapia ocupacional).

Una sociedad honorable se forma con la exigencia, responsabilidad y esfuerzo de su capital humano. Debe estar más relacionada la enseñanza que se imparte en los colegios con las universidades, y no el divorcio que existe actualmente entre dichas instituciones. Con lástima al “dejar hacer y dejar pasar”, hace que formemos gánster profesionales que no valorarán su profesión. Y, lo que más se valora en la vida, es lo que hemos obtenido con esfuerzo y dedicación plena. La falla está desde los cimientos educativos porque se encandila el facilismo anacrónico y la irresponsabilidad personal.

9) El ser humano no puede quedar impávido y en quietismo absoluto ante el desastre ecológico presente. Tenemos que rebelarnos ante los grupos de poder que no les interesa el futuro estable de las nuevas generaciones. Sólo viven el presente, carcomen el ecosistema, se enriquecen furtivamente, viven como reyes, mientras el pueblo vive de las miserias y de sus esperanzas.

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Pablo Gutiérrez Urgel
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