Siguenos en:
Sábado
 22 de Septiembre de 2018
OPINION
Tribuna
'Un don para toda la Vida'
Martes,  11 de Septiembre, 2018

El “territorio libre de analfabetismo” según la UNESCO es donde la tasa de analfabetismo no es mayor a cuatro por ciento. En 2017, la UNESCO incluyó a Bolivia entre los países libres de analfabetismo. En ese año, según el representante del Ministerio de Educación, en Bolivia, la tasa de analfabetismo fue de 2,7 por ciento, la más baja en la historia del país, “tenemos un promedio de 260 mil personas que aún son analfabetas y que tienen dos rostros: uno de mujer y el otro de adulto  mayor... de cada tres personas analfabetas que hay en Bolivia, dos son adultos mayores y mujeres, lo son porque han sido excluidos del sistema educativo y que sólo el 1 por ciento de la población de 15 a 35 años no sabe leer”. (Los Tiempos, 9/9/2017).

Por su parte, CNN en 2018 aclaró que el 2,7% coincide con la tasa de alfabetismo para la población urbana reportada en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012. Hay que apreciar los esfuerzos de Bolivia de tener un territorio libre de analfabetismo, ya que todavía varios países latinoamericanos no están en esta categoría; por ejemplo, la tasa en el año 2017 en Chile fue 4,28%, en Paraguay, 5,4%, en México, 7,2, en El Salvador, 11,8%, en Brasil, 14,05% y en Guatemala, 23,2%. (Fuente CEPAL-UNESCO).

Dado que la tasa de analfabetismo representa el grado de desarrollo educativo de un país y de su nivel de equidad e inclusión social, particularmente de la población campesina-indígena y mujeres, es admirable el esfuerzo de nuestro gobierno de implementar el proyecto nacional de alfabetización según el método “Yo, Sí Puedo”.

Creo es oportuno mencionar con orgullo que el origen del método “Yo, sí puedo”,  inclusive el nombre del programa -según el autor de este artículo -podrían haber sido inspirados por el material y el método de “Yo Puedo”, un programa de alfabetización de la Universidad Nur, lo que por más de dos décadas estuvo en ejecución en el país,  inclusive en dos departamentos con los fondos de la UNESCO.

De cualquier modo, el proyecto “Yo, Sí Puedo” tendría mayor éxito si su implementación fuera apoyada con nuevas actitudes hacia los analfabetos, no sólo de parte de los facilitadores y participantes, sino de sus parientes y vecinos, los profesionales e intelectuales, las autoridades y los que crean la opinión pública.

El concepto de que el grado de la erudición y el conocimiento está relacionado necesariamente con el nivel de escolaridad nos ha llevado a creer erróneamente, advierte  Shoghi Effendi, “que el hecho de que la gente sea analfabeta o viva de manera primitiva significa que le falta inteligencia o sensibilidad”. La sabiduría y el saber de un pueblo deben ser apreciados aun sin la instrucción formal. Este criterio, obviamente, no niega de ninguna manera la importancia de la educación e instrucción como el factor principal de desarrollo de los pueblos.

En la actualidad muchas organizaciones sin fines de lucro colaboran con la ONU a cumplir los “Objetivos del Desarrollo Sostenible” en temas de igualdad de género y la alfabetización; entre ellas se puede mencionar a Alfalit, una entidad religiosa que ha ayudado a más de ocho millones de personas a aprender a leer y escribir. Asimismo, Rotary Internacional, una organización apolítica y arreligiosa, que incluye a los proyectos de alfabetización entre sus seis áreas principales de acción e instruye a sus 1,2 millones de miembros a dedicar el mes de septiembre a esta noble causa. Desde hace veinte años realiza un programa de alfabetización en Guatemala, gracias al apoyo de 480 clubes rotarios del exterior como Japón e Inglaterra y los del mismo país. “Cuando enseñamos a leer a una persona”, dice Mark Wilson, socio de un club rotario, “le damos un don para toda la vida que se filtra en la comunidad entera”.  ( http://litrag.org)

En 2016, según UNESCO, un número considerable de los iletrados a nivel mundial fueron mujeres. Ellas representaban dos tercios de un  total de 775 millones de analfabetos en el mundo. Tomando en cuenta que estos datos, con poca variación todavía se mantienen, hay que recalcar que  la educación y alfabetización de la mujer no sólo influye positivamente sobre la educación y la escolaridad de los niños y bienestar del hogar, sino según varias investigaciones, reduce la tasa de mortalidad materno-infantil, y es uno de los pocos factores que generan una poderosa influencia para que ella desarrolle su habilidad para controlar su medio ambiente y contribuir a la economía.

Por lo tanto, las políticas con respecto a la alfabetización y educación, ante la eventual escasez de recursos, deben dar mayor preferencia a la mujer que al hombre, ya que ella, fuera de cualquier consideración económica o de salud, es la primera educadora de nuevas generaciones. 

*El autor es miembro de PEN Bolivia y El Rotary Club Amboró

Acerca del autor:
Manoucher-Shoaie-
Manoucher Shoaie
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día